21 de julio de 2009

LEGENDARIO


Calificar de legendario a un periodista se presta al equívoco, como advierte Santiago González en su brillante blog. Puede inducir a pensar que ese periodista tendía a manipular la información para llevarla al mundo de la fábula, de la inventiva, de la «leyenda». Es decir, justamente lo contrario que se exige a la profesión. Pero Walter Cronkite fue un defensor de la fidelidad a los hechos por encima de todo, un leal cronista de la realidad que siempre porfiaba en presentar tal como era. Su invariable fórmula diaria de despedida decía «And that’s the way it is». Así son las cosas. Nada más alejado de la ‘relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos’, según la definición de leyenda servida por el DRAE.

Pero hay otra acepción del término leyenda que lo identifica con la ‘persona o cosa admirada con exaltación’. Lo mismo que un ídolo, que un icono, que un ser modélico. En este sentido, no es exagerado considerar a Cronkite un periodista legendario. El exceso está en la reiteración del adjetivo, o dicho de otro modo: en el vaciado de la palabra convertida en tópico.

17 de julio de 2009

Llegan los becarios


Es una tradición con la que los becarios cumplen estrictamente. Han de dejar alguna señal de su llegada a las redacciones, de su juvenil y desenfadada presencia veraniega, de la rica fomación lingüística adquirida en sus Facultades. He aquí un ejemplo.


(Público, 17 julio 2009)

11 de junio de 2009

Tramas y trabas


Una trama es mucho más novelesca que una traba, dónde va a parar. La historia de El Pocero no podía terminar con una simple retirada por motivos administrativos (llamémosles trabas). Al cambiar una sola letra, el caso del constructor enriquecido merced a la especulación inmobiliaria se transforma en un oscuro suceso donde la heroica víctima sucumbe a la conjura de los poderes malignos (o sea, a las tramas). ¿Estará el bueno de Urdaci detrás de todo esto?
(La noticia, en El País)

4 de junio de 2009

Un femenino sin sintaxis


«Entre los objetivos de Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad de Zaragoza está la de garantizar la igualdad de trato a todas las personas que forman la comunidad universitaria, por esta razón desde lanzamos la Campaña “Nombrar en femenino es posible: ¡inténtalo!” Con la que queremos promover el uso del lenguaje inclusivo y no discriminatorio en toda la UZ»


¿No sería jucioso que, a la vez que se promueve la loable causa de la igualdad en el lenguaje, se preservara también la corrección de ese mismo lenguaje? Pero hay que ser comprensivos. Al fin y al cabo sólo estamos en el sitio de una universidad. Sin sintaxis, pero universidad.

29 de abril de 2009

Tristemente




Gabriel García Márquez detesta icondicionalmente los adverbios en –mente, pero seguramente habría cambiado de opinión inmediatamente si hubiera conocido este poema de Idea Vilariño, probablemente la mejor poeta uruguaya del siglo XX, a quien lamentablemente hemos perdido definitivamente el día de ayer.



Tan arduamente el mar...


Tan arduamente el mar,


tan arduamente,


el lento mar inmenso,


tan largamente en sí, cansadamente,


el hondo mar eterno.


Lento mar, hondo mar,


profundo mar inmenso...



Tan lenta y honda y largamente y tanto


insistente y cansado ser cayendo


como un llanto, sin fin,


pesadamente,


tenazmente muriendo...



Va creciendo sereno desde el fondo,


sabiamente creciendo,


lentamente, hondamente, largamente,


pausadamente,


mar,


arduo, cansado mar,


Padre de mi silencio.




Naturalmente, ni que decir tiene que les recomiendo vivamente la lectura de sus libros.

22 de abril de 2009

EXTASIADOS

Una de las debilidades de este blogger son los cronistas deportivos. Nunca fallan. Siempre están ahí, al pie del cañón, dispuestos a alegrarnos el día con un solecismo, un puntapié a la gramática, una hipérbole disparatada. Lo mismo en la prensa escrita que en la radio o en la televisión, el periodismo deportivo –el periodismo futbolero, para ser precisos- ha declarado una guerra sin cuartel contra el idioma y no hay espacio, sección o retransmisión donde no emprenda alguna acción armada contra el objetivo. Admirable porfía, que merece de vez en cuando una nota en nuestro blog. La escaramuza de esta tarde ha tenido lugar en el frente de La Sexta, donde ponían el partido Osasuna-Málaga. Cuando uno ha enchufado el televisor, la contienda tocaba a su fin y las dos formaciones ya mostraban signos evidentes de cansancio. Es entonces cuando uno de los comentaristas –qué lástima no saber su nombre, no poder rendirle el merecido homenaje- ha descrito la situación en términos precisos: «Los dos equipos están extasiados. No pueden más». ¿Cabe una manera mejor de decirlo?

21 de abril de 2009

Léxico móvil



La formidable expansión de los teléfonos móviles ha traído consigo cambios de diverso tipo, que afectan tanto a las relaciones personales como a los usos comunicativos. El idioma no es ajeno a ellos, y no sólo por las tan traídas y llevadas abreviaturas de SMS y su repercusión en la ortografía. Aparte de eso, la telefonía móvil está creando todo un amplio campo de términos al que cada día se incorporan otros nuevos. La propia denominación de los aparatos parte de una antonomasia según la cual el «móvil» no es cualquier objeto que se mueve, sino el terminal de teléfono. Pero tampoco es una denominación universal: en América los llaman «celulares», quizá con más propiedad. Móviles o celulares, llevan «politonos», sirven para hacer «una perdida», y cuando se estropean o dejan de funcionar por falta de carga decimos que se han «muerto». A estas y otras expresiones coloquiales se añaden voces más rebuscadas, bien en forma de tecnicismos, bien fruto de creaciones asociativas y figuradas de todo tipo. Valga como ejemplo «snaparazzi», que es como se empieza a conocer la práctica de tomar fotografías con el móvil, y también la persona que las hace. O «vergatario», nombre que ha dado Hugo Chávez al teléfono de precio económico que su Gobierno distribuye entre las capas más modestas de la población venezolana. Estos días, al hablar de las relaciones entre Obama y Zapatero, se difundió la noticia de que ambos se comunicaban privadamente a través de una línea «secrafónica», una especie de hilo directo a salvo de interferencias y de espionajes. Un léxico, pues, que crece en continuo movimiento, como no podía ser menos ya que hablamos de «móviles».

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 11.4.2009.

ACORDE


«La previsión de los empresarios está de acorde con la del Gobierno»; «le fabricamos un mobiliario de acorde a sus exigencias»; «el juego del equipo no estuvo de acorde con la calidad de sus figuras»; «hace falta una ley de plazos de acorde con la situación particular de cada mujer»: son algunas muestras recogidas casi al azar de un uso tan extendido como equivocado de «acorde». Por alguna extraña razón, el adjetivo «acorde» (sinónimo culto de ‘conforme’ o ‘coincidente’) es encajado por la fuerza dentro de una construcción en la que se lo confunde con «acuerdo». Lo natural, lo sencillo es decir que una cosa está «de acuerdo con» otra cuando entre ambas existe alguna relación de armonía, unanimidad, dependencia o consecuencia. Es cierto que lo que «está de acuerdo con» (o «de acuerdo a», también válido aunque menos empleado) algo es a su vez «conforme» con ello. Podemos decir indistintamente que «todo marcha de acuerdo con lo previsto» y «todo marcha acorde con lo previsto»; pero obsérvese que el segundo caso no admite la preposición introductoria «de». Gramaticalmente hablando, «acuerdo» puede formar parte de una locución invariable («de acuerdo a» o «de acuerdo con») mientras que «acorde» no conoce otro empleo correcto que el propio de un adjetivo independiente. El idioma también sufre con estas pequeñas anomalías cuando dejan de ser un error circunstancial para convertirse en unas prácticas generalizadas. Y más si, como parece ocurrir en este caso, responden al afán decorativo y grandilocuente. No se habla con más musicalidad por el hecho de soltar «de acordes» a troche y moche.


Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 4.4.09.

16 de abril de 2009

FÉLIX, FELIS, FELI'S

1) Bar Félix. Un clásico en los nombres de bares a lo largo y ancho de la Piel de toro:


2) Bar Felis. Lo mismo, pero orientado a una clientela más popular tal vez:



3) Bar Feli’s. El signo de la modernidad en forma de algo parecido al genitivo sajón:


Son distintos estilos de nomenclatura hostelera, los tres igual de legítimos y habituales. Lo que ya no parece tan normal es que todos -clásico, popular y moderno- correspondan al mismo establecimiento:

La maldición del apellido


El apellido de la flamante ministra de Cultura ha servido para crear toda clase de calambures y juegos verbales hirientes, algunos francamente ingeniosos y otros de peor gusto. Nomen est omen, decían los clásicos: el nombre es un presagio. Se ve que la cruz más pesada que va a tener que cargar Ángeles González-Sinde en su mandato no será la Cultura, sino su propio carné de identidad.

15 de abril de 2009

Niños de madera, limones de silicona


Leo que en el Raval barcelonés han detenido a un falso cirujano plástico que operaba en un cuchitril de mala muerte. Entre los objetos que le han intervenido había –dice la noticia- «tres pistolas de inyectar veterinarias de 50 mililitros». Al verlo me he acordado de aquel anuncio recogido por Baroja donde ponía: «Se venden cunas para niños de madera». Cuesta esfuerzo imaginar la forma en que se puedan inyectar unas veterinarias. En cuanto a los niños de madera, para qué necesitarán cunas. El orden de los complementos oracionales ocasiona esta clase de malentendidos, el mismo que se produce cuando, al pasar ante un escaparate de una tienda bilbaína llena de curiosos utensilios de cocina, los ojos se detienen ante otro rótulo: «Exprimidor de limones de silicona». Por fin. Toda la vida tratando de sacar el jugo a los limones de silicona, y no había manera. Ahora ya hay inventos para facilitarnos tareas comunes tales como acostar niños de madera, inyectar veterinarias o exprimir limones de silicona. Esas cosas que hacemos todos los días.

Extraño cóctel


Parece ser que el primero en llamar cocktails a cierto tipo de bebidas combinadas se inspiró en la presentación de las copas, acompañadas de un detalle decorativo que recordaba la cola («tail») de un gallo («cock»). Una vez universalizado el término, en español se ha asentado en dos formas: la original inglesa y la adaptación fonética «cóctel». Ambas sirven indistintamente para las bebidas y para otras mezclas, algunas de las cuales pueden verse habitualmente en las cartas de restaurantes como «cóctel de mariscos» o «cóctel de verduras». Lo que hasta ahora uno nunca había encontrado era un «coptail» como el de la foto. «Cop» es, en inglés coloquial, «agente de policía». ¿Cop-tail? Bueno, en la mesa hay gente que no le hace ascos a nada que le pongan delante.

13 de abril de 2009

Hay problemas y problemas


La dislexia tal vez no, pero las faltas de concordancia sí son un problema lingüístico.

9 de abril de 2009

Pasión y muerte de la ortografía

Uno de los pasos procesionales de la cofradía de la Vera Cruz de san Vicente de la Sonsierra (cuya Pasión es conocida por los espeluznantes picaos) representa la escena del apóstol Pedro negando conocer a Jesús. Las mujeres que le señalan portan sendas notas manuscritas donde pueden leerse sus palabras. Salvando las distancias, es el mismo procedimiento que más tarde emplearían los cómics al poner bocadillos en las viñetas.






El visitante curioso no se ha conformado con contemplar sólo el elemento icónico de la composición. Al fijar su atención en la parte verbal ha podido observar que también en el arte sacro de nuestros antepasados se incurría en flagrantes faltas de ortografía.



Habría que datar las piezas, no obstante. Hasta los primeros intentos de fijación ortográfica en el siglo XVIII, la norma brillaba por su ausencia y todo era vacilación y desmadre. Sin embargo conocemos pocos ejemplos anteriores de «bentura» así escrita. El término ventura no es de los que plantee dudas, pues hasta el más lego sabría relacionarlo con el verbo «venir» desde sus orígenes latinos, donde venitura o ventura es el participio de futuro de venire en su forma del neutro plural, esto es, ‘las cosas que han de venir’. En cuanto al verbo «bi», sobran los comentarios. En resumen: que la ortografía ya conoció tiempos tan calamitosos como los actuales antes de que se implantara la Logse. Y eso que los curas sabían latín.

4 de abril de 2009

Franco tampoco ponía tildes


EL PARTE

Rememorando los setenta años transcurridos desde el fin de la Guerra Civil, esta semana hemos oído de nuevo el último parte redactado por Franco el 1 de abril de 1939. Una pieza que con los años ha ido perdiendo dramatismo para convertirse en objeto de mofa o de parodia. En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo: así empieza, seguro que les suena. El texto fue leído por Fernando Fernández de Córdoba, el locutor áulico de los sublevados, con una voz que los años también han caricaturizado, debilitado y yo diría que incluso aflautado. Pero más interesante todavía que la grabación sonora resulta el manuscrito del dictador. Lo trazó en una hoja de tamaño cuartilla con el membrete del Estado Mayor, presidido por el escudo de la gallina. En él se observa la caligrafía de un hombre victorioso y confiado, una letra enérgica que se desliza segura de sí misma, con una ligera inclinación de los renglones en ascenso conforme avanzan hacia el límite derecho del papel. Tal vez un signo de euforia, no sé. Sin embargo hay algo que llama más la atención en esas dos docenas de palabras. Es que Franco no puso la tilde en términos como «día», «ejército» o «últimos». En cambio se aseguró de colocarla en un solo caso, cuando escribe su superlativo título de «Generalísimo». Dejemos las conclusiones para los especialistas en cosas de la mente, que a buen seguro podrían decir algo sobre el ego de los tiranos y la necesidad de autoafirmación de los acomplejados. Franco pretendió hacer bandera del idioma español cuando era el primero en no cumplir sus preceptos, como atestigua el escrito. Les ocurre algo parecido a muchos políticos de ahora, y sospecho que no sólo en la lengua de Cervantes. En vez de esmerarse en usar la palabra correctamente, arremeten contra otras lenguas creyendo que de esa manera su patriotismo queda fuera de toda duda. Hoy es un anatema contra el inglés, esa arma de colonización; mañana un mandoble al sistema de enseñanza y sus ineptos agentes; al otro día un amargo lamento por los perniciosos efectos causados sobre el idioma común por la babel de lenguas oficiales y de dialectos regionales. Poco importa que esas jeremiadas suelan formularse en frases contrahechas, con barbarismos hirientes, giros infames y neologismos zafios. El toque está en erigirse guardián de las esencias, aunque entretanto caigan faltas ortográficas como en el escrito del dictador encaramado a su esdrujulísimo título. Total, por unas simples tildes.

Publicado en El Correo, 4.4.09.

2 de abril de 2009

PRIVATIZACIÓN DE LA BASURA


Son pequeñas pero alarmantes señales de la situación que estamos atravesando. No contento con privatizar los servicios de recogida y tratamiento de basuras, el ayuntamiento pacense va a privatizar la propia basura. O al menos eso es lo que anuncia la portada del periódico en un titular a cinco columnas. La noticia lo merece, sin duda.

31 de marzo de 2009

PERSONAS DE COLOR


«Cojan un diccionario y busquen la relación de voces inventadas por el español para designar los distintos cruces raciales, desde mestizo o coyote, cuatralbo o quinterón, ‘tente en el aire’ o zambo, a sambayo, lobo, castizo, jarocho o barnocino. Y si fuimos capaces de forzar todo ese despliegue léxico no fue por otra cosa más que porque la idea de superioridad racial ocupaba en nuestro imaginario un espacio dominante. ¡Cómo que no somos racistas! Unos más que otros, eso sí, contritos unos y contumaces los más, aquí no se escapa nadie de la perplejidad del juez famoso de “Adivina quien viene esta noche”. Me felicito, por supuesto, de que queramos negarlo. En ese intento va ya un germen nada despreciable de la imprescindible racionalidad»

(De la estimulante bitácora de Gómez Marín)

*LIDIAR CON LA MÁS FEA

Max Beckmann, Baile, 1922

Bailar con la más fea: una frase hecha que se aplica a situaciones en las que a alguien le corresponde el papel desagradable, la misión ingrata, la tarea que nadie quiere. Un residuo de la vieja mentalidad machista que, se diga lo que se diga, permanece camuflada en los rincones del idioma. Muchas mujeres se preguntarán, y con razón, por qué la paremiología no autoriza a emplear el equivalente masculino cuando cambia el sexo de la pareja de baile. Pero las locuciones lexicalizadas no admiten variantes: también a la mujer que se ve en un aprieto le habrá tocado «bailar con la más fea» y no «con el más feo». Es una de esas expresiones que sobrevive a los cambios de costumbres, quizá porque la metáfora refleja con bastante aproximación el sentimiento de incomodidad.


Pero, como ya se baila poco en parejas, la frase empieza a tambalearse por el lado del verbo. Hay quienes lo cambian por «lidiar» y dicen o escriben «lidiar con la más fea». «Lidiar» es, efectivamente, vérselas con algo desagradable o comprometido. Viene de la voz latina «litigare», que significaba luchar, combatir, pelear. Quien lidia con algo es porque esa operación le ocasiona molestias y dificultades, o porque la cosa lidiada no se somete a la voluntad de quien trata de dominarla. «Lidiar» conoce una acepción taurina que muy probablemente se haya entrometido en el caso que comentamos. Si así fuera, estaríamos incurriendo en un redoblado delito sexista: por una parte, el menosprecio de la mujer poco agraciada, y por otra su equiparación con el ganado vacuno. Así que dejémoslo en «bailar con la más fea» o sólo «lidiar», pero sin fabricar mezclas explosivas.


Publicado en el suplemento cultural 'Teritorios' de El Correo, 28.3.09.

28 de marzo de 2009

Bando


Hasta hace poco, el secretario municipal era, junto al cura y el maestro, el guardián de la palabra en cada pueblo. Las gentes analfabetas o las escasas de letras recurrían a ellos para que les redactasen contratos, les leyeran o les escribieran las cartas o les corrigieran las cláusulas de su testamento. Los secretarios eran escrupulosos con el lenguaje porque sabían que una coma mal puesta puede llevar a un pleito y que las tildes no son simples adornos prescindibles. Las cosas han cambiado. Véase este bando, donde no sólo fallan las concordancias y el orden oracional es sometido a tortura, sino que hasta el propio nombre de la localidad pierde la tilde que le corresponde llevar sobre la última a. Que nadie saque la socorrida excusa de las mayúsculas, porque algunas palabras del bando sí llevan su acento escrito. En vez de poner bandos como éste negro sobre blanco, mejor sería confiarlos a la trompetilla del alguacil de toda la vida. Al menos daría un toque de color lugareño al asunto, algo siniestro, por cierto.

25 de marzo de 2009

BAJO LA BASE

Le preguntaron a Mikel Arana, nuevo coordinador general de Ezker Batua, acerca de las intenciones de su predecesor Javier Madrazo. «¿Volverá al instituto o va a seguir trabajando para EB?», indaga el entrevistador. A lo que Arana responde: «La única condición que ha puesto es volver al instituto, que cualquier esquema sea bajo la base de esa premisa».

Tal vez haya una forma más simple de decir las cosas. Para llevar con dignidad el cargo de coordinador general de una formación política no es preciso emplear construcciones del tipo «cualquier esquema sea bajo la base de esa premisa». Entre otras razones, porque se corre el riesgo de confundir a los lectores obligándoles a un complejo ejercicio de hermenéutica. Y también de contorsionismo mental para colocarse «bajo la base». La base suele ser aquello sobre lo que se coloca o sostiene algo. Recuerden a los personajes de Barrio Sésamo cuando explicaban qué era «arriba» y qué era «abajo». La base, abajo. Lo demás, encima.

22 de marzo de 2009

FUERAS DE SERIE


Hablamos de un «fuera de serie» cuando nos referimos a una persona destacada en un campo de actividad, sea por sus cualidades morales, sea por su capacidad intelectual o por la posesión de cualquier otro valor mérito le hace acreedor de admiración y elogio. La expresión evoca el viejo valor de la excelencia, el hecho de sobresalir de la medianía (la «serie») situándose «fuera» de ella. Gramaticalmente se trata de un sintagma construido a partir de un adverbio y luego sustantivado de tal modo que actúa como un nombre. Pero con una salvedad: no dispone de morfema plural. O eso era al menos hasta ahora. Recientemente ha salido al mercado la traducción al español de un best-seller de Malcom Gladwell que en el original en lengua inglesa llevaba el título de Outliers. Pues bien, la prestigiosa editorial que se hizo con sus derechos para España ha tomado la pintoresca decisión de titularlo Fueras de serie. «Fueras», con una –s que el adverbio no admite. Es cierto que, de haberlo dejado en el más correcto Fuera de serie, el título habría perdido en parte la relación con el contenido de la obra: sucesivas historias de triunfadores, de personas que han alcanzado el éxito merced a sus extraordinarias virtudes. La eficacia comunicativa, o tal vez el deseo de llamar la atención con un título de impacto, ha llevado a inclinarse por una construcción impropia. La cosa no tendría mayor importancia si se tratara de un libro menor. Pero muy probablemente pronto lo veremos encaramado a las listas de los más vendidos, como ocurrió con anteriores trabajos de Gladwell. Dejará huella, y contribuirá a consagrar otro malentendido más en nuestro lacerado idioma.


Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 21.3.09.

20 de marzo de 2009

PORTEROS


Con el fin de poner algo de orden en la profesión, la Comunidad de Madrid convocó hace poco un examen para la obtención del carné de portero de discotecas y bares de copas. La prensa del día informa ahora de que sólo un 63% de los presentados aprobó las pruebas. Si les hubieran examinado para sacar tan sólo la licencia de «porteros de discoteca» (vulgo «puertas») el índice de aprobados habría sido seguramente más alto. Porque la veteranía es un grado. Pero la denominación oficial del título, ay, era ni más ni menos que «Controlador de Accesos de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas en el Sector de Ocio Nocturno». Y por mucho músculo que se ponga, no debe de ser nada sencilla la preparación para cargar con un eufemismo tan imponente.

19 de marzo de 2009

*INFRIGIR


¿Habrá también algún procedimiento contra quienes infringen las normas léxicas?

18 de marzo de 2009

PRESUNTO


Y es que en un Estado de Derecho nadie es «sujeto» mientras no se demuestre lo contrario. ¿Y si el «presunto sujeto» fuera en realidad un objeto?


El resto de la noticia no tiene desperdicio. A la altura de toda una agencia oficial.
(Gracias a T.)

16 de marzo de 2009

VANAGLORIADO

«Es un líder laureado y vanagloriado [sic]». Así retrató José Ramón de la Morena al ciclista Contador. Hablaba de la aparición de una nueva estrella (Luis León Sánchez, ganador de la París-Niza) en el firmamento de las dos ruedas. Se supone que no pretendía ofender a Contador, sino simplemente mostrar el contraste entre la figura ya reconocida y el campeón de nueva hornada. Era muy de mañana. Aún estaba amaneciendo. A esas horas la radio puede decir algunas tonterías con disculpa horaria. Pero la voz de De la Morena es palabra de oráculo para miles de oyentes. Muchos de ellos acabarán hablando como sus cronistas deportivos de cabecera. Habrán creído que «vanagloriado» es lo mismo que «glorificado» o «alabado», y el error se extenderá como suelen extenderse otras torpezas sembradas en los campos de fútbol.

PAGAFANTAS



El mecanismo de creación léxica es tan viejo como eficaz: se trata de enlazar un verbo transitivo con un complemento directo en plural, y con esa suma formar un nuevo término que designe la cosa mediante la referencia –real o metafórica- a su función («parabrisas», «abrecartas», «cascanueces»), su oficio («limpiabotas», «aparcacoches», «guardaespaldas»), sus efectos («rompecabezas», «quitamanchas», «matasanos»), sus costumbres («saltamontes», «meapilas», «zampabollos») u otros rasgos distintivos («quebrantahuesos», «cantamañanas», «rascacielos»). Tan vigente está el procedimiento que con frecuencia sigue aportando al idioma nuevas palabras compuestas, muchas de ellas perecederas. Igual que murieron vocablos como «mondadientes» o «pinchadiscos», no sabremos qué será de aquí a unos años de los «salvapantallas» del ordenador, ni a dónde irán a parar construcciones humorísticas aún en circulación como «tragaldabas», «sujetavelas», «comecuras» o «tiralevitas», que censuran determinadas actitudes y comportamientos. Pero vendrán otras, como la reciente «pagafantas», una creación de la jerga juvenil que no sólo ha medrado, sino que hasta ha dado título a una película. De sexo masculino, ingenuo, atento, servicial, que mantiene una relación estrecha pero casta con una chica por la que bebe los vientos, a quien colma de regalos y cuidados –entre ellos las invitaciones a refrescos- y a la que no se atreve a confesar una pasión condenada a la falta de correspondencia mientras sus amigos le miran con cierta lástima no exenta de burla: ese es el pagafantas. Una invención léxica de innegable expresividad.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 14.3.09.




«Fanta fue creada en 1942-1943, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Max Keith, quien dirigió las operaciones de Coca-Cola en Alemania durante la guerra, agotó los ingredientes de Coca-Cola, los cuales sólo podían ser suministrados desde los Estados Unidos. Keith produjo un refresco diferente, Fanta, el cual demostró ser un éxito, y cuando Coca-Cola se restableció después de la guerra, adoptó la marca Fanta. El nombre ‘Fanta’ fue sugerido por un comercial de la compañía, Joe Knipp. Su idea vino gracias a un concurso que la empresa propuso entre los empleados alemanes, para dar nombre al producto, en el cual Keith les pedía dejar volar su Fantasie (imaginación en alemán), de ahí el nombre ‘Fanta’». (Palabra de wikipedia)

14 de marzo de 2009

Procesión


«La procesión va por barrios», dijo el presentador del noticiario nocturno en la televisión. Era su forma de explicar que la alegría de unos se vuelve tristeza para otros, no sé si a propósito de un partido de fútbol o refiriéndose a los pleitos políticos del día. No iba mal encaminado: los desfiles procesionales van por barrios, y pronto lo volverán a demostrar los devotos y capillitas de esta santa tierra donde cada ciudad, cada pueblo y cada barrio tiene su cofradía. Pero el caso es que el idioma no habla así. Lo que «va por barrios» es «la risa». Y la procesión va «por dentro», que es una forma de referirse al miedo, la ira, el esfuerzo o el dolor cuando se disimulan y no son exteriorizados. Que el cruce resultante saliera ajustado a la ocasión no concede carta de naturaleza al hipogrifo de Piqueras. También los proverbios tienen su corazoncito. Aceptémoslos tal y como vinieron al mundo y respetemos su integridad: o sea, por una parte «la risa va por barrios» y por otra «la procesión va por dentro».

13 de marzo de 2009

ARTISTECTO


Un afortunado neologismo debido al talento de Pablo Martínez Zarracina. Aunque ya imaginarán a quiénes define, pueden informarse más aquí. Habría que llevarlo a los diccionarios.

11 de marzo de 2009

Voces bárbaras


Hubo fútbol el martes. Un día muy indicado, por lo belicoso que se está poniendo el juego. Hubo fútbol y gritaron otra vez por la radio, como si no les bastara con empujar y sacar de su sitio las emisiones de noticias y tertulias políticas. Al cambiar de dial uno oyó voces que le hicieron recordar las palabras del maestro:


«El locutor de radio se cree en el deber profesional de aherrojar la atención de los oyentes chillando, emocionándose él mismo, aburriéndose, indignándose, alegrándose, si quiere contagiar emoción, tedio, cólera o júbilo a quienes lo escuchan. Esto es, acentuando lo que denominamos expresividad lingüística, consistente, como el nombre indica, en expresar o excarcelar las emociones presas en el espíritu. La competencia entre emisoras hace que ese elemento expresivo haya ido adquiriendo una importancia creciente en sus transmisiones, dando lugar a tan irritante exasperación de la tensión tonal, que degrada la condición humana de muchos locutores» (Fernando Lázaro Carreter, El dardo en la palabra).


10 de marzo de 2009

DISCURSAR


Tal vez el rostro rocoso, la tez brillante y el gesto resuelto del jerarca boliviano transmitan la sensación de que su discurso fue de los que hacen época. Y quizá la ocasión merezca un verbo especial más allá de las fórmulas habituales de «pronunciar un discurso» o «decir unas palabras». El problema es que «discursar» no significa eso. El verbo existe, pero se trata de un verbo sin espacio propio, que sólo viene a hacer sombra a «discurrir». Parémonos a discurrir antes de poner los pies de foto. Pero esta es una opinión particular. Puede haber otras. Les invito a discursar sobre la materia.


(El País digital, 9.3.09)

9 de marzo de 2009

Intertextualidad


En un post reciente explicaba un servidor cómo la falta de una simple tilde podía ocasionar ciertos malentendidos comunicativos. El mensaje escrito decía:


Nos gustaría saber que piensa.


Aparte de lo ya comentado, el texto me produjo la inquietante impresión de haberlo visto ya en alguna otra parte, con otra forma tal vez. Pero no acerté a recordar dónde ni cuando. Ahora por fin he dado con lo buscaba. Está en un libro de Pere Calders, uno de los mejores escritores de cuentos del siglo XX, que a su vez fue un autor de microrrelatos avant la page. Es un relato titulado 'Discreción' que dice así:


DISCRECIÓN


Le invitaron a pensar y dijo que no quería ocasionar molestias, que ya pensaría en casa.


(Ruleta rusa y otros cuentos. Barcelona, Anagrama, 1984. P. 291)


Me pregunto si Calders habría volado con Copaair.

ACUATIZAR


Cuando un avión se posa sobre la pista del aeropuerto, esa operación recibe el nombre de «aterrizaje». Ningún problema. Pero, ¿y si lo hace sobre una superficie acuática? El verbo más comúnmente empleado para el caso es «amerizar», que no significa acabar el vuelo en América sino detenerse en el mar, al que los franceses llaman «mer». Es, en efecto, un galicismo, y por eso en muchos países hispanohablantes prefieren «amarizar». «Amerizaje» y «amarizaje» son sustantivos aprobados por el sanedrín académico y se pueden emplear indistintamente. Lo mismo que «amarar» y «amaraje», tal vez menos oídos y sin embargo mucho más simples porque prescinden de interfijos superfluos. Pero ninguna de las tres opciones resuelve un problema semántico: ¿qué ocurre cuando el avión se posa en aguas no marinas? El pasado enero, el superhéroe Chesley ‘Hully’ Sullenberger salvó la vida de los 155 pasajeros y tripulantes del airbus que pilotaba al depositarlo suave y diestramente sobre el río Hudson. ¿Amarizó, amerizó, amaró? Las tres cosas, pero también «acuatizó». El «acuatizaje» es la cuarta variante que nos ofrece nuestro rico e indeciso idioma. No deja de ser una propuesta razonable, pues se atiene más rigurosamente al medio en que se realiza la operación y por tanto no desagradará a los geógrafos más puntillosos. Cuando se difundió la noticia, hubo también quien habó del «aterrizaje en el Hudson». Sería una quinta posibilidad –al fin y al cabo, ríos y mares forman parte del planeta Tierra-, pero no parece que se atenga a la estricta definición del diccionario («aterrizar: posarse sobre tierra firme o sobre cualquier pista que sirva a tal fin»).

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 7.3.09.

8 de marzo de 2009

ELECTOS

El participio del verbo «elegir» es «elegido». Una persona resulta elegida (para un cargo, para un título o un premio) cuando se le escoge con preferencia sobre otras. El verbo no sabe de política y no hace distingos acerca de la fórmula de elección que corresponda (tan elegido puede ser el votado en la urnas como el nombrado a dedo), pero sí es tajante en una cosa: no dice lo mismo «escogido» que «electo». Sólo admiten esta segunda denominación, de índole estrictamente transitoria, las personas elegidas hasta tanto no sean nombradas conforme al mecanismo que en cada caso haya sido establecido. Barack Obama fue elegido presidente de los Estados Unidos de América, pero sólo se mantuvo como «electo» en el ínterin que transcurrió entre los comicios y su toma de posesión. No son tampoco son electos esos concejales, diputados y senadores que llevan años calentando el escaño. La manía de seguir denominándolos, con toda impropiedad, «cargos electos», sólo encuentra explicación en el erróneo concepto de la pompa lingüística que viste de oropeles absurdos la jerga de los políticos. Creen algunos que «electo» otorga mayor dignidad, que significa algo así como ‘elegido democráticamente’ o simplemente que es una aféresis de «selecto». Una vez que el elegido cuenta con todas las bendiciones deja de ser ‘electo’, mal que le duela, y para identificarlo en su puesto basta con mencionar el cargo a secas, sin adjetivos ni participios redundantes. Obama es presidente, sin adjetivos. Todas esas reuniones de «cargos electos» de tal o cual partido son simplemente de «cargos». Elegidos, pero no electos.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 21.2.09.

3 de marzo de 2009

Descerebrados pasajeros


Avisos como este son el mejor argumento contra la peregrina idea de desterrar las tildes. Tal como viene escrito, se entiende que la compañía aeronáutica considera a sus pasajeros unos seres poco dados a usar la cabeza. Si le hubieran puesto el acento a qué, tal vez entendiéramos que la compañía pedía a los pasajeros su opinión acerca del servicio. Pero el caso es que el papel no dice eso.


2 de marzo de 2009

PALIATIVOS


Es un extendido error que llena las hemerotecas de chirriantes «triunfos sin paliativos» y «victorias sin paliativos». Se refieren a unos éxitos que otros redactores menos osados y más correctos califican de inapelables, rotundos o amplios. Es decir, con tono pretendidamente elogioso. Pero los «paliativos» son remedios que se aplican a las enfermedades incurables para mitigar sus efectos. Se comprende, pues, su traslación metafórica a las derrotas, las crisis o los fracasos «sin paliativos», pero en modo alguno la situación opuesta. Los dislates que antes campaban por sus respetos en las páginas deportivas van poco a poco invadiendo las secciones más serias de los periódicos.
(El País, 2 de marzo de 2009)

26 de febrero de 2009

Un acento calenturiento


¿Por qué decir libido cuando podemos poner la i en erección plantándole una tilde rijosa, convirtiendo la palabra llana en excitada y excitante esdrújula, y mostrar la vocal arrecha, erguida, como el propio término sugiere?

24 de febrero de 2009

Bofetones ortográficos


«Si algun [sic] dia [sic] tengo hijos, los educare [sic] como me han educado a mi [sic]». Faltaría más. Pero el derecho materno a la elección de la enseñanza de sus hijos debiera extenderse a las bofetadas ortográficas y gramaticales. ¿Cuántos azotes cuesta un «porque» que suplanta a un «por qué»? ¿Y un «me e portado mal»? Ah, aquellos viejos dómines de la vara de fresno.

17 de febrero de 2009

MANIATADO


Lo dejaron maniatado de pies y manos. Hay asesinos que están en todo.

15 de febrero de 2009

DESCAUSALIZAR


La patronal madrileña presentó días atrás un plan de reformas cuya principal contribución a la estabilidad laboral consistía en abaratar el empleo. El plan, respaldado por el presidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán, sugería entre otras cosas reducir a menos de la mitad la cuantía de las indemnizaciones por despido, así como suprimir algunas de las trabas legales que protegen a los trabajadores. A esta propuesta de «contrato de crisis bonificado» -una denominación que ya lo dice todo- se han enfrentado los representantes sindicales, como no podía ser menos. Para expresar su rechazo, Cándido Méndez ha acusado a la patronal de pretender «descausalizar» los despidos. ¿Qué viene a decir este término de la nueva jerga económico-sindical, primo hermano tal vez del reciente verbo «deslocalizar» que ya todos conjugan sin trabarse la lengua? Se supone que el despido queda «descausalizado» (o «desencausado», como también se ha dicho) cuando el patrón puede echar a la calle al empleado sin ninguna causa, sin que se den condiciones que justifiquen la medida, por simple capricho o conveniencia. El secretario de la UGT empleó el término con intención recriminatoria, pero quizá sin saberlo estaba dulcificando la actitud que denunciaba. Creía hacer una acusación cuando en realidad usaba un eufemismo. Si cunde la moda de hablar de «descausalización» del despido, lo que antes se consideraba cheques en blanco, patentes de corso, bulas y licencias de impunidad pueden convertirse en frías decisiones sin importancia. Si triunfa el neologismo laboralista acabará haciendo un inestimable favor a la inclemencia empresarial.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 14.2.09

13 de febrero de 2009

En buenas manos


Al terminar la navegación por varias páginas de la Red donde se tratan asuntos relacionados con nuestra Lengua, tanto en España como en América, me vienen a la memoria las palabras de Guillermo Cabrera Infante: «El español es demasiado importante para dejarlo en manos de los españoles».

12 de febrero de 2009

Helenismos

Una convincente apología del griego.

Coloquialismo

Hasta hace poco uno pensaba que el visible deterioro del idioma en nuestras comunicaciones provenía de una deficiente educación a la que se agregaba una buena dosis de desidia. Si hablábamos mal y escribíamos peor era debido a que no todo el mundo había tenido la fortuna de recibir una instrucción adecuada. Y al fin y al cabo, qué más da decir las cosas de forma correcta o incorrecta si nos hacemos entender, ¿no es cierto? Es una corriente de opinión bastante extendida contra la que no merece la pena presentar batalla. Así nos va: no solamente rodeados de anglicismos innecesarios y de latiguillos empobrecedores, sino oyendo día a día discursos imprecisos, incoherentes y zafios de boca de quienes por su oficio —los comunicadores, especialmente los radiofónicos y los televisivos— o por su rango —los políticos, los empresarios, los situados en puestos de alta representación social— pueden ejercer mayor influencia en los hablantes comunes. La lengua de hoy es una mezcla de ‘bullshit’ eufemístico y torpeza expresiva, de balbuceo cansado y de mala retórica de charlatanes. Pero el mal no se queda ahí. A la falta de habilidades lingüísticas adquiridas y al nulo interés por dominar la principal herramienta de comunicación a nuestro alcance se agrega otra dolencia creciente: un cierto reparo de hablar bien. Algo parecido al rubor, o la vergüenza, o la incomodidad de ser visto como un pedante, o acaso como un esnob engreído. Mientras del otro lado del océano siguen llegando hermanos de lengua que tienen a gala expresarse con elegancia, nosotros bajamos a los suburbios del coloquialismo y del argot. Es un mecanismo que la sociología del lenguaje reconoce en las hablas juveniles: se trata de integrarse en el grupo a base de manifestar rebeldía contra la lengua de los mayores. Lo que ocurre es que esa tendencia transgresora alcanza ya a todas las esferas, incluida la académica. Hoy en día ya es casi imposible oír una entrevista, un noticiario, una conferencia incluso, donde no caigan los tres o cuatro tacos de rigor, los modismos callejeros de moda o unas cuantas voces de jerga. Hay que ser gracioso. Hablar a la pata la llana. Huir de los registros cultos, formales o elaborados para evitar el riesgo de que nos señalen con el dedo como a proscritos. Que somos más desenvueltos que antes, de eso no cabe duda. Pero a cambio de eso vamos camino de no entendernos. De que no nos entienda ni Dios, por decirlo según la norma de la época.

11 de febrero de 2009

ECOCIDIO


Lo que no han podido los argumentos humanitarios lo pueden conseguir las consignas de moda. Lo decía esta semana Francisco Santos, vicepresidente de Colombia, uno de los hombres más comprometidos en la lucha contra el narcotráfico en su país. Durante décadas la gente de bien colombiana ha tratado de acabar con la plaga de la violencia asociada a las mafias de la cocaína y a cuantos, de ese lado y también del contrario, se beneficiaban del negocio de la muerte. Todo inútilmente. Sin embargo parece que las cosas están cambiando y que no sólo los colombianos de a pie sino muchos de los poderosos que han sacado provecho del narcotráfico se muestran sensibles a la causa antidroga. No lo hacen apenados por las víctimas ni deseosos de acabar con la sangre y la violencia. Lo que les ha hecho cambiar de actitud es el discurso ecologista del gobierno, que una campaña tras otra insiste en asociar la producción de cocaína con la destrucción del medio ambiente. De una parte los cultivos ilegales de coca han provocado la deforestación de buena parte del país. De otra, los vertidos de residuos químicos originados provenientes de los centros de producción de droga están envenenando un gran número de ríos. Y la gente se conmueve al oír esto mucho más que cuando antes un sicario mataba a su vecino o una bomba de gran potencia hacía saltar por los aires a un juez no corrupto y a todos sus ayudantes. Aunque el neologismo no es de invención colombiana, son los colombianos quienes están sacando el mejor partido al término «ecocidio». Santos, quien además de un maestro de las palabras es un hombre pragmático, lo ha confesado sin empacho: el cambio climático genera más sensibilidad que los muertos, así que entramos por la puerta que se nos abre. Aquí entre nosotros, la última víctima de los etarras cayó asesinada en nombre de una supuesta defensa de la naturaleza. No coló, claro, pero la justificación dada por los criminales sabía a dónde apuntar. No hay más que ver la legión de marcas comerciales de toda clase cuyas proclamas publicitarias apelan al verde, al aire, al agua o a las energías limpias, conscientes de que entre un ecocidio y un homicidio las mayores antipatías irán contra el primero. Es bueno tenerlo en cuenta. En primer lugar, para alegrarnos de que por fin el planeta tenga sus defensores. Pero también para estar prevenidos, no vaya a ser que la vida de un ser humano valga menos que la de un cocotero. Y eso ya sabemos a dónde conduce.
Publicado en El Correo, 31.1.09

10 de febrero de 2009

VISIBILIZAR


A poco que el lector frecuente los textos del género reivindicativo en cualquiera de sus variados frentes, no tardará en darse de bruces con el verbo «visibilizar» o el sustantivo «visibilización». Otras voces-sonajero muy de moda, que tan pronto sirven para reclamar la atención sobre personas o minorías sociales desatendidas («hay que visibilizar los problemas de pobreza en nuestras ciudades») como expresan el propósito de difundir una idea, un programa o una doctrina («el congreso tiene como objetivo la visibilización de la conciencia ecológica»). Es cierto que «visibilizar» significa «hacer visible» lo que no se observa a simple vista. Si hay realidades frente a las que nos «tapamos los ojos» obstinadamente, no está mal criticar esa actitud mediante otra metáfora relacionada con lo visual. Pero quizá se está cayendo en un abuso que roza lo ridículo.
De tanto «visibilizar» problemas, conflictos, fenómenos, comportamientos o actitudes, olvidamos que el idioma dispone de otros términos y locuciones a veces más apropiadas para decir lo mismo y hacerlo mejor. En vez de «visibilizar la violencia intragénero», podríamos «sacarla a la luz» o «denunciarla». En lugar de decir que una campaña «va dirigida a visibilizar los problemas de la tercera edad», bastaría con «mostrar» o «hacer patentes» esos problemas. Hay una larga lista de verbos y locuciones como «poner de manifiesto», «poner de relieve», «exhibir», «concienciar», «revelar», «exponer», «llamar la atención», «evidenciar», «hacer ver», etcétera, que sirven al mismo propósito. No los dejemos en la estacada. No los abandonemos a su suerte. Visibilicémolos también a ellos.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 7.2.09.

2 de febrero de 2009

ALMOHADILLA


Los menos duchos en el uso de los teléfonos modernos se preguntan por la utilidad de las dos teclas no numéricas que acompañan a las diez tradicionales, normalmente en la línea inferior, a ambos lados del cero. No sólo ignoran para qué sirven, sino también cuál es el nombre de sus signos. A la izquierda está el viejo asterisco, denominado así por su aspecto de astro o pequeña estrella. ¿Y a la derecha? ¿Cómo referirse a esa figura formada por dos barras paralelas horizontales cortadas por otras dos barras igualmente paralelas pero oblicuas? Parece que definitivamente habrá que llamarla «almohadilla». El DRAE, que en su edición vigente ya ofrece doce acepciones para el término, agregará esta nueva en la próxima actualización. Pero no es la única forma de denominar el signo de marras. En varias zonas de América es conocido como «numeral», «signo de número» o «cardinal», formas discutibles puesto que si de algo carece el símbolo es precisamente de valor numérico. Más interesantes son algunas de las voces coloquiales que también se estilan al otro lado del Océano, desde «gato» hasta «michi». Todas tienen su origen en la similitud entre este signo y el cuadro del juego de «tres en raya», conocido en muchas zonas como «juego del gato». Hay quien le llama también «sostenido», que es lo que indica el símbolo en la escritura musical. Y, más familiarmente, otros prefieren «tateti» o «tatetí», raro vocablo tal vez onomatopéyico, o quizá relacionado con el nombre inglés del juego de «tres en raya»: «Tic Tac Toe». Aclarado lo cual, queda por saber para qué demonios sirve la tecla.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 29.1.09

28 de enero de 2009

PROBABLEMENTE


Al leer «probablemente» interpretamos que la afirmación subsiguiente viene suavizada por el respetuoso matiz de la duda. El adjetivo «probable» significa, en efecto, ‘verosímil, o que se funda en razón prudente’ («razón prudente»: es decir, que puede haber una «razón imprudente»). Pero esa es la primera acepción que da diccionario. Las otras dos dicen, literalmente: «Que se puede probar» y «Dicho de una cosa: Que hay buenas razones para creer que se verificará o sucederá». Mala costumbre, esta de no fijarse en las segundas acepciones de las palabras. Les dejo, sigan discutiendo.

27 de enero de 2009

PANTACA


La creación verbal en el mundo de la moda y la indumentaria no solamente se manifiesta en la continua incorporación de neologismos y nombres comerciales para designar ciertas prendas. En el lenguaje coloquial, y especialmente en los usos juveniles, de vez en cuando surgen términos que pronto alcanzan cierto éxito. Ahora ocurre con «pantacas», que es el nombre dado a los pantalones. Olvidado ya el origen del vocablo (el personaje de Pantalone en la Commedia dell’Arte italiana), «pantaca» se extiende imparable como señal de estar al día, pero asimismo como marca diferenciadora. Porque, aunque «pantaca» sirva para toda clase de pantalones, desde los tejanos hasta los de raya bien planchada, donde adquiere su más aquilatada aplicación es en los pantalones de cintura baja que dejan ver los ‘gayumbos’ (centenaria voz del caló ahora revitalizada como si de una rabiosa novedad se tratase) o, en su caso, el nacimiento de las asentaderas. El «pantaca» por excelencia es el pantaca caído que se alborota en la región de los tobillos amenazando con provocar un disgusto al portador en caso de tener que acelerar el paso. El mecanismo de creación del término es relativamente frecuente en las jergas. Se toma una palabra ya existente, se apocopa, y a lo que queda de ella se le agrega un sufijo, en este caso –aca. El sufijo -aca no tiene un valor unívoco. Unas veces produce efectos despectivos («sudaca» por ‘sudamericano’), otras trata de mover a risa («sonaca» por ‘loco’, ‘sonado’) y otras conserva un aire castizo que viene de antiguo («naturaca»). Viejas fórmulas, en fin, con aires nuevos.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 24.1.09

25 de enero de 2009

GRIPE


Si escurridiza y traicionera es la enfermedad llamada gripe, no menos accidentada es la historia de la palabra con que se designa. Su entrada en el castellano es tardía (aparece por vez primera en el diccionario de 1899); hasta entonces se empleaban la italiana influenza, el clásico catarro, de origen griego, o la tosferina o tos ferina (esto es, tos propia de las fieras). Grippe es voz francesa, que en el idioma galo desplazó en el siglo XVIII a coqueluche (nombre del capuchón que se ponía a los enfermos). Parece ser que el promotor del cambio fue nada menos que Luis XV, cuando una larga epidemia sobrevenida en 1743 que se alargaría un lustro. El monarca no inventó el término, sino que acudió a una voz ya existente que conocía dos acepciones: ‘garra’ (del antiguo griffe) y ‘fantasía súbita y caprichosa’ (de donde se creó el modismo irónico prendre en grippe: coger manía a alguien). No obstante, ya en el siglo XVI los alemanes empleaban para la enfermedad el vocablo germano-suizo das grüppi, derivado del verbo gruppen que significaba agacharse, temblar, estar alicaído o de mal temple: los síntomas de la dolencia. Así que el feliz hallazgo de Luis XV consistió en adoptar para una palabra francesa el sentido de otra extranjera muy próxima, agregándole metafóricamente la crudeza de la grippe o garra que atrapa violentamente y el incierto lirismo de ese estado de duermevela y leve delirio que asalta a los atacados por la maldita enfermedad.
(Cosas que escribe uno cuando está poco católico)

23 de enero de 2009

CICLOGÉNESIS EXPLOSIVA


Las furias de la Naturaleza arrasan nuestros paisajes pero a cambio enriquecen nuestro vocabulario. Esta vez las olas traen consigo un sintagma imponente: ciclogénesis explosiva. Cuando las aguas vuelvan al orden y los vientos pierdan sus bríos, quedará sin embargo el rastro de una apetitosa metáfora para uso de articulistas ocurrentes. Ya ha pasado antes. ¿Cuál será el primer asunto de nuestra agitada política al que alguien aplique el símil de la ciclogénesis explosiva? ¿El escándalo de espionaje en la Comunidad de Madrid? ¿El feroz ascenso de las cifras del paro? ¿Las no menos animadas elecciones autonómicas en el País Vasco? Lean, lean nuestros periódicos de las próximas semanas. Les apuesto algo a que vienen llenos de ciclogénesis explosivas.

21 de enero de 2009

13 de enero de 2009

TRISCAIDECAFOBIA (bis)


Para qué repetir comentarios si están ya hechos.
En cualquier caso, toquen madera
y tengan cuidado ahí fuera.

11 de enero de 2009

BIZARRO


Si a cualquier joven de hoy le preguntasen qué es una bizarría, lo más probable es que respondiera: una rareza, una extravagancia, una pasada de frenada. Porque el adjetivo «bizarro» acompaña ahora a fenómenos u objetos fuera de lo normal, sea una película de serie B con personajes deformes y argumento delirante, sea un bar de copas decorado a lo barroco y frecuentado por gente de mal vivir. Pero no ha sido siempre así. Desde su remota aparición en el castellano, «bizarro» designaba cualidades morales (valiente, enérgico, arrojado, generoso) o estéticas (lucido, elegante) propias de los caballeros. La bizarría fue durante siglos una virtud de personas nobles, y con este sentido elogioso se puede encontrar la palabra continuamente mencionada en los grandes autores del Siglo de Oro, desde Cervantes hasta Quevedo y desde Lope hasta Tirso. Aunque el DRAE sigue registrando estos significados sin considerarlos arcaicos, la nueva acepción de «bizarro» lleva camino de imponerse por influencia del inglés y también del francés, donde «bizarre» sí es lo mismo que ‘estrambótico’ y ‘raro’. Pocos epítetos habrán conocido una metamorfosis tan extrema como este «bizarro» que ha descendido de la gloria de lo laudatorio al oprobio de la marginación. Parece ser que el origen del término está en el euskera «bizar» (‘barba’), de donde pasó al francés y de ahí al resto de lenguas. Ya que las barbas no hacen al filósofo ni están de moda como antaño entre los hombres de armas, habrá que suponer que este ‘falso amigo’ es el reflejo de un cambio de gustos y de costumbres. Quién sabe.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 10.1.09.

3 de enero de 2009

BOCA A OREJA


Fuera de los canales publicitarios al uso hay otras vías para difundir un libro, promocionar una película o ensalzar el valor de cualquier otro producto artístico. Son los comentarios de quienes los han disfrutado. De pronto alguien transmite su satisfacción a otra persona, quien a su vez confirma el acierto y lo hace llegar a un tercero, y así sucesivamente hasta que la obra en cuestión acaba siendo conocida y apreciada por bastante gente. ¿Cómo denominar este procedimiento de difusión en el que no intervienen ni la crítica ni la mercadotecnia? Pues muchos lo llaman «boca a oreja». «La novela de Bolaño está beneficiándose de un insólito boca a oreja en EEUU», escribía días atrás un cronista cultural. Otro ejemplo: «La campaña de boca a oreja funcionó y colgaron el cartel de no hay billetes», al hablar de un concierto de rock. La locución es relativamente nueva. Para la transmisión de noticias, rumores, chismes o impresiones acerca de algo o de alguien efectuada de forma personal y directa ha venido usándose desde antiguo la fórmula «de boca en boca», acompañada normalmente de verbos como «correr», «circular» o «pasar». No es lo mismo que «boca a boca», que se refiere específicamente a una técnica de primeros auxilios. Tal vez la similitud entre ambas y los malentendidos consiguientes hayan favorecido la adopción del horrísono «boca a oreja» (¿no habría sido mejor «boca a oído»?), que por otra parte es más impropio que «de boca en boca», puesto que las orejas sólo reciben, mientras que las bocas emiten. Y es de esto de lo que se trata: de la emisión encadenada y sucesiva de una información.


Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 3.1.09.

1 de enero de 2009

FELIZ AÑO NUEVE

«Único propósito de Año Nuevo: perdonar a mis colegas ser mejores escritores que yo» (Augusto Monterroso).