3 de noviembre de 2006

Arte de la conversación


En alguna parte cuenta Rafael Azcona el caso de un barbero de los de antes que, al empezar la faena con el cliente, le decía a éste:
- ¿Con conversación o callado?
Si le pedían que mantuviera cerrada la boca, no decía ni mu en todo el rato. Pero si el cliente optaba por la plática, entonces el barbero preguntaba:
- ¿Dándole la razón o con controversia?
Un sabio, este barbero.

7 comentarios:

Lucía Martínez Odriozola dijo...

Es una lástima, porque he sentido que se trataba de una leyenda urbana. Me la contaron de un barbero (con minúscula) de Sevilla:
-¿Lectura o conversación?
La respuesta debe ser, inevitablemente, conversación.
-¿Fútbol, toros o política?
Elegía.
-¿A favor o en contra?

Y sale un tertuliano de categoría.

Ander Izagirre dijo...

Otra versión:

-¿Cómo quiere que le corte el pelo?
-En absoluto silencio.

Tierno Piolín dijo...

También se contaba el caso de un verdugo que compatibilizaba este empleo a tiempo parcial con el de barbero y que cuando le tocaba ejercer como verdugo, preeguntaba al reo: "¿Qué va a ser, cortar la cabecita?

JMR dijo...

Se me olvidó apuntar que este 'post' quería ser una especie de felicitación a mi admirado Rafael Azcona con motivo de su octogésimo aniversario.

alvarhillo dijo...

Rafael Azcona. Le deberiamos de pagar un plus todos los españoles por los buenos ratos que nos ha hecho pasar. Ochenta años, que vida, que genio, que envidia.

Santiago González dijo...

Angel Fernández Santos contó hace muchos años en El País una anécdota magistral de Azcona. A él se la había contado Berlanga para explicar la grandeza de su genio. Estaba Luis Gª Berlanga trabajándose una historia que finalmente le prohibió la censura. Era a mediados de los años 60 y estaba ambientada en Segovia. Un matrimonio maduro tenía una librería religiosa en el centro de la ciudad. El Concilio Vaticano II y el fin de la misa en latín les sorprende con un cargamento de misales recién comprados.
Después de mucho discutir sobre cuál sería la más eficaz forma de protesta, la mujer convence al marido para que se queme a lo bonzo en lo alto del Acueducto.
Hasta aquí, el planteamiento, pero Berlanga no acertaba a resolver la secuencia. Llamó a Azcona y éste le resonvió elproblema al momento:

"Es muy sencillo, Luis. La pareja cruza la plaza del Azoguejo. Ella va delante con un mechero en la mano. Detrás va él, con paso cansino, arrastrando dos latas de gasolina y rezongando:

"Que no puede ser, María, que ya verás como volvemos a hacer el ridículo".

Anónimo dijo...

El arte de la conversación, de la comunicación es una ciencia, a la que se le presta poca atención. Hay una escala en el arte de la conversación; en principio, la conversación superficial es necesaria para romper el hielo; es como una herramienta, un trampolín para ir practicando en el arte de la conversación, e ir subiendo en esa escala de grados, para subir en la profundidad de la conversación. Todo depende de la práctica, de las experiencias personales, de la confianza que se tenga en uno mismo; de lo que se sea capaz de transmitir. Y también de lo que se sea capaz de escuchar, para eso hay que tener respeto por uno mismo, y por otras personas. Es curioso, pero en España la mayor parte de las tertulias de muchas radios, televisiones, no hablan, acaban gritándose; pero no se escuchan.