22.4.08
16.4.08
*USUARIADO
Los partidarios del «lenguaje neutro» proponen, entre otras fórmulas, la sustitución de los términos masculinos o femeninos por nombres colectivos que engloban ambos sexos. Así los ciudadanos pasan a ser «la ciudadanía», los trabajadores «la plantilla» y los profesores «el profesorado». A primera vista parece un procedimiento sencillo y razonable, sin duda más adecuado que los pesados desdoblamientos «ciudadanos y ciudadanas» o los forzados recursos tipográficos al uso como la barra duplicadora de «ciudadanos/as» o el signo de la arroba en «ciudadan@s». Junto a su indiscutible efecto salomónico —decir «la audiencia» dispensa de distinguir entre «espectadores» y «espectadoras»― está la razón gramatical, que reconoce sin reservas esta clase de nombres. Pero la semántica, por el contrario, no admite de buen grado todo cambio de sustantivos individuales por colectivos: dicen cosas distintas. En cualquiera de sus variantes morfológicas de género y número, el término «ciudadano» implica una consideración del sujeto como individuo particular que se esfuma en la masa informe y anónima de «ciudadanía». «Clientela» es un término sociológico, de mercado; «los clientes» son seres de carne y hueso, tengan o no razón cuando discuten con los tenderos. Es algo en lo que parecen no haber reparado los desfacedores de tuertos sexistas, tan obsesionados con la neutralidad que incluso crean neologismos al efecto. El último que ha llegado a nuestros oídos es «usuariado» (alternativa de «usuarios»). Aunque no lo crean, puede encontrarse en una voluntariosa «Guía rápida para un lenguaje no sexista» que reside en la Internet. Sin comentarios.
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14.4.08
AFICIONADO PROFESIONAL
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11.4.08
Diccionarios
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8.4.08
Coloquialismo
La creciente manía de informar mediante giros coloquiales y expresiones metafóricas. Una tendencia muy creativa, si no fuera porque el lector busca algo lo más parecido posible a la objetividad.
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7.4.08
ENCHUFAR
Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 5.4.08.
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1.4.08
Persona
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Spanish Ortography
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29.3.08
No dejes que la gramática te estropee un buen titular
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27.3.08
LA ROJA
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26.3.08
El guionista conversador
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23.3.08
Aciago finde
No ha estado muy afortunada la edición digital de El País en sus informaciones del fin de Semana Santa. De entrada, la tarde del sábado informó de un crimen machista de esta manera:
Parece ser que el asesino, contra la orden de alejamiento que pesaba sobre él, residía en el domicilio de la víctima. Es decir, se alojaba en su casa. Pero eso no autoriza a hablar de orden de «alojamiento», que se sepa.
Y el día siguiente, domingo, de nuevo los cronómetros se le atragantaron al redactor de turno, que esta vez confundió la unidad segundo con el minuto:
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CHIQUILICUATRO
Si hiciéramos entre los jóvenes una encuesta acerca del origen del término «chiquilicuatre», muy pocos serían los que pusieran en duda su creación reciente. La mayoría de televidentes de menor edad considera que es una voz inventada por los guionistas, un vocablo artificial fabricado con el exclusivo fin de poner nombre a un personaje de ficción encumbrado a fenómeno mediático. Pero «chiquilicuatre» (como su igual «chiquilicuatro», en mayor proporción) tiene una larga vida. Unos doscientos años, por lo menos. El adjetivo ya se puede ver escrito en descripciones de Galdós y de Valera, o en diálogos de sainetes populares inspirados en el habla del siglo XIX, siempre con el significado despectivo que todavía conserva: «hombre informal y de poca importancia, zascandil, mequetrefe». Es lo que también reflejan términos como «enredador», «pelafustán» o «chisgarabís», sepultados bajo el polvo del tiempo. Tanto «chiquilicuatro» como «chisgarabís» y «mequetrefe» añadían en principio una referencia de aspecto corporal («de cuerpo pequeño y de escasa estatura») hoy desaparecida o atenuada. El caso es que a la hechura paródica del personaje de marras (lo que hoy llamaríamos un «friqui», en lenguaje más reciente) el nombre de «Chiquilicuatre» le cuadra a la perfección, aunque haya mudado la ortografía de la palabra al introducirle una k de estética pongamos que desenfadada. Bienvenidos sean pues los desvaríos de la subcultura televisiva si al menos sirven para resucitar palabras muertas o avivar otras en riesgo de extinción.
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18.3.08
Embriaguez pasional
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17.3.08
Seis palabras
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12.3.08
Camionaria
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11.3.08
Adjetivos
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10.3.08
Fedspeak
(Alan Greenspan, en sus buenos tiempos como Director de la Reserva Federal de los Estados Unidos)
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4.3.08
TIEMPO DE MURMURACIONES
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1.3.08
ACTOR DE REPARTO
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26.2.08
POR EL FORRO
Son dos las locuciones del español coloquial que contienen la palabra «forro». La una, «ni por el forro», es lo mismo que «en absoluto», «en modo alguno», «de ninguna manera», e indica principalmente alguna forma de limitación o de dificultad extrema para llegar a algo: «Ese no se saca el carné ni por el forro»; «¿Crees que es capaz de leer un libro? Ni por el forro». La otra acompaña al verbo «pasar» en forma pronominal. Pasarse algo por el forro significa dar a una cosa poca importancia, despreciarla, no tenerla en consideración («Tus consejos me los paso por el forro», «El alcalde se pasa la ley por el forro»). En este segundo caso, el forro no es el recubrimiento interior de algunas prendas de vestir, sino la capa exterior que protege un determinado órgano corporal. O sea, el escroto. Para evitar la expresión completa y más descarnada de «pasarse por el forro de los cojones» el castellano omite el complemento pero manteniendo la descripción del acto figurado mediante el que se muestra desprecio hacia aquello que hacemos pasar por nuestras partes pudendas. En el mismo sentido actúa la expresión «pasarse por el arco del triunfo», de un refinamiento eufemístico quizá más rebuscado. Esta mezcla de expresividad y recato es lo que quizá justifique el cruce, un tanto surrealista, que conduce a «pasarse por el forro del triunfo», como decía hace poco un tertuliano radiofónico refiriéndose a la actitud de la ministra de Fomento respecto a una moción del Senado. Claro que también hay entrenadores de fútbol que aseguran estar «hasta el forro de las narices» de los árbitros. Muy grande tiene que ser su enfado para llegar a tanto.
Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 9.2.08.
José María Romera
9 febrero 2008
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Berceo
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12.2.08
La RAE y los SMS
Acaba de anunciar la Real Academia Española su intención de elaborar una tabla de abreviaturas para los mensajes enviados mediante los teléfonos móviles. Como «la RAE tiene conciencia de que la lengua es del pueblo y es callejera [sic]», en palabras del director de la Institución, los sabios del idioma han decidido dar carta de naturaleza a la ininteligible jerigonza de los SMS (‘Short Message Service’ o servicio de mensajes cortos). ¿Qué objetivo puede perseguir semejante ocurrencia? La escritura de los mensajes en pantalla es una cosa espontánea y privada sin más normas que las de la urgencia y la economía. Los muchachos emplean sus abreviaturas —cada cual la suya—, sus ‘emoticones’, sus signos particulares al buen tuntún, inspirados únicamente por el deseo de escribir rápido y de aprovechar al máximo el número de caracteres que les permiten las tarifas del proveedor y las características de cada aparato. Sus códigos se mueven entre la anarquía y la norma tácita instaurada por la costumbre, y así consiguen cierta eficacia. No hay necesidad alguna de intervenir sobre ellos, salvo para advertir que no deben emplearse en otras situaciones o ámbitos de la comunicación. Hay que ser ilusos para imaginar a los usuarios de SMS consultando la tabla académica. Si la Academia lleva adelante su propósito de fijar una lista de abreviaturas para esta clase de mensajes, sólo logrará un efecto perverso: hacer creer a los jóvenes que sus xq, mñn, ktal, kdms? y salu2 tienen licencia de uso en exámenes, cartas o documentos escritos. ¿Cómo se escribirá la abreviatura de «insensatez» en SMS?
Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 2.2.08.
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