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4 de enero de 2012

El huevo y la castaña




¿Tan extraordinario resulta que un señor mayor sea distinguido con un doctorado honoris causa como para llevar la noticia a la primera plana? El título no suele recaer en jovencitos, sino que más bien se reserva a gente de larga trayectoria y muchos años a las espaldas. Uno recuerda más de un caso de eminencias que fallecieron antes de que pudiera culminar el trámite de concesión porque la burocracia universitaria estuvo más lenta que la ley de vida. Pero ahora no ha ocurrido nada de esto. Todo se reduce a que el protagonista del notable hecho leyó su tesis doctoral con ochenta años, y el tribunal le concedió la calificación de sobresaliente cum laude, otro latinajo. Hay mucho mérito en el animoso jubilado, es cierto, y ha hecho bien el periódico dando relieve al caso. Pero adjudicarle en la prensa por error un doctorado honoris causa viene a quitar valor a su proeza, pues mientras que la mención cum laude se consigue a pulso, tras defender ante un tribunal una tesis que bien puede haber costado unos añitos de estudio e investigación, lo otro es un título honorífico sujeto a la discrecionalidad de las universidades. Vamos, que se parecen entre sí lo que un ovum a una castanea.

(Diario de Navarra, 3.1.2012)

24 de enero de 2010

STATU QUO



La posición socioeconómica de una persona, su poder adquisitivo o la mayor o menor fortuna de que disponga suele ser designada con el nombre latino de «estatus», que bien pudiera ser sinónimo de ‘clase social’. El término se emplea preferentemente para los niveles más altos de la escala («disfruta de un estatus privilegiado», «gracias a su trabajo ha subido de estatus»), pero nada impide aplicarlo también a situaciones menos acomodadas. Muy diferente es otro latinajo en apariencia próximo: «statu quo». Es locución de empleo restringido para los asuntos de política internacional, si bien puede extenderse a otras situaciones donde se quiera hablar de equilibrio entre fuerzas, de calma más o menos estable o de situación mantenida sin variaciones a lo largo de cierto tiempo. En estricta observancia del latín sería preferible completarlo con la preposición: «in statu quo», pero empleado como sustantivo admite perfectamente la forma conocida. Lo que resulta incorrecto es agregar esa –s final de «status», tal como se hace a menudo y como hizo un conocido grupo musical británico: «Status Quo». Literalmente significa ‘en el mismo estado’, ‘en el estado actual’, luego debe mantener la terminación en vocal propia del ablativo latino. Y otra aclaración respecto a su fonética: por el mismo respeto al latín, la segunda parte de la fórmula ha de pronunciarse con acento en la o, y no rompiendo el diptongo con el acento en la u. Es cosa sabida de antiguo, pero se ve que hay que repetirla mientras sigamos oyendo hablar de “estátus cúo” (sic) una y otra vez.