31 de enero de 2010

Titulares de enero

Dejo unas cuantas perlas halladas este mes que termina en periódicos de aquí y allá:



El autor del delito se convierte, por inercia periodística, en el autor, sin más. Tendrá que llamar a un abogado de la SGAE para que lo defienda.





El campanazo, sí, porque lo que es la campanada...






ABC se apunta a la moda de titular sin partículas ... Y aquí no cabe la excusa de siempre, la del maldito espacio. Al tratarse de una noticia digital, queda sitio para artículos, preposiciones e incluso adjetivos, si fuera menester.




Magnífico. Y el resto de la noticia no tiene desperdicio.




Otra costumbre reciente: introducir coloquialismos en las noticias.





Es ya tan frecuente que aburre volver a decirlo. Los efectivos no se numeran, los efectivos son otra cosa.


Conexión inhalámbrica, sí. Por vía nasal.




E inhalámbrico, también en masculino.












Crecimiento negativo, un oxímoron bastante repetido. En cuanto al *incapié, sin comentarios.

27 de enero de 2010

REVULSIVO


«Revulsivo» es un término propio de la medicina y de la farmacia que se aplica a ‘todo aquello que provoca o produce revulsión’. Y la revulsión es, según el DRAE, un medio curativo consistente en «producir congestiones o inflamaciones en la superficie de la piel o de las mucosas, mediante diversos agentes físicos, químicos y aun orgánicos». Son revulsivos, por ejemplo, los purgantes y aquellos otros remedios que producen un mal menor con el fin de provocar una reacción de defensa contra otro mal peor. Hoy crece su empleo metafórico en otros ámbitos, como el de los deportes de competición: «El gol recibido por el equipo actuó como revulsivo para sus atacantes». O en las relaciones personales: «La reprimenda de sus padres fue un revulsivo para que se esforzase más en los estudios». Sin embargo, cada vez es más frecuente encontrarlo como erróneo sinónimo de «estímulo» en el sentido positivo de la palabra: «Este premio literario va a ser un revulsivo para la prometedora carrera de Fulano»; «El gol marcado [no el recibido] actuó como revulsivo para sus atacantes»; «La subida de sueldos fue un revulsivo que mejoró la productividad». No: en estos casos ha de hablarse de «aliciente» (‘cosa agradable que anima a hacer algo’, según María Moliner), «impulso», «refuerzo» o «estímulo». Para usar «revulsivo» con propiedad es necesario que haya habido un daño, por pequeño que éste sea, a resultas del cual el perjudicado cobra fuerzas, se ve espoleado, toma una decisión o pone mayor empeño y firmeza en su propósito. En cierto modo, para que algo sea revulsivo tiene que resultar al menos un poco «repulsivo».

ECUAVÓLEY


26 de enero de 2010

La ¿profesión? va por dentro


Bien mirado, puede ser un acierto expresivo. La cronista explica que su entrevistada está exhausta pero lo disimula, es decir, que «la procesión va por dentro». Y al mismo tiempo quiere destacar cómo deja de lado la fatiga para mostrar su despacho y hablar de las cosas del cargo, de esa «profesión» que lleva en la sangre. ¿Por qué, pues, no tomarse la licencia de transformar la frase proverbial para darle más sentido? También el idioma sabe hacer virtud de la necesidad.

25 de enero de 2010

TORTILLA ESTATAL


El bar Izaro de Bilbao conquistó el título de campeón de España de tortillas de patatas (también llamada «tortilla española») del año 2009. Y lo anuncia en sus vitrinas tal como puede verse en la foto. En el local sirven un pincho de tortilla formidable, pero el cliente, que ha leído el reclamo de «tortilla estatal», percibe al comerlo un cierto saborcillo a papel del BOE. Será aprensión.


(Bilbao, 16.01.2010)

24 de enero de 2010

STATU QUO



La posición socioeconómica de una persona, su poder adquisitivo o la mayor o menor fortuna de que disponga suele ser designada con el nombre latino de «estatus», que bien pudiera ser sinónimo de ‘clase social’. El término se emplea preferentemente para los niveles más altos de la escala («disfruta de un estatus privilegiado», «gracias a su trabajo ha subido de estatus»), pero nada impide aplicarlo también a situaciones menos acomodadas. Muy diferente es otro latinajo en apariencia próximo: «statu quo». Es locución de empleo restringido para los asuntos de política internacional, si bien puede extenderse a otras situaciones donde se quiera hablar de equilibrio entre fuerzas, de calma más o menos estable o de situación mantenida sin variaciones a lo largo de cierto tiempo. En estricta observancia del latín sería preferible completarlo con la preposición: «in statu quo», pero empleado como sustantivo admite perfectamente la forma conocida. Lo que resulta incorrecto es agregar esa –s final de «status», tal como se hace a menudo y como hizo un conocido grupo musical británico: «Status Quo». Literalmente significa ‘en el mismo estado’, ‘en el estado actual’, luego debe mantener la terminación en vocal propia del ablativo latino. Y otra aclaración respecto a su fonética: por el mismo respeto al latín, la segunda parte de la fórmula ha de pronunciarse con acento en la o, y no rompiendo el diptongo con el acento en la u. Es cosa sabida de antiguo, pero se ve que hay que repetirla mientras sigamos oyendo hablar de “estátus cúo” (sic) una y otra vez.

21 de enero de 2010

CHULETA


«Chuleta» es un viejo término del argot estudiantil que se mantiene hoy día en toda su plenitud. Pero el lenguaje burocrático de las universidades ya lo asedia y propone otras formas de denominar ese minúsculo trozo de papel que tantas vidas académicas ha salvado, que tantos aprobados ha procurado, que tanta picaresca estudiantil ha sostenido. Aunque la tecnología suministra nuevos artilugios y procedimientos para copiar en los exámenes, la chuleta sigue reinando en nuestras aulas. Por eso, cuando los reglamentos de la Universidad de Sevilla hablan de «objeto material involucrado en una incidencia», todos sabemos que se refieren a las entrañables chuletas, sea por la vía del sinónimo, sea por la del hiperónimo.

20 de enero de 2010

*TRIPLETE de Ronaldinho



Seguramente los cronistas no son conscientes del prodigioso acontecimiento, pero lo que están contándonos en realidad es algo que no suele ocurrir en los campos de fútbol: que Ronaldinho consiguió una secuencia de tres nucleótidos en un ácido nucleico, y en concreto en un ARN mensajero. Porque es eso lo que significa la voz «triplete». Si pretendían referirse a un conjunto de tres cosas (tres goles, por ejemplo), el término apropiado es «tripleta». Quizá parezca raro, pero así es el léxico del español y no hay razón para cambiarlo.

19 de enero de 2010

Hartas de poner rabitos


Aunque se preste a malentendidos, el eslogan es inocente. Corresponde a una campaña feminista a favor del «lenguaje inclusivo» y de la llamada «igualdad de género» en el uso del idioma. Viejo asunto, en el que no dejan de tener alguna razón ni quienes denuncian los excesos sexistas ni quienes defienden la inalterabilidad de unos signos gramaticales tras los cuales no hay intención discriminatoria alguna. Pero es lógico que los/las inspectores/as de igualdad estén hartas/os de enmendar morfemas a diestro y siniestro, y en particular de tener que poner femeninos «rabitos» (no es un oxímoron) para que las opresoras oes no se impongan sobre las marginadas aes. Si creen que esa es la fórmula, no debe extrañar que insistan en ella. Pero en el lema de la campaña hay más que palabras: tanto como el componente verbal importa el icónico. Vean la forma de rematar el texto con la imagen de un objeto portador de rabito. Encantador, ¿no les parece?

18 de enero de 2010

EFECTIVO


Oído en una parada de autobús:


―¿Encontraste trabajo, pues? ¿Y qué haces?
―Soy efectivo, desde hace dos años.
―¿Efectivo?
―Sí, efectivo del Ejército.


Tarde o temprano, tenía que ocurrir. Lo que empezó siendo una imprecisión estereotipada y luego pasó a convertirse en un tópico periodístico se ha empezado a instalar en el habla común como eufemismo profesional.

16 de enero de 2010

DELANTE *SUYO



El error está en añadir al adverbio ese incorrecto posesivo suyo, pero queda agravado porque en este caso es innecesario. Con decir simplemente «tenía delante» hubiera bastado: ya queda claro que tenía la habitación delante de él.


(El País, 16.01.2010. Cortesía de P.)

14 de enero de 2010

ERIGIR

La plaza se erige campeona. Premio para la plaza.

(Diario de Noticias, 12.01.2010)

*DESHAUCIO




La palabra desahucio ya es fea por lo que representa, pero hay quien consigue hacerla aún más desagradable cambiándole de lugar esa hiriente hache.

13 de enero de 2010

ENGELANTE


Ya se sabe que las palabras de la meteorología dan mucho juego en las conversaciones de ascensor, pero también en los blogs de desocupados maniáticos del idioma. He aquí uno de esos vocablos. Engelante. La prensa de hoy habla de «lluvia engelante» para describir un curioso fenómeno que, al menos en mi tierra, ha hecho las delicias del gremio del automóvil, sector talleres de chapa y pintura. Un buen estropicio. Yo creo que la lluvia engelante es la «lluvia helada» de toda la vida, pero dicho de forma más técnica tal vez. Aquí se ha formado una tertulia sobre el asunto, donde interviene gente de buen criterio. En otros sitios se da una explicación más técnica. La lluvia engelante ocasiona otro sintagma nuevo: el «hielo negro». Y cerca de ella está también la cencellada, de la que hablábamos el pasado invierno. Lo dicho, que el tiempo es un buen tema de reflexión filológica.

HAITÍ


La Fundéu, siempre dispuesta a facilitarnos el trabajo, acaba de enviar el siguiente mensaje que por su extraordinario interés me permito reproducir aquí:

«La Fundación del Español Urgente considera oportuno informar de que la forma correcta de escribir el nombre del país antillano afectado por un terremoto la pasada noche es Haití».

Una aclaración necesaria. Hasta no recibirla me debatía en un mar de dudas sobre si tenía que escribir Ayti, Haithi, Ahiti, Aityh o Haýti. Se agradece.

12 de enero de 2010

*Cocreta




No se escandalicen. Es un nombre de marca. De marca de camisetas. Da la impresión de que los creadores utilizan a propósito el vulgarismo para aprovechar el impacto de la informalidad y el desenfado en su clientela potencial, se supone que juvenil. Leyes del naming. Queda por saber si los usuarios captarán el chiste o, por el contrario, en caso de tener éxito el producto se impondrá el metaplasmo cocreta entre las nuevas generaciones. Cosas más raras se han visto.

11 de enero de 2010

*DESHECHOS


Puestos a buscar excusas, fíjense en las cajas: un poco deshechas sí que están, ¿no les parece?


Diario de Noticias, 11.01.2010

TIRITAR


Me preguntan si este titular es correcto. ¿Y por qué no iba a serlo? Es cierto que los manuales de estilo y de bien hablar suelen acudir a «tiritar de frío» como ejemplo usual de redundancia, teniendo en cuenta ―dicen― que sólo se puede tiritar por efecto del frío. Pero no es así. El DRAE define tiritar como ‘temblar o estremecerse de frío o por causa de fiebre, de miedo, etc.’ Señala tres motivos distintos de las tiritonas y deja abierta la posibilidad de otros más. Para María Moliner tiritar es ‘temblar de frío o por efecto de la fiebre’. Y Seco propone ‘temblar de frío o de miedo’. Así que el complemento «de frío» añade una precisión semántica tal vez innecesaria en estas circunstancias, pero en modo alguno redundante. ¿O sí?

10 de enero de 2010

PARÁSITO

James Ensor, El banquete del hambre, 1915.

Fuera del reino animal llamamos «parásito» al individuo molesto e indeseable que se aprovecha del trabajo de otro sin dar ni golpe, que vive a expensas del sudor ajeno y que manifiesta una extrema habilidad a la hora de arrimarse a los buenos, es decir, a aquellos de quienes puede obtener mayor beneficio. Es, claro está, una metáfora sacada de la zoología. No sin acierto, pues los parásitos humanos actúan a semejanza de piojos, lombrices, termitas y otros simpáticos bichitos. Pero el origen de la palabra «parásito» es más honroso. Viene del griego «parasitós», voz formada a partir del prefijo «para» (junto a) y el lexema «sitos» (trigo). El término se aplicó inicialmente a ciertos empleados públicos de alto rango a quienes se encomendaba el control de las cosechas de cereal y de la elaboración del pan, dos de los pilares de la economía del Estado y del bienestar de sus ciudadanos. Por la importancia de su misión y por la fama de hombres íntegros que les acompañaba, los «parásitos» gozaban del máximo reconocimiento social, lo cual les llevó a ocuparse también de la preparación de banquetes rituales. Al «parasitós» se le atribuía un exquisito buen gusto y un paladar digno del mayor sibarita. De ahí surgió la tendencia a llamar «parásito» al invitado en la mesa, y, más tarde, a cualquier comensal. Pero, dado que los invitados comen a costa de otros, «parásito» fue poco a poco deslizándose hacia el territorio semántico de lo que hoy llamaríamos «gorrón». Es decir, que de un vocablo elogioso salió una acepción despectiva y envilecida. El capricho de los cambios de significado hizo que el funcionario de prestigio se transformara con el tiempo en un despreciable aprovechado. Alguien dirá que las palabras hacen justicia poética, sobre todo al ver la alegría con que algunos cargos públicos manejan su visa oro.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios', de El Correo, 9.01.2010.

9 de enero de 2010

Lucubraciones


¿Seguro que no había otra forma de decirlo?


(elmundo.es, 9.01.2010)

DANTESCO


Dantesco. Claro, de Edmundo Dantès.

8 de enero de 2010

Un sobretodo para los días de frío


En situaciones de emergencia, la gramática queda en segundo plano y lo que importa -sobre todo- es ir bien abrigado. Qué más da que sea con adverbios o con sustantivos. No, si a veces da la impresión de que el idioma es sabio incluso cuando se cometen errores al usarlo.


(Diario de Navarra, 8.01.2010)

7 de enero de 2010

Criterios ortográficos



Pero de vez en cuando conviene echar la vista atrás para no perder la perspectiva. Parte de este escrito podría pasar perfectamente por uno de esos chafarrinones que se perpetran hoy en día a punta de SMS. Pero no. El texto lo escribió en 1630 uno de los grandes filólogos del Siglo de Oro. La diferencia está en que a Correas le asistían el conocimiento de las lenguas clásicas y su propósito de fijar un criterio ortográfico riguroso en el todavía vacilante español escrito, mientras que los mensajes telefónicos se escriben generalmente al buen tuntún.





(Gonzalo Correas, Ortografia Kastellana nueva i perfeta. En Salamanca en kasa de Xazinto Tabernier, inpresor de la Universidad, año 1630).

6 de enero de 2010

*AVALANZARSE

(rosario3.com, 27.12.2009)

Yo también soy partidario de no aplicarle ningún castigo, porque *avalanzarse, con v, tiene que ser como abalanzarse pero muy poquito, suavemente. Dadas las circunstancias, pudiera decirse que hasta con devoción.

5 de enero de 2010

MUS

Feliz noche de Reyes.



Como es día de juguetes y de juegos, he aquí una vieja hipótesis sobre el origen vasco de la palabra mus:






D. J. L. O. D. Z. , Reglas fixas, que conviene usar en el juego llamado Mus - : característico de vizcainos y navarros. En Pamplona en la imprenta de Xavier de Gadea ... se vende en la librería de Antonio Chueca, 1804. Pág. 5.

4 de enero de 2010

ELECTROLINERA


Hay neologismos necesarios que vienen a ampliar el léxico porque previamente la realidad se ha ensanchado y pide a gritos una palabra que denomine el nuevo espacio. ¿Cómo oponerse, pues, a esta incipiente «electrolinera» creada por analogía con «gasolinera»? Es cierto que le sobra alguna sílaba, pero, ¿lo entendería alguien si se dijese «electrera»?


(La foto, de El País)

3 de enero de 2010

(DI)LAPIDAR


Dilapidación, claro. Es que lapidando a la gente se derrochan muchas piedras.


(La Razón, 29 de diciembre de 2009)

2 de enero de 2010

CONTROLAR


El adolescente de botellón con unas cuantas copas encima dice «yo controlo» para dar a entender que todavía no ha alcanzado el estado de ebriedad. «No te preocupes, yo controlo», tranquiliza otro al colega que se resiste a prestarle la moto. «Yo lo pongo, yo controlo» fue también el lema de una reciente campaña del Ministerio de Sanidad sobre el uso de preservativos. El verbo «controlar» ha adquirido un nuevo significado más allá de su sentido original de dominar cosas o personas. No obstante, se trata de un cambio más gramatical que semántico, puesto que el uso ampliado no se aleja de la noción de ‘ejercer control’ propia del término desde sus orígenes. La diferencia estriba en que, mientras hasta hace poco el verbo requería un complemento directo (controlar la bebida, controlar un vehículo, controlar los impulsos), ahora se emplea como intransitivo. En una sociedad en la que los controles proliferan por doquier y el sujeto se ve sometido a continuas inspecciones y vigilancias, el «yo controlo» despojado de complemento se erige como una suerte de declaración de autonomía. Al decir «yo controlo», el hablante reafirma su dominio sobre sí mismo a la vez que reivindica el derecho de ser considerado dueño de sus actos. «Controlar» pasa a ser, pues, tener seguridad en las propias capacidades. Bien es verdad que tendemos a presumir de lo que carecemos. Cuanto más se afirma alguien en el «yo controlo», mayores dudas despierta acerca de su sentido de la responsabilidad. Quizá este nuevo uso de «controlar» herede el valor del pronominal «controlarse» (dominarse, refrenar los arrebatos, moderarse), pero con la particularidad de que suprime el pronombre. El hecho es que, por si no nos bastaba con los infinitos controles a que nos vemos sometidos en la vida moderna, se diría que ahora todo el mundo se ha vuelto «controlador».



Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 3.01.10.

1 de enero de 2010

Días Tónicos


Días átonos.
Pamplona, Calle Comedias. Octubre 2009.

29 de diciembre de 2009

GRAMÁTICA PARDA

Entendemos por «gramática parda» esa forma de inteligencia ―astucia, más bien― que no se cultiva mediante el estudio (es decir, la «gramática») sino que se adquiere en la universidad de la vida, en el contacto con la realidad, en el enfrentamiento con problemas prácticos que requieren un fino olfato para percibirlos y una intuición especial para resolverlos. El dotado de gramática parda es hábil, taimado, zorro y pícaro, aunque aparente tener pocas luces. Pero ¿por qué «parda»? El pardo es el color del campo y también el color de las ropas del rústico. En la literatura del Siglo de Oro, los campesinos aparecen a menudo como tipos de comedia. Los dramaturgos daban a estos personajes ―a menudo encargados de hacer el papel de gracioso o ‘donaire’― un tratamiento de doble cara: por un lado cometían torpezas que les llevaban a ser objeto de burla, pero por otro representaban la quintaesencia de la sabiduría popular. Algunos de los epítetos con que se le conocía eran precisamente «pardo», «pardal» o «pardillo», por el color de su indumentaria: el mismo de ese «pardo sayo que esconde un alma fea» de que hablaría más tarde Antonio Machado. De «pardillo» ha llegado hasta nuestros días la acepción vejatoria de ‘bobo’ o ‘ingenuo’. Pero el aldeano pardo del teatro, aunque sufriera los engaños y las mofas de los más cultivados, salía finalmente victorioso en las disputas con los estudiantes merced a la superioridad de sus habilidades naturales sobre la malicia de los más instruidos. En el siglo XVIII, el Diccionario de Autoridades recogerá la expresión ya con el sentido que conocemos hoy: «Gramática parda. Se llama la ciencia natural que tiene el hombre que no ha sido educado y con la cual discurre en sus negocios de suerte que no se deje engañar. Díjose parda porque su método en hablar es basto y rudo».

28 de diciembre de 2009

PLACEBO


El lenguaje especializado de la medicina penetra fácilmente en el habla común. Desde los nombres de las enfermedades hasta las denominaciones de los fármacos, hay un amplio repertorio de vocablos que ya no sólo forma parte de nuestro registro habitual, sino que abastece también nuestras metáforas. Así ocurre con el «efecto placebo», usado para aquellos remedios que actúan por simple sugestión. Para la medicina, el placebo es un fármaco sin principios activos que se administra a los enfermos reales o imaginarios haciéndoles creer en unas propiedades de las que carece. Es el cerebro del paciente, y no la sustancia administrada, el que transmite al organismo la orden de curación. Los antiguos galenos ya conocían el procedimiento, al que se le llamó «mica panis»: una simple miga de pan con apariencia de medicamento que, convenientemente disimulada, ayudaba a los enfermos más aprensivos a sanar por sí solos. De ahí el término «placebo», primera persona del singular del futuro del verbo latino «placere» (complacer, dar gusto a alguien). «Te complaceré», promete el falso fármaco. «Te haré creer que estás curado, y eso te ayudará a curar». El procedimiento opuesto a éste es el conocido desde tiempos remotos como «dorar la píldora». Muchas medicinas resultaban repugnantes por su olor o por su sabor, lo que provocaba el rechazo de los enfermos. A fin de que la ingestión fuera menos desagradable, la píldora era coloreada o bañada en dulce («dorada»). Fuera del ámbito médico, dorar la píldora significa hoy presentar como grato o por lo menos como llevadero lo que comporta dolor, sacrificio o daño. Tal vez el éxito de ambas expresiones tenga algo que ver con estos tiempos de apariencias e imposturas en los que nada es lo que parece y vamos continuamente de los placebos a las píldoras doradas, y a la inversa.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 26.12.09

22 de diciembre de 2009

Felices días geniales




Diccionario de Autoridades, 1726

13 de diciembre de 2009

Bebidas


Salamanca, 3.12.09

1 de diciembre de 2009

Nueva gramática


Han transcurrido tres cuartos de siglo desde la edición de la Gramática de la lengua española de la RAE que aún sigue en vigor. Es cierto que en ese tiempo la Academia no se ha quedado quieta en cuestiones gramaticales. En 1973 ya publicó el ‘Esbozo’, considerado un «mero anticipo provisional» de un texto que nunca llegó a redactarse. Por eso, pese a la calidad de la obra, no se le dio validez normativa. Pasarían más de veinte años hasta la aparición de la Gramática del académico Emilio Alarcos Llorach (1994), editada por la RAE pero expresamente presentada como ‘obra de autor’, esto es, no representativa del punto de vista oficial de la institución. Auspiciada también por la Docta Casa, en 1999 se publicó la formidable ‘Gramática descriptiva de la lengua española’, un trabajo de equipo dirigido por Ignacio Bosque y Violeta Demonte. A lo largo de sus tres volúmenes, con más de cinco mil páginas en total, pretendía –y lograba- mostrar la realidad del idioma en toda su amplitud; pero tampoco estaba pensada para ‘limpiar, fijar y dar esplendor’ al español sino sólo para describirlo exhaustivamente. Es ahora cuando, por fin, la Academia va a presentar su nueva gramática normativa, fruto de once años de trabajo junto con las otras veintiuna Academias de la Lengua española. En los primeros días de diciembre verá la luz gracias al mismo Ignacio Bosque, director y coordinador de las tareas. Toda una garantía. Suele creerse que, mientras el léxico muda con cierta rapidez, la morfología, la sintaxis y la fonética no sufren alteraciones con el paso del tiempo. No es así. Por fin la comunidad castellanohablante va a contar con unas reglas gramaticales modernizadas y adaptadas a la evolución de la lengua en los últimos decenios. Esperemos que sean unas reglas sensatas.


Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 28.11.09

23 de noviembre de 2009

CORSARIOS


Con motivo del secuestro del Alakrana por parte de unos piratas somalíes, las informaciones han hablado en varios casos de «corsarios». Es un error. Leve, pero error. Por «piratas» siempre se ha conocido a los bandoleros marinos, desde el origen griego de la palabra («peiratés», el que prueba fortuna, el que se lanza a la aventura). El pirata ataca barcos y se apropia de ellos o los saquea actuando fuera de la ley. En cambio el corsario era un marino contratado por el gobierno de un país para atacar las naves enemigas. Aunque su actividad fuera el pillaje, estaba amparada por la «patente de corso», un permiso escrito y de valor legal según las leyes marítimas. Tal vez los piratas de las costas de Somalia obedecen órdenes de alguien más poderoso, pero sin documentos que lo acrediten; de modo que en propiedad no pueden denominarse «corsarios». Ni siquiera si pensamos que gozan de cierta impunidad, en el sentido metafórico que hoy damos al sintagma «patente de corso»: bula, licencia tácita, consentimiento interesado. Sí parece más aceptable decir «bucaneros» o «filibusteros» como también hemos podido leer estos días, puesto que ambos eran hipónimos de ‘piratas’. Los primeros actuaban en el Caribe y recibían su nombre de los habitantes de la isla de La Española (quienes comerciaban con carne ahumada en un «bucán» o parrilla). Los filibusteros, cuyo campo de acción se extendía por las costas antillanas sin aventurarse nunca por alta mar, fueron así llamados por asociación con el «fly boat» o barco ligero y rápido en que se desplazaban. Estos sí eran piratas, no corsarios.


Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 21.11.09

16 de noviembre de 2009

PENA DE TELEDIARIO

Será tal vez debido al efecto multiplicador de la televisión y otros medios, pero es asombrosa la facilidad con que las voces recién inventadas prenden en el idioma. No habrá pasado un mes desde la primera vez que oímos hablar de la «pena de telediario» y ya no hay columnista, articulista o tertuliano que no la emplee. Vaya por delante que se trata de un feliz acierto. Así como hay penas de muerte, de privación de libertad o de trabajos forzados, existen las de escarnio público. Antes se aplicaban atando al reo en la picota o paseándolo embreado y emplumado a lomos de un burro por las calles del pueblo, y ahora el instrumento de tortura aplicado es la televisión. Alguien es detenido por sospechoso, o llamado a declarar ya sea como testigo o como imputado, y el principio de presunción de inocencia queda abolido desde el momento en que las cámaras lo muestran saliendo del furgón policial a la entrada de los juzgados. Con el sintagma «pena de telediario» se expresa esa especie de condena sumarísima dictada por la opinión pública, una condena inapelable y sin reparación ante la que el penado queda indefenso. Parece ser que «pena de telediario» empezó a usarse como queja por parte de algunos detenidos en la ‘Operación Pretoria’, a quienes la cámara indiscreta captó esposados y cargando una bolsa con sus pertenencias camino de la Audiencia Nacional. De entonces a aquí, aunque haya llovido poco, la etiqueta es aplicada a todos cuantos aparecen de esa guisa en las pantallas. Un buen hallazgo verbal, si no fuera por la insistente y machacona repetición.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 14.11.09

15 de noviembre de 2009

PUYAS y PULLAS

Cuando una persona provoca, insulta o zahiere a otra mediante algún dicho agudo, se dice que le ha lanzado una «pulla». Es pulla un término de origen portugués (de «pulha»), registrado en castellano desde antes del siglo XVII. En sus sátiras contra Góngora («Yo te untaré mis obras con tocino / porque no me las muerdas, Gongorilla»), Quevedo acusa al poeta cordobés de ser «docto en pullas, cual mozo de camino». Y es que la pulla de entonces no era cualquier broma. Las pullas tenían por lo general un componente obsceno y grosero propio de gente vulgar. Las decían los muchachos al cruzarse con desconocidos, los gamberros en las fiestas y «los labradores que están cultivando los campos, especialmente en tiempos de siega y vendimia», según el Diccionario de Autoridades. Hoy la pulla puede ser una simple broma, pero ha de tener ánimo provocador y no estar exenta de carga ofensiva. Tal vez por eso muchos dicen y escriben «puya», cada vez con más frecuencia: «en la rueda de prensa, el sindicalista lanzó unas puyas al Gobierno»; «no hay que reaccionar frente a las puyas de los envidiosos». La puya es el arma del picador, esa punta afilada de la garrocha con la que hiere al toro en la suerte de varas. La casi inapreciable diferencia fonética entre una y otra palabra ha propiciado el trasvase semántico y justifica en cierto modo la confusión. Ahora bien, si nos quedamos con el erróneo «puya», convendría recordar que la acción del picador se llama «puyazo», término que admite también un uso figurado muy cercano al significado de «pulla». Así que quedémonos en «lanzar pullas» o «dar puyazos», mejor que «puyas».

9 de noviembre de 2009

REINO, *REYNO



Nos mofamos, y con sobrado motivo, del parlamentario vasco que días atrás presentó una moción referida a las recientes hinundaciones (sic), pero no preocupa gran cosa ver cómo aquí mismo se comete otro atentado contra la ortografía, con los agravantes de deliberación e insistencia. Nadie ha explicado aún por qué en rótulos oficiales, en camisetas de equipos deportivos patrocinados por organismos oficiales y en anuncios de instalaciones que van a ser construidas con fondos oficiales se lee «Reyno (sic) de Navarra» cuando los diccionarios sólo registran «reino», con i latina.




Ya sabemos de la alta autoridad que ostentan los miembros de nuestro Gobierno. Los consejeros con su presidente a la cabeza tienen poder sobre nuestros tributos, nuestras carreteras y nuestros colegios. Pueden hacer y deshacer en política de sanidad o de vivienda. Están facultados para dictar normas en materia de orden público, transportes, servicios sociales, cultura, turismo y, más aún, culturismo. Pero las normas ortográficas todavía no están bajo su dominio. En tanto no se negocien transferencias con la RAE y la ortografía pase a ser competencia foral –miedo da sólo pensarlo-, un reino es un reino y quien lo escriba de otra forma no aprueba la selectividad. Se supone que la ocurrencia responde a motivos estéticos. Algún aristotélico convencido de la superioridad de Atenas sobre Roma consideró que la y griega daba más prestancia que la latina. Y que el sello del Reyno (sic) evocaría tiempos de antiguas grandezas y de pasadas pompas y boatos palaciegos. Memeces. Uno ve escrito Reyno y saca la impresión de estar en tierra de paletos. Es como asistir a esos mercados que se hacen llamar medievales donde luego venden productos de nuevo cuño y pasean tipos ataviados con ropajes barrocos. Nos han colado una y griega absurda, apergaminada y cómica creyendo que nos daban una denominación de origen. Y, lejos de enmendar el error, lo quieren redoblar ahora colocándolo en el nombre del nuevo macrohospital. No sé a ustedes, pero a mí no me agradaría ingresar en él y que vinieran a atenderme unos curanderos del siglo XV.

3 de noviembre de 2009

Unas eñes perdidas junto a la cuna del español


Todos sabemos de programas informáticos que juegan malas pasadas con los textos. Una de las más frecuentes deriva del uso de ciertos tipos de letra que no contienen o no reconocen determinados signos. Ocurre a menudo con la letra eñe, a la que vemos convertida en un diabólico jeroglífico cuando creíamos haberla escrito correctamente. Entonces no queda otra solución que desandar el camino, renunciar a la tipografía elegida y emplear en su lugar otra que nos dé más garantías. Sin embargo en Nájera no lo han hecho así. Hace ya algún tiempo, el ayuntamiento de la histórica villa colocó estos paneles informativos de notables dimensiones en uno de los puntos más pisados por los turistas. En ellos se lee una rara transcripción de la palabra «año», y por partida doble, según señala el dedo índice del visitante en la fotografía:



Cuesta creer que los responsables municipales no se hayan percatado de la errata. Y más increíble todavía resulta que no se haya retirado el mupi teniendo en cuenta que a pocos kilómetros de aquí nació la lengua castellana. Últimamente La Rioja ha tomado el español como bandera, cosa muy legítima. Y la letra Ñ se ha convertido en una especie de símbolo de identidad que sella esa relación secular entre la región y nuestro idioma. Una muestra la ofrece el jardincillo donde flores rojas y blancas dibujan una magnífica eñe, en el parque de San Miguel de Logroño, la capital riojana:




Tanto Logroño como Nájera son paso forzoso para todo aquel que desee visitar el lugar donde fueron hallados los primeros testimonios escritos de nuestra lengua romance. Sólo por eso merecería la pena que el Gobierno de La Rioja tomase cartas en el asunto y corrigiera de una vez ese imperdonable error tipográfico.

29 de octubre de 2009

Suspenso en Gramática




«El Comité recuerda a todos los militantes su obligación de abstenerse y de hacer manifestaciones o declaraciones». es decir, que los militantes están obligados a hacer manifestaciones o declaraciones y además a abstenerse de algo, no se sabe bien qué.


«[...] advierte que, de producirse [...]»: de producirse, ¿qué? ¿La obligación de abstenerse, tal vez?


La Dirección del PP ha suspendido cautelarmente a Costa y a la sintaxis.

28 de octubre de 2009

Desollando la ortografía

«Vacía la bacina del bovino que está al lado de la bobina metálica y después llénala de agua antes de que se desolle las patas». La ganadora del certamen aragonés de Ortografía tuvo que escribir correctamente esta frase para obtener su título y acceder así a la fase nacional del Campeonato. De la nota de prensa del Gobierno de Aragón se desprende que la autoría de la frase corresponde al jurado, compuesto por profesores de bachillerato y unos técnicos del departamento de Educación. Todo en orden, si no fuera porque una de las palabras dictadas no existe. El verbo desollar es irregular y se conjuga como contar, es decir: diptonga en las formas cuya raíz es tónica (desuellas, desuellan, desuelle, etc.). Por tanto, ese desolle es erróneo. Y no sólo eso; da la impresión de que ha sido puesto ahí para averiguar si los estudiantes saben distinguir el uso de y y ll (es decir, *desolle frente a desoye). Hasta el momento, no se sabe de ningún competidor o profesor suyo que haya pedido la repetición de la prueba alegando esta inexplicable anomalía.

26 de octubre de 2009

Una lengua de pobres y de gángsters

Hablar español es de pobres. Lo ha vuelto a decir Salvador Sostres, un conocido columnista catalán, que ya expresó esta opinión hace cuatro años en un artículo donde mostraba una lista de países hispanohablantes y de sus bajas renta per cápita. En cambio, Islandia, Noruega o Suecia, «donde se hablan lenguas minoritarias como la catalana», presentan unos indicadores económicos muy superiores. Un argumento aplastante. Ahora Sostres ve confirmada su teoría con nuevos datos de la realidad. En un reciente comentario de su blog trae el ejemplo de Brasil, «el único país en emergencia de aquella zona que no tiene la lengua española como propia» y que «va a organizar unos Juegos olímpicos después de haber derrotado a Madrid». Y, ya puesto, da otro paso adelante y afirma que el castellano no sólo es cosa de pobres, sino «de gángsters». La prueba: esa «insólita colección de dictadores y mafiosos como Castro, Chávez o Zelaya, que hablan todos español». ¿También eso es casualidad?, se pregunta el periodista convencido de tener toda la razón. Aunque admite que el español tiene «la mejor literatura del mundo», lo cierto es que «allá donde se habla español, las cosas no funcionan». Necesitamos personas como Sostres. La filología comparada, la sociología y el derecho penal deben estar agradecidas a estos talentos, los únicos capaces de desvelarnos las secretas conexiones entre idioma y miseria, entre las lenguas y el delito. Ya saben: si hablan español, aunque no se hayan dado cuenta llevan dentro un mendigo y a la vez un tipo con metralleta dispuesto a cualquier cosa. Cuidado con lo que dicen.

19 de octubre de 2009

ESCOÑAR


He aquí un titular audaz, inusitado, de impacto, que desafía las reglas de uso del idioma. Me enteré de él gracias a C. C., justamente cuando acababa yo de enviar para su publicación el artículo que viene más abajo. No creo que haga falta decir mucho más:



COLOQUIALISMO


Pocos años atrás el hablante medio aún sabía cambiar de registro según las situaciones en que se encontrara. Era consciente de que no se puede usar el mismo tono en una conversación informal y en una entrevista de trabajo, y de que tampoco los términos empleados para comunicarse con los amigos en el bar son recomendables en la defensa de una tesis doctoral. La riqueza de un idioma se mide entre otras cosas por su capacidad de ofrecer variantes diversas para cada circunstancia. De un tiempo a esta parte, sin embargo, se van rompiendo las barreras entre los distintos niveles de uso. Tan pronto encontramos un titular de prensa redactado en alegres términos de argot como oímos a un profesor que en sus clases combina la preceptiva jerga académica con giros y modismos decididamente vulgares. Hay quien cree que un taco soltado en mitad de una noticia radiofónica pone color al relato. En las cámaras parlamentarias suenan con frecuencia voces importadas de los graderíos. Y la Universidad ha abierto las puertas de sus aulas y sus departamentos a expresiones que antes sólo empleaba la gente del bronce. El coloquialismo ha ido penetrando en los registros científicos, en el habla culta, en la lengua del periodismo hablado y escrito e incluso en los usos administrativos. ¿Igualitarismo mal entendido? ¿Economía de medios? ¿Pura y simple ignorancia? Quién sabe. El hecho comprobado es que el idioma va perdiendo sus matices, y al hacerlo se priva de recursos para resolver situaciones diferentes al tiempo que engendra equívocos y malentendidos por doquier. Nos queda el consuelo de saber que a cambio dentro de poco todos rebuznaremos de forma semejante.


Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 17.10.09.

17 de octubre de 2009

ANTIGUAS PESETAS


Si nadie dice «antiguos maravedíes» ni «antiguos doblones», ¿por qué aplicar el adjetivo a otra moneda que también ha sido retirada de la circulación –aunque más recientemente- como es la peseta? Pero el sintagma parece condenado a perpetuarse. Se diría que nadie es capaz de hablar hoy en día de la unidad monetaria española del siglo pasado sin referirse a ella como «las antiguas pesetas». Como si existiesen unas «pesetas modernas» que hubieran venido a ocupar el lugar de las anteriores. El empleo enfático y redundante del epíteto tiene, sin embargo, una explicación de orden psicológico. Para algunos es la manifestación arrogante de menosprecio respecto de un tiempo pasado. Pero mucha gente acostumbra todavía a traducir a pesetas los precios en euros porque necesita la equivalencia para poder dar el valor exacto a las magnitudes medidas en la nueva moneda. Seiscientos euros son cien mil pesetas, treinta valen lo mismo que cinco mil. Esa operación mental no siempre se expresa en voz alta. Con mayor o menor esfuerzo, el viejo intenta disimular que sus escalas pertenecen a otra época, que no consigue ponerse del todo al día, que está condenado a cargar de por vida con una calculadora imaginaria que convierta los euros en pesetas y a la inversa. Pero otras veces la palabra «peseta» se nos escapa de la boca como una confesión delatora de pertenencia a un tiempo pretérito. Y entonces nos apresuramos a añadir «antiguas» para así parecer más actuales. Hay varias generaciones de españoles educados en la peseta que nunca lograrán desprenderse de su sombra, y para quienes el innecesario apéndice de «antiguas» ayuda a quitarse edad. Tal vez ahí esté la clave.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 10 octubre 2009.

8 de octubre de 2009

Magistral


Un día tan señalado merecía una carta así de brillante. Aparte de la hondura del contenido, se ve que el autor ha dado lo mejor de sí mismo esmerando la prosa, escribiendo en un castellano preciso a la par que elegante, pulcro a la vez que diáfano, observando la máxima corrección en el empleo del idioma. En una palabra: magistral. No podía ser menos en el día de los maestros.

6 de octubre de 2009

PATOLOGÍA


A nadie se le ocurriría elogiar la sonrisa de otra persona diciendo que tiene «una odontología brillante», ni llamar «dietética severa» al régimen que sigue para perder peso. Odontología y dietética son dos ciencias, como lo son la patología (el estudio de las enfermedades), la geografía (el conocimiento de la Tierra) o la climatología (la ciencia del clima). Y sin embargo oímos sin cesar expresiones como «el paciente padecía patologías previas», «a X le han diagnosticado una patología grave», «el sistema económico sufre una patología avanzada». Quieren decir males, dolencias, enfermedades. La tendencia pedantesca a emplear el nombre de una rama del saber para referirse a la cosa que es objeto de su estudio viene de tiempo atrás. Todos recordarán expresiones del estilo de «a lo largo y ancho de toda la geografía nacional» o «la corrida hubo de suspenderse debido a la mala climatología». Pero el vicio va creciendo hasta límites insospechados. «Patología» es el caso más llamativo –el caso más patológico, digamos-, pues no sólo circula en la calle sino que se oye en boca de los mismos especialistas. Con esa ridícula pose que adoptan los galenos para darse importancia, nos hablan tan a menudo de «patologías» que se diría que han desaparecido los enfermos porque ya no hay «enfermedades». Rizando el rizo, el ayuntamiento de una ciudad cercana ha puesto en marcha un programa de cursos de salud dirigidos a «personas con patologías médicas». Como si pudiera haberlas de otro tipo. Otro síntoma preocupante de alguna de las enfermedades -que no patologías- padecidas por nuestro sufrido idioma.

Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 3.10.09

5 de octubre de 2009

Al límite


- Mira lo que dijo Griñán el otro día: «La administración autonómica está al límite de sus disponibilidades financieras».

- Y ezo, ¿qué quiere dezí?

- Que la Hunta e'tá tiesa.

- Ah.


Marcador silábico:

Político 26 - Castizo 6