9 de octubre de 2006

NEGRO SOBRE BLANCO


Poner una cosa «negro sobre blanco» es lo mismo que ponerla por escrito. Se entiende que la tinta de pluma o de imprenta tiene normalmente color negro, mientras que es blanco el papel sobre el que se escribe o donde quedan impresas las letras que componen un texto. La locución, traducida del francés «noir sur blanc», es en español mucho más reciente de lo que pudiera creerse; hace diez o quince años sólo la empleaban unos pocos escritores y en contadas ocasiones.

Hoy es de uso común. Tal vez en su popularización pudo influir un espacio televisivo dedicado a los libros y conducido por Fernando Sánchez Dragó, quien dio en ponerle precisamente ese título como una forma de homenaje a las letras. En cualquier caso, el significado de la expresión es fácilmente reconocible y, por tanto, no tendría que plantear ningún problema de significado ni de uso. Pero he aquí que muchos acostumbran a invertir los términos y hablan de «poner blanco sobre negro», quizá por enfatizar la idea de claridad que se les supone a las ideas cuando son plasmadas en la escritura. Ciertamente el blanco está más cercano a la noción de ‘claro’ que lo negro (es decir, lo oscuro y tenebroso). Pero casi nadie escribe sobre superficies negras, exceptuando a los maestros cuando lo hacen en las pizarras (cuyo color, por otra parte, dejó de ser negro hace tiempo; así que en propiedad habría que decir «blanco sobre verde»). De modo que dejémoslo en «negro sobre blanco» para no crear confusión donde no debiera haberla.

(Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 4.10.06)

1 comentario:

Ander Izagirre dijo...

Lo malo es que algunos escriben amarillo sobre rosa.