En torno a la Semana Santa es inevitable encontrar en los periódicos estas pinceladas de ingenio. Si a todo sufrimiento prolongado tendemos a aplicarle la metáfora del «viacrucis», ¿por qué no llamar crucifixiones a los desenlaces fatales, como el del Cholo Simeone? Finalmente no podrá comer el turrón al frente del San Lorenzo en la enloquecida Liga argentina. Pero el toque de la noticia está en una crucificción que parecería una ejecución de mentirijillas, ficticia, inventada, si no fuese porque el dimitido míster ha reconocido: «Está bien, no da para más». En bíblico, «Consummatum est» (Juan, 19, 30).
6 de abril de 2010
5 de abril de 2010
Palabra de cine
Si nuestros mayores subrayaban las situaciones de la vida con frases extraídas del Tenorio o La vida es sueño, nosotros nos abastecemos de citas textuales de La guerra de las Galaxias o Lo que el viento se llevó. También en esto la cultura del cine ha desbancado a la del teatro. José Luis Borau ha dado fe de ello en su último libro: Palabra de cine. El realizador aragonés explica cómo las expresiones del celuloide han penetrado en el habla de la época más allá de lo que imaginábamos, hasta el punto de que ya no es posible exclamar «Nadie es perfecto» sin que al fondo se vislumbre la peluca de Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco, ni resistirse a la tentación de soltar un consolador «Siempre nos quedará París» para afrontar las adversidades como Humphrey Bogart en Casablanca, ni dejar de recordar a E. T. cada vez que alguien recuerda su hogar con un nostálgico «Mi casa». Tan hondo están muchas frases del cine instaladas en nuestro inconsciente, que a algunas les sucede lo mismo que a otras de origen literario: que el uso las ha pervertido. Y así, igual que Cervantes jamás puso en boca de su hidalgo aquello de «Con la Iglesia hemos topado», tampoco Ingrid Bergman dice al pianista «Tócala otra vez, Sam». El celuloide forma parte no sólo de nuestra memoria sentimental, sino de la memoria lingüística de varias generaciones. Unas decían cosas como «no te enrolles, Charles Boyer» o «a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre», y otras han incorporado a la comunicación cotidiana «Este puede ser el comienzo de una buena amistad», «¡Más madera!» o «Que la fuerza te acompañe». El idioma siempre se ha nutrido de los entretenimientos populares, desde los juegos de azar hasta la tauromaquia y desde las representaciones teatrales hasta el fútbol. El cine, como demuestra Borau en su libro, no podía faltar a la norma.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 27.03.2010.
3 de abril de 2010
Un raro llamado González Ruano
Se ve que las nuevas generaciones de periodistas ya no han oído hablar de quien hasta hace poco fue tenido por maestro de articulistas, a este lado y al otro del Océano. Ruano se ha convertido en Roaro, lo que viene a ser casi lo mismo que raro.
(Milenio.com, México, 2.04.2010)
2 de abril de 2010
CERÚLEO
Es cosa sabida la diferencia entre «céreo» (‘del color de la cera’) y «cerúleo» (‘del color azul, propio del mar, de los cielos despejados, de los grandes lagos’, según la lírica definición del DRAE). Pero ¿cómo resistirse a la tentación pedantesca, incluso en una crónica de fútbol? Lo curioso del caso es que hubiera bastado con el primero de los adjetivos, sin lanzarse a las procelosas aguas de la literatura enfática para acabar incurriendo en penalti. Total: que por obra y gracia del cronista, el merengue acabó traspasado al Celta de Vigo, como quien dice.
INCRÉDULAS
1 de abril de 2010
EQUIS
Matemática, enigmática, aristocrática. Así calificaban la letra ‘x’ Gregorio Salvador y Juan Ramón Lodares en su ‘Historia de las letras’. Matemática, por tratarse de un signo de uso preferente en el álgebra y por ser el primer número redondo (el diez) de la numeración romana. Enigmática, por servir para indicar la incógnita, lo desconocido, lo que no acaba de mostrar su identidad. Y aristocrática en la medida que parece ennoblecer aquellos términos en que ocupa el lugar de la ‘j’ (Xerez, México, Ximénez). Cuentan que a Valle-Inclán, entrevistado al pie del barco que le iba a trasladar a México, le preguntaron por qué viajaba a aquel país, a lo que él respondió: «Porque se escribe con x». La equis es algo más que un símbolo del montón, y tal vez por eso el idioma le ha permitido la rareza de dar a su nombre nuevos usos. En frases como «dentro de equis años sólo habrá coches eléctricos» o «necesitamos equis personas para hacer el trabajo», «equis» ha pasado a ser un adjetivo numeral. Viene a señalar la existencia de un número de unidades indeterminado, pero contable, que el hablante no puede precisar. Sin duda es un uso traído del valor de la letra x en el lenguaje de las ciencias. Los matemáticos árabes empleaban la palabra «sayun» (‘algo’, ‘cosa’) como símbolo de lo incógnito, y en sus escritos abreviaban esa palabra reduciéndola a la letra ‘x’. En «equis años» o «equis personas» el adjetivo mantiene la idea de lo incógnito, como un número que no nos es dado conocer pero que está ahí, a la espera de ser descubierto. Los «equis años» serán alguna vez ocho o veinte. Las «equis personas» podrán contarse y serán cuatro o nueve. Por eso parece dudoso el empleo, tan de moda, del adjetivo «equis» junto a nombres no contables: «equis tiempo», «equis gente». No caben un «doce gente» ni un «cuarenta tiempo» que permitan el uso numeral de la palabra. ¿Incorrecto, por tanto? Otra incógnita, como no podía ser menos tratándose de la equis.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 20.03.2010
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 20.03.2010
22 de marzo de 2010
Gaitas y cajas
A veces dudamos entre templar gaitas o echar con cajas destempladas. Son dos posibles reacciones frente a personas enojadas (o enojosas) que ponen a prueba nuestra paciencia. Cuando «templamos gaitas» se supone que tratamos de tranquilizar al airado, de suavizar las palabras y los modos para quitar hierro a la situación. Si, en cambio, echamos a alguien que nos importuna «con cajas destempladas» es que montamos en cólera y lo ahuyentamos con maneras aún más desconsideradas que las suyas. Ambas expresiones tienen en común no solo la antonimia de los verbos «templar» y «destemplar». En su acepción más amplia, «templar» es moderar, mitigar, atemperar. Aplicado a los instrumentos musicales, viene a ser lo mismo que «afinar», es decir, «disponer un instrumento de manera que pueda producir con exactitud los sonidos que le son propios», según el diccionario. En el mismo sentido, «destemplar» equivale a «desafinar». Y es que tanto «gaita» como «caja» son instrumentos musicales, uno de viento y el otro de percusión. Puede ser que la gaita tomara su nombre de la voz gótica «gaits» (‘cabra’), debido a que su fuelle estaba hecho de piel del animal. Y con piel u otro tejido de animal se cubría asimismo la boca superior de las «cajas» o tambores a los que hace referencia la segunda locución. En la milicia, cuando un soldado era expulsado del ejército se le aplicaba la pena añadida de exposición a la vergüenza pública haciendo que su salida fuera anunciada ruidosamente con «cajas destempladas», o sea, con el sonido de los tambores a los que se había aflojado el parche para producir un efecto más sordo y molesto. Son las metáforas de dos tipos de comportamiento humano; todos nos comportamos como gaiteros gallegos unas veces y como percusionistas turolenses otros, según temperamentos o según el viento que nos sople en cada caso.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 13.03.2010.
12 de marzo de 2010
In memóriam
9 de marzo de 2010
A LA GREÑA

No está muy claro el origen de la voz «gresca», aunque parece estar relacionado con antiguos términos romances formados a partir del adjetivo latino «graescicus» (‘griego’). En los estereotipos medievales que oponían la figura del griego a la del romano, éste aparecía como refinado, culto y elegante, mientras que los helénicos cargaban con el sambenito de brutos y pendencieros. Es decir, tendentes a «armar gresca». Son dos los significados que registra hoy el castellano para «gresca». Por un parte, el festivo de ‘bulla’ o ‘algazara’, menos empleado, y por otra, el más común de riña’ o ‘disputa’. Cercano fonéticamente a «gresca» se encuentra el término «greña», que designa la cabellera revuelta y mal compuesta o, más precisamente, los mechones de la misma. El lenguaje popular creó la locución «a la greña» (usada sobre todo con el verbo «andar») para referirse a la relación de querella continua entre dos personas, ilustrada de modo gráfico por el hecho de tirarse de los pelos. La tendencia al coloquialismo que se va extendiendo en los medios de comunicación hace cada vez más frecuente la presencia de «a la greña» en noticias sobre controversias políticas, rivalidades deportivas, sucesos criminales y tira y aflojas económicos: «Junta y PP vuelven a la greña por la deuda histórica», leemos en un titular referido a Andalucía. «Magistrados progresistas y conservadores, a la greña», se dice en otro sobre la trastienda de la Judicatura. Pero empieza a aparecer repetidamente un erróneo «a la gresca» usado con el mismo significado: «Los estibadores, a la gresca», «Las direcciones de los partidos siguen a la gresca», «Morales se mete a la gresca entre Chávez y Uribe». Es comprensible. Hablar de «gresca» en estos casos tal vez tenga más lógica que mencionar la «greña». Pero el lenguaje es lo que es, y no conviene violentarlo ni siquiera aunque creamos que nos asiste la razón.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 6.03.10.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 6.03.10.
2 de marzo de 2010
HACER LA PESETA

Ha causado sensación el modo como un experto en lenguaje corporal exhibió sus habilidades en un paraninfo universitario, cuando mostró su dedo corazón a los jóvenes que vociferaban contra él. La imagen y los comentarios subsiguientes han corrido por medio mundo, pero con ellos iba una incógnita: ¿qué nombre recibe ese gesto de cordialidad? Casi todos lo están llamando «hacer la peineta», modismo desconocido en la tradición ―culta y popular― del idioma, y sin ninguna base que justifique la supuesta analogía. Parece ser que lo de «hacer la peineta» fue un idiotismo propalado muy recientemente por un seleccionador de fútbol, a quien los periodistas del ramo hicieron caso como si se tratase de un catedrático de filología o de paremiología. Pero el castellano ha usado siempre otro giro para referirse al gesto de marras: «hacer la peseta». Explica José María Iribarren en su imprescindible ‘El porqué de los dichos’ que antiguamente el reverso de la llamada «peseta columnaria», equivalente a cinco reales, mostraba la columna de Gades. Dada la semejanza entre esta figura y el dedo en posición vertical, el pueblo adoptó la expresión que llegaría hasta nuestros días. Y así consta en el diccionario académico, donde puede leerse: «Hacer la peseta: dar un corte de mangas». En rigor, el corte de mangas no es exactamente lo mismo, pero acompaña frecuentemente a la «peseta». Más parecido resulta «hacer la higa», movimiento que se traza con el puño cerrado y dejando asomar la punta del dedo pulgar entre los otros dedos, también en actitud desafiante. ¿Es un gesto obsceno el de «hacer la peseta»? Entre nosotros sin duda, pero no en otras lenguas. El francés, por ejemplo, lo llama «doigt d’honneur», pues lo que evoca es un lance guerrero: el de los soldados que antes de entrar en batalla amenazaban al enemigo con cortarle el dedo, en prueba de coraje y fiereza.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 27.02.2010.
21 de febrero de 2010
Lo que es el idioma
En la lengua hay términos y construcciones parasitarias que, pese a su inutilidad, se obstinan en tomar posición en la cadena hablada. Algunas son simples latiguillos con valor fático («bueno», «¿no es cierto?»), otras apoyan elementos del discurso («a ver», «te cuento») y otras, en fin, actúan como tics nerviosos reveladores de la falta de fluidez verbal del hablante («esto…», «pues»). No hay que menospreciar su fuerza y especialmente su capacidad de penetración. Quizá el caso más llamativo en el español actual sea el grupo «lo que es» antepuesto a los sustantivos como una especie de articulo dilatado. «Les aconsejo elegir lo que es la merluza en salsa», decía días atrás el camarero del restaurante a sus clientes. «Hay que cuidar lo que es la información», advertía un sociólogo en un debate público. Y un epidemiólogo sostenía la importancia de «dar a conocer lo que son los síntomas de la enfermedad». Quede claro que en determinadas situaciones «lo que es» está bien empleado: «llegó tarde a la cita, lo que es una falta de educación»; «hay que tener en cuenta lo que es y lo que no es conveniente». Pero, como podrá observarse, en estos casos cumple una función gramatical reconocible. Nuestro reproche va dirigido a ese otro «lo que es» superfluo, absurdo, producto de la hinchazón endémica que padece el idioma en algunos ámbitos de uso donde se diría que importa más alargar las palabras y las frases que servir a las necesidades comunicativas. La construcción ha alcanzado tal poder de contagio que hasta la primera autoridad institucional del español caía en sus redes en una reciente entrevista radiofónica. «La nueva gramática expone lo que son las variedades de los distintos países», dijo, y acto seguido: «La lengua española ha superado en cuanto a número a lo que son los hablantes del inglés». Y va en aumento.
Publicado en suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 20.2.2010.
Publicado en suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 20.2.2010.
18 de febrero de 2010
El primer mandamiento
Sin audacia, ¿qué sería de la publicidad? Teniendo en cuenta que el Consumo se ha erigido en una nueva religión, tiene sentido que sus proclamas se apropien del lenguaje bíblico para darle nuevo brillo. El «Amarás a Dios sobre todas las cosas», primer mandamiento del Decálogo de Moisés, se transforma así en «Amarás nuestras rebajas sobre todas las cosas», y ello apoyado en un angelical soporte icónico muy a tono con el motivo elegido. Pero no parece que haya intención sacrílega, sino alarde de ingenio lingüístico. Las rebajas se aplican a todos los géneros, es decir, «nuestras rebajas» son «sobre todas las cosas» puestas a la venta, no 'lo más importante de todo'. Una deliberada ambigüedad para que se vea que la soberbia del Mercado no alcanza a tanto.
INFOMERCIAL
«Infomercial» es un hipogrifo verbal formado a la nueva usanza, mediante la contracción de dos términos («información» y «comercial», en este caso) suprimiendo parte de cada uno. El neologismo ya viene así de fábrica, pues se usa en inglés (info[rmation+com]mercial) desde hace cierto tiempo. Se aplica a los espacios-anuncio de larga duración que promocionan determinados productos en el formato de teletienda (otro vocablo que tal baila), no pocas veces con contenidos hilarantes que, más que animar a la compra, invitan a meditar acerca de la naturaleza humana y la decadencia del sentido del ridículo.
14 de febrero de 2010
JUBILACIÓN, JUBILEO

No todos los jubilados sienten júbilo al abandonar definitivamente sus ocupaciones laborales, pero por lo general nuestra idea del trabajo es fiel a las raíces etimológicas del término. «Trabajo» viene de la voz latina «tripalium» que designaba cierto instrumento de tortura. Liberarse del tormento es motivo más que suficiente para ponerse a cantar, pues eso significa el verbo «iubilare»: lanzar gritos de alegría o «iubili», que eran las voces dadas por los campesinos en las celebraciones y en los ratos de expansión. La familia léxica de «júbilo», «jubilar» y «jubilación» está poblando estos días los periódicos por motivos de todos conocidos, y junto a ella aparece de vez en cuando el término «jubileo» que, aunque no lo parezca, es de otra estirpe. El jubileo no es lo mismo que la jubilación, ni siquiera en sentido figurado. Desde principios del siglo XIV se conoce por «jubileo» ―también «Año Santo»― una determinada celebración de la Iglesia, que tiene lugar cada cuarto de siglo, en la que los fieles pueden obtener la indulgencia plenaria por medio de la bendición papal. El jubileo cristiano tiene su origen en otra fiesta judía a la que el pueblo era convocado con el sonido del cuerno de un macho cabrío o «hayyobel», de donde le viene el nombre. Si la jubilación evoca al mundo de los pastores, el jubileo nos lleva al de las cabras, pero el parentesco entre los dos términos empieza y acaba en esa curiosa coincidencia. Bien es cierto que no han vivido totalmente de espaldas el uno del otro. Algunos estudiosos consideran que «jubileo» ha influido en «jubilación» porque ésta se obtenía cumplidos los 50 años de trabajo, aproximadamente el mismo tiempo que mediaba entre los primeros jubileos antes de que pasaran a celebrarse cada 25 años. En cualquier caso, sépase que no son palabras sinónimas.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 13.2.2010.
(La viñeta, de Oroz en Diario de Navarra)
(La viñeta, de Oroz en Diario de Navarra)
13 de febrero de 2010
Pepsi, Pesi
Lo de menos es que digan Pepsi, Pesi o lo que les venga en gana. Al fin y al cabo es un simple anuncio publicitario. Lo inquietante es el mensaje de fondo, esa Pesipedia ("qué más da cómo lo digas si al final es lo mismo") que transmite la idea de que las cosas se pueden decir de cualquier manera y de que el idioma no ha de someterse a los acuerdos de la comunidad de hablantes a la que pertenece.
11 de febrero de 2010
10 de febrero de 2010
Electrolinera (2)
Hablábamos días atrás de la palabra electrolinera, sobre la que la Fundéu acaba de emitir su dictamen. Nada que añadir.
9 de febrero de 2010
Un paseo por nuestras Academias (I)
El sitio de la Academia Salvadoreña de la Lengua está presidido por un señorial escudo con la leyenda In principio erat verbum. Eso, en principio. Porque luego, conforme uno husmea en sus páginas, llega a este «Catálogo de los libros en existencia en la biblioteca» que, por arte de magia acentual, se convierte en «Catalogó (sic)». Vale, una confusión la tiene cualquier Academia. Pero es el caso que, apenas empezada la relación de obras, entre los títulos consignados puede encontrarse un peculiar «Esbozó (sic) de una nueva gramática...». El habla salvadoreña tiene sus expresiones propias, aunque entre ellas no figura, que se sepa, la tendencia a convertir en agudas las palabras llanas y las esdrújulas. Pero si así lo escribe la Academia...
8 de febrero de 2010
El idioma en los fogones
«Este sector aúna una excelencia técnico-conceptual que se encuentra en el vértice de la pirámide creativa e integra el diseño sensorial y un proceso de elaboración de excelencia en cuanto a los procesos de elaboración basados en la calidad total [...]»
»Basque Culinary Center Fundazioa es la fundación constituida en marzo de 2009, cuyo fin es la formación y la investigación, la innovación y la transferencia de conocimiento y tecnología en las diferentes áreas de las ciencias gastronómicas, generando procesos de investigación colaborativa entre universidades, centros tecnológicos, empresas y organismos públicos, para desarrollar una red capaz de generar y transferir conocimiento, que pondrá en marcha el proyecto Basque Culinary Center [...]»
(Real Decreto 1640/2009, de ayuda a la fundación Basque Culinary Center)
Paladéenlo otra vez: Excelencia técnico conceptual. El vértice de la pirámide creativa. Integra el diseño sensorial y un proceso de elaboración de excelencia. Innovación y transferencia de conocimiento y tecnología. Generando procesos de investigación colaborativa. Generar y transferir conocimiento. Ñam, ñam. ¿No se les hace la boca agua?
7 de febrero de 2010
Compatible con la visibilidad
He aquí dos de los vocablos de moda que no pueden faltar en ningún texto de categoría: compatible y visibilidad. El cristal es «compatible con la visibilidad [11 sílabas] de la mezquita». O, lo que es lo mismo, deja ver [3 sílabas] la mezquita. Pero si el alcalde lo hubiera dicho de esta otra manera, ¿cómo se distinguiría del común de los mortales?
6 de febrero de 2010
Fútbol y concordancias

La denominación oficial de ciertos equipos de fútbol conserva ecos de pasadas épocas, resonancias de tiempos en que el imaginario simbólico de las colectividades se nutría de elementos hoy desaparecidos o en extinción. Por ejemplo, el sello de la realeza. Llevar en el nombre el título de «Real» ―con la consiguiente corona en el escudo― era un signo de prestigio. Aunque el naming deportivo de ahora también busca la distinción y la hipérbole, prefiere apoyarse en otros recursos más modernos, desde las siglas hasta las marcas comerciales. En el siglo XXI es difícil que alguien elija el epíteto «real» al inscribir su club en el registro de asociaciones deportivas. Pero lo cierto es que quienes ya llevan esa marca la ostentan con orgullo y sin el menor asomo de pudor republicano. Así, por ejemplo, el Real Madrid. O la Real Sociedad, a la que el universo futbolero ha concedido el privilegio de la antonomasia: es «La Real», sin más especificaciones. Pero el anacronismo también pasa factura gramatical en otros casos, como el de una Real Unión a la que todos colocan el artículo masculino («el Real Unión»). ¿Por qué la Sociedad es femenina y a la Unión se la hace masculina, siendo además clubes vecinos como quien dice? Por buscar alguna explicación, habrá que suponer que mientras los donostiarras aplican las normas de la concordancia según lo establecido, los iruneses se rigen por un omitido «club» o «equipo», masculino por tanto. Pero donde más rechina este tipo de desajustes es en el caso de el/la «Unión Deportiva Logroñés (sic)», un galimatías de géneros gramaticales sorprendente para todo el mundo excepto para la prensa y la afición riojanas. ¿Será que las bulas de que goza el deporte del balón en lo económico, lo social y lo comunicativo ―ya saben, fútbol es fútbol, como dijo alguien― se extienden también a lo lingüístico?
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 6.2.2010
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 6.2.2010
4 de febrero de 2010
1 de febrero de 2010
Doble versión
No siempre el diccionario nos saca de dudas en materia de corrección. A veces crea más confusiones, como ocurre con ciertas palabras que por alguna extraña razón presentan dos formas diferentes, ambas admitidas. En unos casos son restos de alguna vieja vacilación ortográfica que no se ha querido resolver («hierba» y «yerba», «reloj» y «reló»). En otros se debe a decisiones eternamente aplazadas acerca de la grafía de algunos neologismos («whisky» y «güisqui», «nailon» y «nilón»). Otros, en fin, mantienen términos evolucionados junto a variantes más arcaicas reacias a desaparecer, prácticamente en desuso («interrumpir» e «interromper», «rumorear» y «rumorar»). ¿Es bueno o malo para el idioma? Habrá opiniones en los dos sentidos, pero de lo que no cabe duda es de que se trata de una anomalía llamativa. ¿Por qué se puede escribir indistintamente «cebiche» y «seviche», pero no así *sebiche ni *ceviche? ¿No habría que decidirse de una vez por todas entre «flacidez» y «flaccidez», entre «feminidad» y «femineidad», entre «icono» e «ícono»? Hay casos en que el doblete de palabras crea situaciones curiosas: «forúnculo» es una deformación del más etimológico «furúnculo», pero este sin embargo está considerado por los hablantes como vulgar e incorrecto, no siéndolo. Tampoco comete ningún error quien escriba «impudicicia» en lugar de «impudicia», pues la primera de las formas no sólo está registrada, sino que es más fiel al «impudicitia» latino del que proviene. El infinitivo «pudrir» convive con «podrir», «palangana» con «palancana», «salpullido» es lo mismo que «sarpullido», y tanto vale «cantilena» como «cantinela», «marihuana» como «mariguana», «zarrapastroso» como «zaparrastroso». Y, para rizar el rizo, hay un verbo que admite hasta tres variantes correctas: «hibernar», «ivernar», «invernar». Tenemos, no cabe duda, una lengua llena de matices.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 30.01.2010.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 30.01.2010.
31 de enero de 2010
Titulares de enero
Dejo unas cuantas perlas halladas este mes que termina en periódicos de aquí y allá:


El autor del delito se convierte, por inercia periodística, en el autor, sin más. Tendrá que llamar a un abogado de la SGAE para que lo defienda.
El campanazo, sí, porque lo que es la campanada...


Magnífico. Y el resto de la noticia no tiene desperdicio.



ABC se apunta a la moda de titular sin partículas ... Y aquí no cabe la excusa de siempre, la del maldito espacio. Al tratarse de una noticia digital, queda sitio para artículos, preposiciones e incluso adjetivos, si fuera menester.
Magnífico. Y el resto de la noticia no tiene desperdicio.
Otra costumbre reciente: introducir coloquialismos en las noticias.
Es ya tan frecuente que aburre volver a decirlo. Los efectivos no se numeran, los efectivos son otra cosa.
27 de enero de 2010
REVULSIVO
«Revulsivo» es un término propio de la medicina y de la farmacia que se aplica a ‘todo aquello que provoca o produce revulsión’. Y la revulsión es, según el DRAE, un medio curativo consistente en «producir congestiones o inflamaciones en la superficie de la piel o de las mucosas, mediante diversos agentes físicos, químicos y aun orgánicos». Son revulsivos, por ejemplo, los purgantes y aquellos otros remedios que producen un mal menor con el fin de provocar una reacción de defensa contra otro mal peor. Hoy crece su empleo metafórico en otros ámbitos, como el de los deportes de competición: «El gol recibido por el equipo actuó como revulsivo para sus atacantes». O en las relaciones personales: «La reprimenda de sus padres fue un revulsivo para que se esforzase más en los estudios». Sin embargo, cada vez es más frecuente encontrarlo como erróneo sinónimo de «estímulo» en el sentido positivo de la palabra: «Este premio literario va a ser un revulsivo para la prometedora carrera de Fulano»; «El gol marcado [no el recibido] actuó como revulsivo para sus atacantes»; «La subida de sueldos fue un revulsivo que mejoró la productividad». No: en estos casos ha de hablarse de «aliciente» (‘cosa agradable que anima a hacer algo’, según María Moliner), «impulso», «refuerzo» o «estímulo». Para usar «revulsivo» con propiedad es necesario que haya habido un daño, por pequeño que éste sea, a resultas del cual el perjudicado cobra fuerzas, se ve espoleado, toma una decisión o pone mayor empeño y firmeza en su propósito. En cierto modo, para que algo sea revulsivo tiene que resultar al menos un poco «repulsivo».
26 de enero de 2010
La ¿profesión? va por dentro
Bien mirado, puede ser un acierto expresivo. La cronista explica que su entrevistada está exhausta pero lo disimula, es decir, que «la procesión va por dentro». Y al mismo tiempo quiere destacar cómo deja de lado la fatiga para mostrar su despacho y hablar de las cosas del cargo, de esa «profesión» que lleva en la sangre. ¿Por qué, pues, no tomarse la licencia de transformar la frase proverbial para darle más sentido? También el idioma sabe hacer virtud de la necesidad.
25 de enero de 2010
TORTILLA ESTATAL
El bar Izaro de Bilbao conquistó el título de campeón de España de tortillas de patatas (también llamada «tortilla española») del año 2009. Y lo anuncia en sus vitrinas tal como puede verse en la foto. En el local sirven un pincho de tortilla formidable, pero el cliente, que ha leído el reclamo de «tortilla estatal», percibe al comerlo un cierto saborcillo a papel del BOE. Será aprensión.
(Bilbao, 16.01.2010)
24 de enero de 2010
STATU QUO
La posición socioeconómica de una persona, su poder adquisitivo o la mayor o menor fortuna de que disponga suele ser designada con el nombre latino de «estatus», que bien pudiera ser sinónimo de ‘clase social’. El término se emplea preferentemente para los niveles más altos de la escala («disfruta de un estatus privilegiado», «gracias a su trabajo ha subido de estatus»), pero nada impide aplicarlo también a situaciones menos acomodadas. Muy diferente es otro latinajo en apariencia próximo: «statu quo». Es locución de empleo restringido para los asuntos de política internacional, si bien puede extenderse a otras situaciones donde se quiera hablar de equilibrio entre fuerzas, de calma más o menos estable o de situación mantenida sin variaciones a lo largo de cierto tiempo. En estricta observancia del latín sería preferible completarlo con la preposición: «in statu quo», pero empleado como sustantivo admite perfectamente la forma conocida. Lo que resulta incorrecto es agregar esa –s final de «status», tal como se hace a menudo y como hizo un conocido grupo musical británico: «Status Quo». Literalmente significa ‘en el mismo estado’, ‘en el estado actual’, luego debe mantener la terminación en vocal propia del ablativo latino. Y otra aclaración respecto a su fonética: por el mismo respeto al latín, la segunda parte de la fórmula ha de pronunciarse con acento en la o, y no rompiendo el diptongo con el acento en la u. Es cosa sabida de antiguo, pero se ve que hay que repetirla mientras sigamos oyendo hablar de “estátus cúo” (sic) una y otra vez.
21 de enero de 2010
CHULETA
«Chuleta» es un viejo término del argot estudiantil que se mantiene hoy día en toda su plenitud. Pero el lenguaje burocrático de las universidades ya lo asedia y propone otras formas de denominar ese minúsculo trozo de papel que tantas vidas académicas ha salvado, que tantos aprobados ha procurado, que tanta picaresca estudiantil ha sostenido. Aunque la tecnología suministra nuevos artilugios y procedimientos para copiar en los exámenes, la chuleta sigue reinando en nuestras aulas. Por eso, cuando los reglamentos de la Universidad de Sevilla hablan de «objeto material involucrado en una incidencia», todos sabemos que se refieren a las entrañables chuletas, sea por la vía del sinónimo, sea por la del hiperónimo.
20 de enero de 2010
*TRIPLETE de Ronaldinho
Seguramente los cronistas no son conscientes del prodigioso acontecimiento, pero lo que están contándonos en realidad es algo que no suele ocurrir en los campos de fútbol: que Ronaldinho consiguió una secuencia de tres nucleótidos en un ácido nucleico, y en concreto en un ARN mensajero. Porque es eso lo que significa la voz «triplete». Si pretendían referirse a un conjunto de tres cosas (tres goles, por ejemplo), el término apropiado es «tripleta». Quizá parezca raro, pero así es el léxico del español y no hay razón para cambiarlo.
19 de enero de 2010
Hartas de poner rabitos
Aunque se preste a malentendidos, el eslogan es inocente. Corresponde a una campaña feminista a favor del «lenguaje inclusivo» y de la llamada «igualdad de género» en el uso del idioma. Viejo asunto, en el que no dejan de tener alguna razón ni quienes denuncian los excesos sexistas ni quienes defienden la inalterabilidad de unos signos gramaticales tras los cuales no hay intención discriminatoria alguna. Pero es lógico que los/las inspectores/as de igualdad estén hartas/os de enmendar morfemas a diestro y siniestro, y en particular de tener que poner femeninos «rabitos» (no es un oxímoron) para que las opresoras oes no se impongan sobre las marginadas aes. Si creen que esa es la fórmula, no debe extrañar que insistan en ella. Pero en el lema de la campaña hay más que palabras: tanto como el componente verbal importa el icónico. Vean la forma de rematar el texto con la imagen de un objeto portador de rabito. Encantador, ¿no les parece?
18 de enero de 2010
EFECTIVO

Oído en una parada de autobús:
―¿Encontraste trabajo, pues? ¿Y qué haces?
―Soy efectivo, desde hace dos años.
―¿Efectivo?
―Sí, efectivo del Ejército.
Tarde o temprano, tenía que ocurrir. Lo que empezó siendo una imprecisión estereotipada y luego pasó a convertirse en un tópico periodístico se ha empezado a instalar en el habla común como eufemismo profesional.
16 de enero de 2010
14 de enero de 2010
*DESHAUCIO
13 de enero de 2010
ENGELANTE
Ya se sabe que las palabras de la meteorología dan mucho juego en las conversaciones de ascensor, pero también en los blogs de desocupados maniáticos del idioma. He aquí uno de esos vocablos. Engelante. La prensa de hoy habla de «lluvia engelante» para describir un curioso fenómeno que, al menos en mi tierra, ha hecho las delicias del gremio del automóvil, sector talleres de chapa y pintura. Un buen estropicio. Yo creo que la lluvia engelante es la «lluvia helada» de toda la vida, pero dicho de forma más técnica tal vez. Aquí se ha formado una tertulia sobre el asunto, donde interviene gente de buen criterio. En otros sitios se da una explicación más técnica. La lluvia engelante ocasiona otro sintagma nuevo: el «hielo negro». Y cerca de ella está también la cencellada, de la que hablábamos el pasado invierno. Lo dicho, que el tiempo es un buen tema de reflexión filológica.
HAITÍ
La Fundéu, siempre dispuesta a facilitarnos el trabajo, acaba de enviar el siguiente mensaje que por su extraordinario interés me permito reproducir aquí:
«La Fundación del Español Urgente considera oportuno informar de que la forma correcta de escribir el nombre del país antillano afectado por un terremoto la pasada noche es Haití».
Una aclaración necesaria. Hasta no recibirla me debatía en un mar de dudas sobre si tenía que escribir Ayti, Haithi, Ahiti, Aityh o Haýti. Se agradece.
12 de enero de 2010
*Cocreta
No se escandalicen. Es un nombre de marca. De marca de camisetas. Da la impresión de que los creadores utilizan a propósito el vulgarismo para aprovechar el impacto de la informalidad y el desenfado en su clientela potencial, se supone que juvenil. Leyes del naming. Queda por saber si los usuarios captarán el chiste o, por el contrario, en caso de tener éxito el producto se impondrá el metaplasmo cocreta entre las nuevas generaciones. Cosas más raras se han visto.
11 de enero de 2010
*DESHECHOS
Puestos a buscar excusas, fíjense en las cajas: un poco deshechas sí que están, ¿no les parece?
Diario de Noticias, 11.01.2010
TIRITAR
Me preguntan si este titular es correcto. ¿Y por qué no iba a serlo? Es cierto que los manuales de estilo y de bien hablar suelen acudir a «tiritar de frío» como ejemplo usual de redundancia, teniendo en cuenta ―dicen― que sólo se puede tiritar por efecto del frío. Pero no es así. El DRAE define tiritar como ‘temblar o estremecerse de frío o por causa de fiebre, de miedo, etc.’ Señala tres motivos distintos de las tiritonas y deja abierta la posibilidad de otros más. Para María Moliner tiritar es ‘temblar de frío o por efecto de la fiebre’. Y Seco propone ‘temblar de frío o de miedo’. Así que el complemento «de frío» añade una precisión semántica tal vez innecesaria en estas circunstancias, pero en modo alguno redundante. ¿O sí?
10 de enero de 2010
PARÁSITO
James Ensor, El banquete del hambre, 1915.Fuera del reino animal llamamos «parásito» al individuo molesto e indeseable que se aprovecha del trabajo de otro sin dar ni golpe, que vive a expensas del sudor ajeno y que manifiesta una extrema habilidad a la hora de arrimarse a los buenos, es decir, a aquellos de quienes puede obtener mayor beneficio. Es, claro está, una metáfora sacada de la zoología. No sin acierto, pues los parásitos humanos actúan a semejanza de piojos, lombrices, termitas y otros simpáticos bichitos. Pero el origen de la palabra «parásito» es más honroso. Viene del griego «parasitós», voz formada a partir del prefijo «para» (junto a) y el lexema «sitos» (trigo). El término se aplicó inicialmente a ciertos empleados públicos de alto rango a quienes se encomendaba el control de las cosechas de cereal y de la elaboración del pan, dos de los pilares de la economía del Estado y del bienestar de sus ciudadanos. Por la importancia de su misión y por la fama de hombres íntegros que les acompañaba, los «parásitos» gozaban del máximo reconocimiento social, lo cual les llevó a ocuparse también de la preparación de banquetes rituales. Al «parasitós» se le atribuía un exquisito buen gusto y un paladar digno del mayor sibarita. De ahí surgió la tendencia a llamar «parásito» al invitado en la mesa, y, más tarde, a cualquier comensal. Pero, dado que los invitados comen a costa de otros, «parásito» fue poco a poco deslizándose hacia el territorio semántico de lo que hoy llamaríamos «gorrón». Es decir, que de un vocablo elogioso salió una acepción despectiva y envilecida. El capricho de los cambios de significado hizo que el funcionario de prestigio se transformara con el tiempo en un despreciable aprovechado. Alguien dirá que las palabras hacen justicia poética, sobre todo al ver la alegría con que algunos cargos públicos manejan su visa oro.
Publicado en el suplemento cultural 'Territorios', de El Correo, 9.01.2010.
9 de enero de 2010
8 de enero de 2010
Un sobretodo para los días de frío
En situaciones de emergencia, la gramática queda en segundo plano y lo que importa -sobre todo- es ir bien abrigado. Qué más da que sea con adverbios o con sustantivos. No, si a veces da la impresión de que el idioma es sabio incluso cuando se cometen errores al usarlo.
(Diario de Navarra, 8.01.2010)
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