2 de noviembre de 2006

*DESCOMPLICADA


La necesidad creciente de ofrecer a los castellanohablantes unas pautas para el conocimiento y el buen uso del código de la lengua justifica por sí sola la aparición de libros como La gramática descomplicada (Ed. Taurus), recién salido del horno de Álex Grijelmo. Buen divulgador de las cosas del idioma, Grijelmo hace suyo el principio de «enseñar deleitando» que ya aplicó a apreciables títulos suyos anteriores como Defensa apasionada del idioma español o La seducción de las palabras. Ahora bien, la amenidad no puede servir siempre de patrón de medida para explicar las cosas. La gramática castellana es complicada per se. Y contentos deberíamos estar al compararla con la de otras lenguas con códigos mucho más diabólicos, frente a las cuales parece cosa de niños. Es algo aventurado pretender, como hace Grijelmo, que suprimiendo unos cuantos tecnicismos filológicos la hacemos más accesible. Y la osadía raya el disparate cuando, en lugar de ofrecer la definición rigurosa de los fenómenos gramaticales, el autor recurre a símiles un tanto pueriles: los pronombres son personajes que «desean ir de incógnito de por la vida». Los acentos, «multas impuestas por los agentes de policía de la lengua a las palabras que incumplen las leyes». La oración es un tren y el verbo su locomotora. Valdrían como recursos didácticos... si sirvieran para entender la gramática y no para embarullarla más con explicaciones estrafalarias. Así se entiende que, en vez de decir «simplificada», el autor haya optado por «descomplicada», raro vocablo que ni siquiera aparece en el diccionario.

(Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de 'El Correo', 1.11.06)

1 comentario:

Lucía Martínez Odriozola dijo...

Yo también tuve la impresión de que se iba un poco. Pero hasta ahora no lo había percibido con intensidad. No obstante, acabaré de leerlo.