Emitía la radio una tertulia entre servidores públicos, uno de los cuales se lamentaba de la actual tendencia a «
emocionalizar» la política. Al poco rato, otro contertulio hablaba de «
electoralizar» los debates. Una oyente envió entonces a la emisora un mensaje por correo electrónico quejándose amargamente de esos abusos léxicos que le habían sobresaltado tanto cuando estaba «
desayunizando» que por poco se le «
atragantiza» el cruasán. No le faltaba razón. En principio el sufijo «–
izar» aporta un recurso sencillo y útil para formar verbos de acción a partir de nombres o adjetivos («idealizar», «enfatizar», «armonizar», «centralizar»). Pero el neoespañol de los medios de comunicación –especialmente los hablados- hace un empleo inmoderado de ese procedimiento derivativo, cosa en la que no le van a la zaga los lenguajes técnicos y científicos. Si un sociólogo llega a decir que los niños «se
adultizan», un médico recomienda que ciertos pacientes sean «
ambulatorizados» y una entidad bancaria ofrece ventajas a los clientes que quieran «
aperturizar» nuevas cuentas, algo peligroso está ocurriendo en el idioma. ¿Hasta dónde llega lo correcto, hasta dónde lo lícito o lo razonable? No resulta fácil marcar límites al uso de una fórmula bastante práctica en ocasiones. Pero sí es notorio el delito cuando el engendro resultante de la sufijación («maximizar») reemplaza a un verbo más corto ya existente («aumentar», «agrandar») y lo hace por el simple prurito de estirar las palabras creyendo que así suenan mejor.
(Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 25.10.06).