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27 de diciembre de 2011

Mural de parvulario



Habló Griñán, y él también se adhirió a la nueva moda de dar a los discursos la forma de mural de guardería, de collage escolar, de lista de palabras mágicas desparramadas como eslabones sueltos de una inexistente cadena verbal, como si el secreto del lenguaje consistiera en recitar letanías y no en articular enunciados con sentido.  

20 de noviembre de 2010

Sujeto electoral

La izquierda abertzale siempre ha sido maestra en la fabricación de circunloquios y eufemismos para burlar la realidad y planear por encima de ella como si estuviera exenta de atender a su lógica como el resto de los mortales. Su última invención es ese «sujeto electoral» que englobaría a fuerzas como Aralar, Eusko Alkartasuna y la formación que en su caso represente a la ilegalizada Batasuna o su sucedáneo. Es decir, lo que siempre se ha llamado «agrupación» o «coalición» electoral. La necesidad de evitar el nombre exacto de las cosas parece lógica en el ámbito delictivo: si el atracador conocido como «El Solitario» se declara «expropiador de bancos» y los asesinatos terroristas son «acciones armadas» a los ojos de la hinchada que los alienta, es porque de esa manera el crimen queda dulcificado con el azúcar de las palabras. Ahora bien, cuando los proyectos se comprometen a cumplir con la legalidad no parecen necesarias las máscaras verbales. Tal vez en su nueva travesía la izquierda abertzale no ha querido desprenderse de los hábitos de escapismo lingüístico para mantener así una tradición propia, un sello de marca, una seña de identidad. Su obstinada pelea contra la evidencia ha ido siempre acompañada de una no menos terca discrepancia de la semántica. Si el sujeto es la persona que ejerce la acción, el único «sujeto electoral» posible son los ciudadanos individualmente considerados, no las formaciones que piden su voto y que serían más bien «objeto» de la elección. En otro sentido, el sintagma «objeto electoral» se ha empleado a veces para designar los señuelos humanos o materiales usados para atraer el voto. O para las urnas y las papeletas, objetos de indiscutible presencia en la liturgia de los comicios. No se sabe todavía si la izquierda abertzale conseguirá participar en la próxima consulta; pero, de momento, ya ha emprendido su particular campaña de signos. De signos dislocados, como de costumbre.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo.

6 de octubre de 2009

PATOLOGÍA


A nadie se le ocurriría elogiar la sonrisa de otra persona diciendo que tiene «una odontología brillante», ni llamar «dietética severa» al régimen que sigue para perder peso. Odontología y dietética son dos ciencias, como lo son la patología (el estudio de las enfermedades), la geografía (el conocimiento de la Tierra) o la climatología (la ciencia del clima). Y sin embargo oímos sin cesar expresiones como «el paciente padecía patologías previas», «a X le han diagnosticado una patología grave», «el sistema económico sufre una patología avanzada». Quieren decir males, dolencias, enfermedades. La tendencia pedantesca a emplear el nombre de una rama del saber para referirse a la cosa que es objeto de su estudio viene de tiempo atrás. Todos recordarán expresiones del estilo de «a lo largo y ancho de toda la geografía nacional» o «la corrida hubo de suspenderse debido a la mala climatología». Pero el vicio va creciendo hasta límites insospechados. «Patología» es el caso más llamativo –el caso más patológico, digamos-, pues no sólo circula en la calle sino que se oye en boca de los mismos especialistas. Con esa ridícula pose que adoptan los galenos para darse importancia, nos hablan tan a menudo de «patologías» que se diría que han desaparecido los enfermos porque ya no hay «enfermedades». Rizando el rizo, el ayuntamiento de una ciudad cercana ha puesto en marcha un programa de cursos de salud dirigidos a «personas con patologías médicas». Como si pudiera haberlas de otro tipo. Otro síntoma preocupante de alguna de las enfermedades -que no patologías- padecidas por nuestro sufrido idioma.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 3.10.09