Magnífico. Y el resto de la noticia no tiene desperdicio.
31 de enero de 2010
Titulares de enero
Magnífico. Y el resto de la noticia no tiene desperdicio.
27 de enero de 2010
REVULSIVO
26 de enero de 2010
La ¿profesión? va por dentro
25 de enero de 2010
TORTILLA ESTATAL
24 de enero de 2010
STATU QUO
La posición socioeconómica de una persona, su poder adquisitivo o la mayor o menor fortuna de que disponga suele ser designada con el nombre latino de «estatus», que bien pudiera ser sinónimo de ‘clase social’. El término se emplea preferentemente para los niveles más altos de la escala («disfruta de un estatus privilegiado», «gracias a su trabajo ha subido de estatus»), pero nada impide aplicarlo también a situaciones menos acomodadas. Muy diferente es otro latinajo en apariencia próximo: «statu quo». Es locución de empleo restringido para los asuntos de política internacional, si bien puede extenderse a otras situaciones donde se quiera hablar de equilibrio entre fuerzas, de calma más o menos estable o de situación mantenida sin variaciones a lo largo de cierto tiempo. En estricta observancia del latín sería preferible completarlo con la preposición: «in statu quo», pero empleado como sustantivo admite perfectamente la forma conocida. Lo que resulta incorrecto es agregar esa –s final de «status», tal como se hace a menudo y como hizo un conocido grupo musical británico: «Status Quo». Literalmente significa ‘en el mismo estado’, ‘en el estado actual’, luego debe mantener la terminación en vocal propia del ablativo latino. Y otra aclaración respecto a su fonética: por el mismo respeto al latín, la segunda parte de la fórmula ha de pronunciarse con acento en la o, y no rompiendo el diptongo con el acento en la u. Es cosa sabida de antiguo, pero se ve que hay que repetirla mientras sigamos oyendo hablar de “estátus cúo” (sic) una y otra vez.
21 de enero de 2010
CHULETA
20 de enero de 2010
*TRIPLETE de Ronaldinho
19 de enero de 2010
Hartas de poner rabitos
18 de enero de 2010
EFECTIVO

―¿Encontraste trabajo, pues? ¿Y qué haces?
―Soy efectivo, desde hace dos años.
―¿Efectivo?
―Sí, efectivo del Ejército.
Tarde o temprano, tenía que ocurrir. Lo que empezó siendo una imprecisión estereotipada y luego pasó a convertirse en un tópico periodístico se ha empezado a instalar en el habla común como eufemismo profesional.
16 de enero de 2010
14 de enero de 2010
*DESHAUCIO
13 de enero de 2010
ENGELANTE
HAITÍ
12 de enero de 2010
*Cocreta
11 de enero de 2010
*DESHECHOS
TIRITAR
10 de enero de 2010
PARÁSITO
James Ensor, El banquete del hambre, 1915.Fuera del reino animal llamamos «parásito» al individuo molesto e indeseable que se aprovecha del trabajo de otro sin dar ni golpe, que vive a expensas del sudor ajeno y que manifiesta una extrema habilidad a la hora de arrimarse a los buenos, es decir, a aquellos de quienes puede obtener mayor beneficio. Es, claro está, una metáfora sacada de la zoología. No sin acierto, pues los parásitos humanos actúan a semejanza de piojos, lombrices, termitas y otros simpáticos bichitos. Pero el origen de la palabra «parásito» es más honroso. Viene del griego «parasitós», voz formada a partir del prefijo «para» (junto a) y el lexema «sitos» (trigo). El término se aplicó inicialmente a ciertos empleados públicos de alto rango a quienes se encomendaba el control de las cosechas de cereal y de la elaboración del pan, dos de los pilares de la economía del Estado y del bienestar de sus ciudadanos. Por la importancia de su misión y por la fama de hombres íntegros que les acompañaba, los «parásitos» gozaban del máximo reconocimiento social, lo cual les llevó a ocuparse también de la preparación de banquetes rituales. Al «parasitós» se le atribuía un exquisito buen gusto y un paladar digno del mayor sibarita. De ahí surgió la tendencia a llamar «parásito» al invitado en la mesa, y, más tarde, a cualquier comensal. Pero, dado que los invitados comen a costa de otros, «parásito» fue poco a poco deslizándose hacia el territorio semántico de lo que hoy llamaríamos «gorrón». Es decir, que de un vocablo elogioso salió una acepción despectiva y envilecida. El capricho de los cambios de significado hizo que el funcionario de prestigio se transformara con el tiempo en un despreciable aprovechado. Alguien dirá que las palabras hacen justicia poética, sobre todo al ver la alegría con que algunos cargos públicos manejan su visa oro.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios', de El Correo, 9.01.2010.
9 de enero de 2010
8 de enero de 2010
Un sobretodo para los días de frío
7 de enero de 2010
Criterios ortográficos
(Gonzalo Correas, Ortografia Kastellana nueva i perfeta. En Salamanca en kasa de Xazinto Tabernier, inpresor de la Universidad, año 1630).
6 de enero de 2010
*AVALANZARSE
5 de enero de 2010
MUS

Como es día de juguetes y de juegos, he aquí una vieja hipótesis sobre el origen vasco de la palabra mus:
4 de enero de 2010
ELECTROLINERA

3 de enero de 2010
(DI)LAPIDAR
2 de enero de 2010
CONTROLAR

1 de enero de 2010
29 de diciembre de 2009
GRAMÁTICA PARDA
28 de diciembre de 2009
PLACEBO

22 de diciembre de 2009
13 de diciembre de 2009
1 de diciembre de 2009
Nueva gramática

23 de noviembre de 2009
CORSARIOS
16 de noviembre de 2009
PENA DE TELEDIARIO
Será tal vez debido al efecto multiplicador de la televisión y otros medios, pero es asombrosa la facilidad con que las voces recién inventadas prenden en el idioma. No habrá pasado un mes desde la primera vez que oímos hablar de la «pena de telediario» y ya no hay columnista, articulista o tertuliano que no la emplee. Vaya por delante que se trata de un feliz acierto. Así como hay penas de muerte, de privación de libertad o de trabajos forzados, existen las de escarnio público. Antes se aplicaban atando al reo en la picota o paseándolo embreado y emplumado a lomos de un burro por las calles del pueblo, y ahora el instrumento de tortura aplicado es la televisión. Alguien es detenido por sospechoso, o llamado a declarar ya sea como testigo o como imputado, y el principio de presunción de inocencia queda abolido desde el momento en que las cámaras lo muestran saliendo del furgón policial a la entrada de los juzgados. Con el sintagma «pena de telediario» se expresa esa especie de condena sumarísima dictada por la opinión pública, una condena inapelable y sin reparación ante la que el penado queda indefenso. Parece ser que «pena de telediario» empezó a usarse como queja por parte de algunos detenidos en la ‘Operación Pretoria’, a quienes la cámara indiscreta captó esposados y cargando una bolsa con sus pertenencias camino de la Audiencia Nacional. De entonces a aquí, aunque haya llovido poco, la etiqueta es aplicada a todos cuantos aparecen de esa guisa en las pantallas. Un buen hallazgo verbal, si no fuera por la insistente y machacona repetición.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 14.11.09
15 de noviembre de 2009
PUYAS y PULLAS
9 de noviembre de 2009
REINO, *REYNO
3 de noviembre de 2009
Unas eñes perdidas junto a la cuna del español

29 de octubre de 2009
Suspenso en Gramática
28 de octubre de 2009
Desollando la ortografía
26 de octubre de 2009
Una lengua de pobres y de gángsters
19 de octubre de 2009
ESCOÑAR
Pocos años atrás el hablante medio aún sabía cambiar de registro según las situaciones en que se encontrara. Era consciente de que no se puede usar el mismo tono en una conversación informal y en una entrevista de trabajo, y de que tampoco los términos empleados para comunicarse con los amigos en el bar son recomendables en la defensa de una tesis doctoral. La riqueza de un idioma se mide entre otras cosas por su capacidad de ofrecer variantes diversas para cada circunstancia. De un tiempo a esta parte, sin embargo, se van rompiendo las barreras entre los distintos niveles de uso. Tan pronto encontramos un titular de prensa redactado en alegres términos de argot como oímos a un profesor que en sus clases combina la preceptiva jerga académica con giros y modismos decididamente vulgares. Hay quien cree que un taco soltado en mitad de una noticia radiofónica pone color al relato. En las cámaras parlamentarias suenan con frecuencia voces importadas de los graderíos. Y la Universidad ha abierto las puertas de sus aulas y sus departamentos a expresiones que antes sólo empleaba la gente del bronce. El coloquialismo ha ido penetrando en los registros científicos, en el habla culta, en la lengua del periodismo hablado y escrito e incluso en los usos administrativos. ¿Igualitarismo mal entendido? ¿Economía de medios? ¿Pura y simple ignorancia? Quién sabe. El hecho comprobado es que el idioma va perdiendo sus matices, y al hacerlo se priva de recursos para resolver situaciones diferentes al tiempo que engendra equívocos y malentendidos por doquier. Nos queda el consuelo de saber que a cambio dentro de poco todos rebuznaremos de forma semejante.
17 de octubre de 2009
ANTIGUAS PESETAS

8 de octubre de 2009
Magistral
6 de octubre de 2009
PATOLOGÍA

