Las palabras de la tribu
21 de mayo de 2013
10 de mayo de 2013
25 de abril de 2013
Lenguaje colateral
«Hubo un tiro en la garganta». La
construcción impersonal lleva a las palabras al limbo de la asepsia. Hasta ahora los tiros los
disparaba alguien (sujeto) y los recibía alguien (complemento indirecto): A disparó un tiro a B. Así funciona la
sintaxis. Pero esta vez el tiro parece venir de la nada e ir a parar a la
garganta de nadie. Ya lo avisó Chomsky.
23 de abril de 2013
17 de abril de 2013
Los nombres de la tragedia
La inercia a la hora de titular las noticias lleva a estas curiosas situaciones. Resulta que en el atentado de Boston ha habido tres
muertos. Se sabe quiénes han sido dos de ellos pero no así la tercera, por
deseo de sus familiares. Dicho de otro modo, conocemos dos nombres y nos falta
por saber otro. ¿Por qué, entonces, escribir «Martin, Krystle y una estudiante
china, nombres (sic) de la tragedia»? Las víctimas tienen nombre, sin duda, pero la palabra nombre no es sinónimo de la palabra víctima. Algo hemos hecho mal, a no ser que admitamos «Estudiante China» como nombre de pila. Casos más raros se han visto en las pilas bautismales.
14 de abril de 2013
La madurez de las mayúsculas
¿Que habrán hecho los sueños para que se les niegue la tan abaratada mayúscula que sí llevan Lealtad, Amor, Patria, Futuro, Pueblo, Paz, Perpetua e incluso Carga?
11 de abril de 2013
Línea de autobuses
A la
vista del aviso, uno se pregunta si no será ese el misterioso autobús que en el
cuento de García Márquez atrapa accidentalmente en su interior a María de la
Luz Cervantes y la deposita en un edificio siniestro donde acabará pasando el
resto de su vida. También el autobús del cuento parte de Zaragoza, pero su ruta
y su destino no son tan inciertos como los que se adivinan en este aviso redactado
en una prosa diabólica, enloquecida, estupefaciente. Yo viajaría en tren, por si las moscas.
(Gracias a F.O.)
8 de abril de 2013
4 de abril de 2013
2 de abril de 2013
1 de abril de 2013
Ortografia compensatoria
He aquí un caso de ortografía compensatoria. A cambio de conservarles la mayúscula inicial que ya no les corresponde, les han requisado la tilde a la que tienen derecho no tanto por príncipes como por esdrújulos.
4 de febrero de 2013
24 de enero de 2013
Nobeles
Decía Cela que la mayoría de las cosas están ya dichas, pero como nadie hace caso es preciso volver a decirlas para recordarlo. De nuevo hay que acudir a la autoridad del Diccionario panhispánico de dudas, que en la entrada Nobel explica: «Nombre de los premios instituidos por el químico sueco Alfred Nobel. En su lengua de origen, el sueco, es palabra aguda ([nobél]), y así se recomienda pronunciarla en español, a pesar de que la pronunciación llana [nóbel] está muy extendida, incluso entre personas cultas». Como supongo que dentro del extenso plural «personas cultas» quedan comprendidos los redactores de Babelia, va para ellos.
12 de diciembre de 2012
Proyecto de finde
Debe de ser cierto que también la educación
universitaria se está devaluando. Ahora los proyectos de fin de carrera
se han reducido a proyectos de fin de semana.
Diario de Navarra, 12.12.2012
31 de julio de 2012
Dietas de alejamiento
Alguno habrá que con gusto abonaría a Montoro unas dietas de alejamiento, y el inconsciente periodístico parece haberse hecho eco de ese deseo alterando una vocal.
(Diario de Noticias, 31.07.2012)
23 de julio de 2012
MARIACHIS Y TUNOS
Como todos conocen, «mariachi» es el grupo que interpreta
cierto tipo de música del mismo nombre y, por extensión, de casi toda la música
popular mejicana asociada con guitarras, trompetas y sombreros de ala más bien
excesiva. Los etimólogos suelen atribuir el origen de la palabra al término
francés «mariage» (matrimonio), basándose en una asociación elemental: esa era
la música y esos los grupos que amenizaban las bodas y otras celebraciones.
Pero no está tan claro. Hay razones históricas que permiten ponerlo en duda, si
se tiene en cuenta que no fue hasta 1864 cuando, con el imperio pasajero de
Maximiliano de Habsburgo, la cultura francesa impuso en México sus modos y
maneras. Puesto que el término en cuestión aparece en documentos anteriores a
esa fecha, no parece descabelladas otras hipótesis que relacionan «mariachi»
con la lengua náhuatl, donde ya habría sido sinónimo de ‘gusto’, ‘canto’ o
‘alegría’. Aunque la interpretación más plausible se remonta a la colonización
española. Era práctica común que los religiosos pusieran letras cristianas a
viejas composiciones y cánticos lugareños. En muchas de ellas se invocaba la
figura de la virgen María, de donde salió «María ce son» o «María ce» (‘la
canción de María’), pronunciada por los indígenas como «mariache» o «mariachi».
Ello no fue óbice para que en 1852 un cura de Jalisco dejara escrita su
preocupación por «cuantos crímenes y excesos se cometen en estas diversiones,
que generalmente por estos puntos se llaman mariachis». ¿Qué sería de una
ranchera sin tequila?
En cuanto a las «tunas» estudiantiles, todo hace suponer que fue el nombre
irónico que se atribuyeron estos grupos musicales a semejanza de las cuadrillas
de malhechores guiadas por un «tuno». En la jerga de la delincuencia, el tuno
era el jefe de una banda, y por extensión cualquier pícaro, ladronzuelo o
«tunante». El nombre de «tuno» fue tomado del francés «roi de Thunes», o 'rey
de Túnez', según la costumbre carcelaria de usar motes y apodos majestuosos.
De modo que, salvo por algunas remotas similitudes musicales, el mariachi y la
tuna son cosas distintas. Hasta un argentino sabría distinguirlas, incluso si responde
a los sones de «Clavelitos» con un batir de palmas inequívocamente aflamencado.
(vía Malaprensa)
16 de julio de 2012
El coche de san Fernando
No
sabemos a ciencia cierta el origen del dicho por el que se invoca a san
Fernando como patrón de caminantes. Hablamos de «ir como en el coche [o el
carro, o el caballo] de san Fernando, un rato a pie y otro andando», pero es
muy probable que detrás de ello no haya ningún interés por evocar la vida y
milagros del santo sino que todo se reduzca a una cuestión de rima. La
literatura clásica ofrece algunas pistas al respecto. Sin embargo, todas ellas
apuntan a otro santo diferente: san Francisco. En el Tesoro de la lengua
castellana, Sebastián de Covarrubias explica cómo los religiosos franciscanos
daban largas caminatas y el pueblo, acostumbrado a ver sus idas y venidas,
empezó a llamar «el caballo de san Francisco» al báculo en que se apoyaban. De
modo que «ir en el caballo [o la mula] de san Francisco» era lo mismo que ir a
pie. De quienes se veían obligados a hacer sus trayectos andando por falta de
recursos para hacerse con otros medios de transporte se decía burlescamente que
eran «discípulos [o devotos] de san Francisco». La asociación de ideas venía
favorecida por la fama de austeridad que acompañaba a los franciscanos. Así lo
encontramos escrito en obras como la Segunda parte de Lazarillo de Tormes de
Juan de Luna (1620) o El donado hablador (1624) de Jerónimo de Alcalá. A lo
largo de los siglos hay continuas alusiones irónicas del mismo tipo a la «mula
de los frailes», al «coche de los pobres» o al simple hecho de ir «como san
Francisco, un rato a pie y otro paseándonos». Curiosamente hoy el humor popular
ha retomado la tradición de tropos religiosos y llama «corazonistas» a los
paseantes, en particular a los que caminan por prescripción facultativa. Pero
esa es otra cuestión.
Caminantes a Santiago. Escultura de Vicente Galbete en el Alto del Perdón (Navarra)
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