7 de octubre de 2008

Empobrecimiento


Lo dijo refiriéndose a la Argentina, pero perfectamente podría haberlo aplicado a España, y quizá con más motivo:


El director de la Academia Argentina de las Letras, Pedro Luis Barcia, responsabilizó hoy a 'la docencia y algunos medios' del empobrecimiento generalizado del uso del idioma español por parte de los jóvenes y los ciudadanos en general. El director de la Academia Argentina de las Letras, Pedro Luis Barcia, hoy en la Asamblea General de la SIP. Barcia responsabiliza a la docencia y los medios: 'Lo que más me preocupa son dos desvíos del idioma muy graves, la vulgaridad y la pobreza lingüística. Ha habido un empobrecimiento gradual de los comunicadores en el manejo de lo que era el esplendor y la riqueza del léxico que es muy penoso', dijo. Barcia participó en una mesa redonda sobre el idioma español en la primera jornada de trabajos de la 64 Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que se celebra en Madrid. Junto a él, disertaron sobre la situación de una lengua hablada por más de 450 millones de personas el director de la Academia Mexicana de la Lengua, José Moreno de Alba, y el director de la Real Academia Española de la Lengua, Víctor García de la Concha, con el presidente de la Agencia Efe, Álex Grijelmo, como moderador. El lingüista y profesor argentino recordó los tiempos en que 'los diarios nos enseñaron a escribir y las radios nos enseñaron a hablar', en contraste con el momento actual en el que 'para los comunicadores de radio y televisión todo es 'fantástico', lo mismo un cuento de Borges que unas medias caladas'. En su opinión, en este contexto 'la preocupación tiene que instalarse dominantemente en que los muchachos salen de la Universidad con un pésimo manejo de la lengua oral y escrita'. 'Las Universidades han dejado de lado la oralidad y sólo están en los trabajos escritos. Los profesores no están preparados para los lenguajes mediáticos', manifestó Barcia. (sigue)

23 de septiembre de 2008

REDUNDANCIA


Cuando en la cadena hablada surge una repetición léxica molesta al oído, es costumbre que el hablante se justifique con una vieja fórmula: «valga la redundancia». Es como si confesara ser consciente de que ha incurrido en un defecto de expresión y pidiera disculpas por ello. Pero el giro tiene también algo de arrogante indulgencia para con los propios errores. Al oír ciertos «valga la redundancia» da la impresión de que el emisor está dando por buena la falta en lugar de avergonzarse de su desidia verbal. Lo más curioso de la fórmula, sin embargo, no es esto. Como es sabido, su función metalingüística cobra sentido en el lenguaje oral, pero no así en el escrito. En la escritura es posible enmendar los errores mediante el sencillo procedimiento de tachar lo anotado y volver a escribirlo de otra forma más correcta o elegante, cosa que no ocurre al hablar. Pues bien, últimamente empieza a leerse «valga la redundancia» también en los papeles, y no precisamente con sentido jocoso sino acompañando a una torpe repetición de palabras. Y es aquí donde no vale en modo alguno. Si uno repara en la falta cometida, lo que debe hacer es tomarse la molestia de volver atrás y reformular sus ideas en otros términos, en vez de recurrir al perezoso procedimiento de insertar la locución de marras. Procedimiento al que, por cierto, sólo recurrimos en el caso de las duplicaciones léxicas pero no en otros errores comunes. No es frecuente decir «valga el anacoluto», «valga el vulgarismo» o «valga la falta de concordancia». ¿Qué tendrán las redundancias para que el idioma se muestre tan comprensivo con ellas?

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 20.9.08.

8 de septiembre de 2008

CAGADERO


Fuera eufemismos. Podría habérsele llamado «depositorio de excrementos caninos» o «el rincón de la mascota feliz», por estar a la altura de esta era del circunloquio verbal. Pero el servicio municipal de limpieza de Mutriku ha ido de frente y por derecho al saco de las palabras y ha decidido llamar «cagadero» a un lugar habilitado para que los perros hagan sus deposiciones. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Pero ¿es este su nombre? No estoy muy seguro a la vista de cómo define «cagadero» el DRAE : «sitio donde, en algunas partes, va la gente a evacuar el vientre». Nótese ese intrigante complemento de lugar «en algunas partes» -como si el acto de cagar no fuera una necesidad sin fronteras- y el remilgado sintagma «evacuar el vientre», que convierten la definición en algo impreciso y oscuro. Y aún causa mayor desconcierto la mención de «la gente», que excluye la posibilidad de cagaderos para seres no humanos. En fin, uno creía que los motriqueses habían acertado pero a la luz del farol académico diríase lo contrario.

4 de septiembre de 2008

Letras rodantes


Las palabras en el asfalto. He aquí un alfabeto sobre ruedas.

31 de agosto de 2008

Spanair, Espaner, Ispaner


Sería interesante saber en qué idioma lo pronuncian. He observado que un buen número de periodistas televisivos y radiofónicos dicen /ispaner/ cuando mencionan la compañía aeronáutica Spanair. ¿De dónde sale esa i de la sílaba inicial? Suena más hispánico, sin duda. O no, yo qué sé. Pero debe de ser una tendencia muy común, porque compruebo que hasta la propia web de la compañía se vio obligada a poner una nota aclaratoria para que nadie se extraviase buscando 'hispanair' en Google.

26 de agosto de 2008

GENOCIDAR


Fiel a su costumbre de redactar las noticias con arreglo a las normas del castellano más exquisito, el Teletexto de TVE ofreció la semana pasada esta perla de la que se han hecho eco algunos blogs atentos. Como podrá observarse, no tiene desperdicio. Huelgan los comentarios.

20 de agosto de 2008

Logroño Kabul


Y es que el mundo es un pañuelo.

18 de agosto de 2008

SAPRISTI


«Por la tarde Ana Isabel regresa a casa cargada con las bolsas de la compra. Estaba introduciendo la llave en la puerta cuando vio que la puerta del vecino se abría al tiempo que oyó un tremendo golpe, y el chasquido de algo que se rompe y toda la sinfonía de ruidos que acompañan esas pequeñas catástrofes de un jarrón, o un espejo que se hace añicos;; pero lo que no esperaba a oír por segunda vez en el día fue un sonoro y contundente: ¡Sapristi!»

Aunque la historia lleva colgada en la red casi un año, la traigo aquí con permiso de su autor porque hoy me ha hecho pensar en esas palabras que envejecen con nosotros y tal vez morirán también cuando nos vayamos. Sapristi es una exclamación del francés, proveniente de un Sacristi (Sacré, Sacré Christ) deformado. Un eufemismo a mitad de camino entre el juramento y la interjección remilgada, que en nuestra infancia acostumbraban a pronunciar bastante los personajes de tebeo y a Joaquín y a mí nos hacía mucha gracia.
(Para Joaquín, in memóriam)

14 de agosto de 2008

Unas deportistas longevas


Se sabía que la edad media del deportista está aumentando, pero nadie podía imaginar que hasta estos límites.

(El País digital, 14 agosto 2008)

12 de agosto de 2008

Toponimia de agosto


Unas pocas horas separan los dos encabezamientos. Pero, en estos días de sobresaltos territoriales, son suficientes para hacer pensar al lector en la fundación de un nuevo país o algo parecido. Lástima que la errata haya sido corregida: Almenia tiene que ser un bonito lugar donde vivir, o donde pasar al menos una temporada de veraneo.

11 de agosto de 2008

SABLAZO


(Portada de La Gaceta de Salamanca, 11 de agosto de 2008)


Tiene que ser muy tentador ver pasar la palabra delante de tus narices y no aprovecharla para un buen titular con supuesto doble sentido, aunque ni el campeón blandiera un sable ni su victoria ofrezca la más mínima sospecha. José Luis Abajo 'Pirri' ganó la medalla de bronce en la competición de espada, que es otra arma blanca, y lo hizo con todo merecimiento, sin estafar a nadie.

8 de agosto de 2008

*ANACLETAS


En la transmisión televisiva de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, la locutora María Escario explica una coreografía: «Esta escena está inspirada en las Anacletas de Confucio». El nombre propio Anacleto viene a singnificar más o menos «el que pide auxilio». Es lo que podía haber hecho la simpática locutora antes de contarlo: consultar, pedir ayuda. Pues, aunque no son fáciles de encontrar, todavía quedan ejemplares de las Analectas en algunas librerías.

7 de agosto de 2008

MERECIDO DESCANSO


¿Por qué todos los descansos son merecidos? ¿Qué habrá hecho este sintagma para convertirse en forzosa pareja omnipresente en todos los saraos de la prosa veraniega?

30 de julio de 2008

TILDAR, TACHAR


No anda el castellano escaso de términos para la crítica. Como puede apreciar cualquier cliente de locales de mala nota u oyente de tertulias radiofónicas, en nuestro idioma abundan los epítetos denigratorios, los insultos y las lindezas. Y, por si eso fuera poco, también disponemos de un extenso repertorio de verbos con los que formular opiniones y juicios negativos. Nos agrada enormemente calificar, censurar, acusar, afear, fustigar, reprochar, corregir y fiscalizar al prójimo. Y también «tildarlo», es decir, poner tildes o acentos sobre sus rasgos menos dignos. Pero el verbo tildar, que actúa seguido de la preposición «de», no siempre se acompaña de los términos correctos. Una reciente noticia de prensa rezaba: «Fraga tilda de ‘sandez’ la carta de Elgorriaga a Rajoy», sin tener en cuenta que lo que se tilda no son las acciones, sino las personas que las ejercen. Por el contrario, es acertado decir «El cocinero Fermí Puig tilda de ‘grosero’ a Santamaría» o «los antitaurinos tildan de ‘criminales’ a los defensores de la fiesta». El otro error, menos frecuente, que acompaña al verbo «tildar» consiste en asociarlo con cualidades y no con defectos, con valores positivos y no con faltas o apreciaciones negativas sobre la persona tildada. Así, se han podido leer titulares como «El alcalde tilda de ‘moderado’ el incremento de las tasas» o «La crítica tildó de ‘soberbia’ la actuación de la soprano». Tildar no es sinónimo de «calificar», como tampoco lo es «tachar» cuando se emplea con este mismo significado. De modo que evítense los usos impropios de ambos verbos, aunque nos tilden de puristas o demasiado escrupulosos.


Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo.

28 de julio de 2008

EXCLUSIVO


Entre los tópicos de la persuasión publicitaria, el de la distinción siempre ha tenido un fuerte peso. No importa de qué producto se trate. Un automóvil, un bolígrafo, una línea de electrodomésticos o un surtido de embutidos atrapan más fácilmente al consumidor si se los presentan asociados con connotaciones de elegancia, refinamiento o buen gusto. Pero de un tiempo a esta parte los reclamos que apuntan a la necesidad de ser alguien, de sentirse un distinguido VIP y ser tratado como persona de alcurnia, están recurriendo a un discutible término: el epíteto «exclusivo». Nos ofrecen relojes exclusivos, televisores exclusivos, hoteles exclusivos. No es que sean piezas únicas ni que estén expresamente reservadas para nosotros y nadie más –que eso y no otra cosa significa el adjetivo en cuestión-, sino que se presentan como algo selecto, destinado a gente de buen gusto o alta posición. «Un exclusivo portátil para profesionales como usted», ofrece una marca de ordenadores. Y otra de productos de higiene: «cepillo dental con un exclusivo limpiador de lengua». La fascinación de «exclusivo» consiste en crear en el receptor la ilusión de la diferencia (aunque lo anunciado sean «miles de juegos de cocina exclusivos que sorteamos entre nuestros clientes»), rescatado de la insufrible vulgaridad en que se mueven nuestras anodinas vidas merced al consumo de un producto determinado. Pero se trata de un anglicismo incorrecto. O tal vez fuera más exacto hablar de un esnobismo lingüístico, de una de esas palabras de la neolengua que triunfan gracias a la humana necesidad de aparentar lo que no se es.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo.
(La foto, de Monocromo)

22 de julio de 2008

PAPARAZZI


Cuando Fellini puso el apellido Paparazzo a un personaje de La dolce vita, lejos estaba de imaginar que aquel fotógrafo entrometido pasaría a designar a toda una tribu profesional: la de los ‘paparazzi’ aventureros que buscan fortuna en la indiscreción, el chismorreo y la invasión de las vidas ajenas. Hace tiempo que el castellano incorporó la palabra a su léxico para espanto de los puristas. Pero lo hizo adoptando el término en plural, es decir, acabado en –i y no en –o como correspondería al singular. Esta anomalía ha dado lugar a una controversia ciertamente absurda: ¿debe decirse «el paparazzo» o «el paparazzi» al hablar de una sola persona? Y si son varios, ¿habrá que llamarlos «paparazzi» o «paparazzis»? En lo que se refiere al singular, todo el mundo parece estar de acuerdo en que no tiene sentido usar la forma italiana en –o por la misma razón que nadie dice «un espagueto» ni llama «grafito» a las pinturas murales callejeras. Pero en el caso del plural las opiniones están encontradas. Mientras el Diccionario Panhispánico de Dudas establece la forma paparazis (con una sola z, por cierto), la Fundación del Español Urgente se aferra a paparazzi amparándose en la norma gramatical del italiano. No es éste un argumento de peso. Si hubiéramos de respetar los morfemas de número de todas las palabras foráneas, los camareros serían «los barmen» y no «los barman», no escribiríamos las direcciones en una «agenda» sino en un «agendum» y, en vez de «los campus universitarios» habría que decir «los campi»: cursiladas de redichos. Quedémonos con «paparazzi» para el singular e, indistintamente, «paparazzi» y «paparazzis» en plural, y asunto zanjado.


Publicado en 'Juego de palabras' del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo.

21 de julio de 2008

SPA


El hecho de que el completo ‘Nuevo Diccionario de voces de uso actual’ de Manuel Alvar Ezquerra (2003) no registre la voz «spa» da idea de la rapidez con que ésta se ha instalado en nuestro idioma. Ya no hay hotel, gimnasio o balneario que se precie que no incluya entre sus servicios el «spa»: un tratamiento medicinal o de relajación basado en el agua. Parte del repentino éxito del vocablo se debe, sin duda, a su configuración fonética. «Spa» no es un anglicismo del montón, sino que suena a moderno y a la vez a exótico, a limpio y al mismo tiempo a refinado. Una palabra muy manejable para colocarla en logotipos y rótulos de fachada. Mientras que «balneario» ―su traducción más aproximada— evoca edificios mohosos con galerías de altos techos y tristes azulejos por las que transitan pensionistas reumáticos y aristócratas venidos a menos, el cliente del spa se siente partícipe en la gran ceremonia rejuvenecedora y deportiva de la época. Pero ¿de dónde surgió la palabra, ya usada en inglés desde el siglo XVII? Parece que en origen está relacionada con el topónimo Spa, una ciudad belga cercana a Lieja conocida precisamente por sus aguas termales de propiedades curativas. Sin embargo, hay quien apunta a un acrónimo de procedencia latina, correspondiente al lema «Salus Per Aquam» (es decir, ‘a la salud por la vía acuática’). Como una explicación no está necesariamente reñida con la otra, admitamos ambas como buenas mientras nadie venga a desmentirlas, y demos la bienvenida a este nuevo huésped de nuestro concurrido léxico castellano.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo.

18 de julio de 2008

Un calambur vaticano


He aquí una prueba de que el ingenio periodístico no baja la guardia en verano. El titular de este reportaje forma un ocurrente calambur aprovechando que el 'Sumo Pontífice' ha hablado sobre el consumo. Consumo... Pontífice, faltaría más. Y si en lugar de Pontífice hubiera puesto su sinónimo Papa, la cosa habría quedado redonda del todo.

17 de julio de 2008

Batallas perdidas: la diéresis


El yacimiento iberorromano de Ategua, cerca de Córdoba, está declarado Bien de Interés Cultural y en calidad de tal sometido a un exquisito régimen de protección por parte de las autoridades competentes. Lo que no parece tan cuidado en el área de protección es el idioma, a juzgar por la señal indicadora que orienta al visitante.


(Gracias a J.L.)

16 de julio de 2008

Dagnificados



Los *dagnificados ¿han padecido más o menos daños que los damnificados?


Gracias a T.

15 de julio de 2008

Ortografía imaginaria


«Una de las actividades que he programado en esta unidad se refiere al estudio de la ortografía de la b y la h. Para hacerla más amena, y de paso fomentar los valores de la interculturalidad, propongo que sea realizada por los propios alumnos, en forma de debate. Ya que en la clase contamos con dos chavales ecuatorianos, sería muy interesante que ellos explicasen al resto de compañeros las diferencias de uso de la b y la h en Ecuador y en España».

(Un profesor de Lengua castellana y Literatura defendiendo una unidad didáctica de 3º de E.S.O. ante el tribunal de oposiciones).

15 de mayo de 2008

Provocar


Cuando uno empieza a leer «el primer atentado de la legislatura provoca...» espera a continuación un complemento directo de sentido negativo: tristeza, dolor, indignación, destrozos, muerte. El verbo provocar, en su acepción de ‘hacer una cosa que ocurra otra como reacción o respuesta a ella’ (María Moliner), no parece admitir de buena gana complementos del estilo de «acercamiento». ¿Será entonces que, en el subconsciente del periódico que esto redacta, el acercamiento entre Zapatero y Rajoy pertenece al ámbito de los infortunios?

13 de mayo de 2008

Gazapos y conejos

Según la información del Gobierno de Canarias, estos días se celebran en la Islas unas Jornadas sobre inmigración con varias ponencias a cargo de acreditados expertos en diversas materias. En las sesiones de hoy martes 13 de mayo interviene, como puede leerse, una letrada del *Conejo General del Poder Judicial.

Y es que hay gazapos que están hechos unos auténticos conejos.
(Gracias a T.)

Xenofobia y ortografía


*Hechando *ostias. Perfecto. La haches en su sitio, como está mandado. Un nivel ortográfico parejo al nivel cívico del autor del cartel.
(La foto, de El País).

16 de abril de 2008

*USUARIADO

Los partidarios del «lenguaje neutro» proponen, entre otras fórmulas, la sustitución de los términos masculinos o femeninos por nombres colectivos que engloban ambos sexos. Así los ciudadanos pasan a ser «la ciudadanía», los trabajadores «la plantilla» y los profesores «el profesorado». A primera vista parece un procedimiento sencillo y razonable, sin duda más adecuado que los pesados desdoblamientos «ciudadanos y ciudadanas» o los forzados recursos tipográficos al uso como la barra duplicadora de «ciudadanos/as» o el signo de la arroba en «ciudadan@s». Junto a su indiscutible efecto salomónico —decir «la audiencia» dispensa de distinguir entre «espectadores» y «espectadoras»― está la razón gramatical, que reconoce sin reservas esta clase de nombres. Pero la semántica, por el contrario, no admite de buen grado todo cambio de sustantivos individuales por colectivos: dicen cosas distintas. En cualquiera de sus variantes morfológicas de género y número, el término «ciudadano» implica una consideración del sujeto como individuo particular que se esfuma en la masa informe y anónima de «ciudadanía». «Clientela» es un término sociológico, de mercado; «los clientes» son seres de carne y hueso, tengan o no razón cuando discuten con los tenderos. Es algo en lo que parecen no haber reparado los desfacedores de tuertos sexistas, tan obsesionados con la neutralidad que incluso crean neologismos al efecto. El último que ha llegado a nuestros oídos es «usuariado» (alternativa de «usuarios»). Aunque no lo crean, puede encontrarse en una voluntariosa «Guía rápida para un lenguaje no sexista» que reside en la Internet. Sin comentarios.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 12.4.08.

14 de abril de 2008

AFICIONADO PROFESIONAL


El piloto automovilístico Fernando Alonso busca compañía. Alguien que le siga como su sombra por circuitos y boxes, que atienda sus compromisos con los fans, que se ocupe de su página web. Para seleccionar al afortunado, el banco que le pone las pegatinas ha insertado este anuncio en la prensa virtual: «Fernando Alonso busca aficionado/a profesional». En el lenguaje deportivo, las categorías de aficionado y profesional han sido tradicionalmente términos opuestos. El amateur practicaba su deporte por gusto y vocación, mientras que la actividad del profesional era retribuida. Ahora la diferencia entre lo uno y lo otro es más tenue, pero eso de «aficionado/a profesional» sigue sonando a oxímoron.

11 de abril de 2008

Diccionarios


«La única fe que no he perdido es la fe en los diccionarios».


Paul Léautaud, Journal littéraire (1893-1956). 27 de febrero de 1900.

8 de abril de 2008

Coloquialismo

La creciente manía de informar mediante giros coloquiales y expresiones metafóricas. Una tendencia muy creativa, si no fuera porque el lector busca algo lo más parecido posible a la objetividad.


7 de abril de 2008

ENCHUFAR


Una virtud hay que reconocer al lenguaje del fútbol: que no cesa de aportar materiales nuevos al idioma. Otra cosa es que lo haga con corrección, oportunidad o respeto hacia las normas. Uno de sus últimas contribuciones al enriquecimiento del español ha sido la adopción del verbo «enchufar» como término usual de su jerga. No hay declaración de jugador o entrenador ni crónica de reportero del ramo donde tarde o temprano el verbo no haga acto de presencia. ¿Y qué entienden por «enchufar» estas buenas gentes del balón? Pues varias cosas. Un futbolista «está enchufado» en el partido cuando suda la camiseta y se entrega en cuerpo y alma a la búsqueda de la victoria para sus colores. También lo está si, en un día de inspiración, marca un par de goles o detiene varios lanzamientos de la delantera rival. «Enchufar la pelota» consiste en darle un puntapié en el punto adecuado y con la fuerza suficiente para que vaya directa al fondo de la portería o para hacer un pase certero (eso que ahora llaman una «asistencia»). Pero igualmente se puede «enchufar un gol», que es lo mismo que marcarlo o meterlo. Y si los goles son varios, se dice que un equipo «ha enchufado un 3-0» al otro. En tal caso, puede que la afición «se enchufe» (es decir, se anime, se entusiasme, apoye a los jugadores). «Enchufar», en fin, se ha convertido de la noche a la mañana en un verbo comodín y omnipresente que planea por las páginas de la prensa deportiva con la fuerza arrolladora de las modas, con el poderío sonoro de los balidos del rebaño, con la imparable energía de los tópicos. Enchufar: una palabra con mucha chispa para una actividad electrizante como es el fútbol.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 5.4.08.

1 de abril de 2008

Persona


El Gobierno Vasco hace entrega hoy del premio a la Persona Vasca Cooperante 2007. Un título correcto, que estaría muy bien elegido si no hubiera incurrido en una censurable omisión. Para cumplir con todos los requisitos del lenguaje impecable tendría que denominarse Premio a la Persona Humana Vasca Cooperante. Es solo una sugerencia para próximas ediciones.

Spanish Ortography


Curiosos tiempos éstos en que al parecer resulta más fácil respetar la ortografía de las lenguas ajenas (pack) que la de las propias (indibisible).


(Encontrado por S. en un supermercado)

29 de marzo de 2008

No dejes que la gramática te estropee un buen titular


La afición a titular con hipérboles produce estos mamarrachos. Quizá sea que en el fondo de su corazón todo periodista alberga el sueño tópico de narrar la historia más grande jamás contada. Hay algo que no encaja en este mejunje de palabras: ¿puede hablarse de «el primer sonido jamás grabado»? Sobra jamás, claro. Pero sin el adverbio quedaría una noticia tan insignificante, tan poco imaginativa... No dejes que la gramática te estropee un buen titular.

27 de marzo de 2008

LA ROJA


La Roja. A la selección española de fútbol -que ya recibía el nombre de La selección, por antonomasia, como si no existieran otros deportes ni otros países- la empiezan a llamar La Roja. Bien es verdad que algunos lo hacen con unas cautelosas comillas o poniéndolo en cursiva. Lo que no parecen haber tenido en cuenta nuestros cronistas es que ese nombre ya tenía dueño en el ámbito futbolero: los chilenos lo vienen usando desde hace décadas para la selección de su país.

26 de marzo de 2008

El guionista conversador


«El placer que se siente al vaciarse de palabras lo he experimentado hasta el límite en esta conversación con Rafael Azcona. Raramente se produce el caso de un gran creador que resulte igual de imaginativo, divertido y sorprendente en sus escritos que en sus diálogos de sobremesa. Un ejemplo estelar es Rafael Azcona. Te lo encuentras cruzando un semáforo y te dice cualquier cosa improvisada que serviría para un magnífico guión, pero él la suelta como si nada, la lanza al viento y se larga».

(Manuel Vicent, en Memorias de sobremesa. Conversaciones de Ángel S. Harguindey con Rafael Azcona y Manuel Vicent. Madrid, Aguilar, 1998). En la foto, los tres conversadores.

23 de marzo de 2008

Aciago finde

No ha estado muy afortunada la edición digital de El País en sus informaciones del fin de Semana Santa. De entrada, la tarde del sábado informó de un crimen machista de esta manera:


Parece ser que el asesino, contra la orden de alejamiento que pesaba sobre él, residía en el domicilio de la víctima. Es decir, se alojaba en su casa. Pero eso no autoriza a hablar de orden de «alojamiento», que se sepa.

Esa misma tarde, la redacción de deportes se ocupaba de narrar la gesta del mariposista Rafael Muñoz en los campeonatos europeos de natación. Un pequeño lío con los numerales convirtió las centésimas en milésimas:

Y el día siguiente, domingo, de nuevo los cronómetros se le atragantaron al redactor de turno, que esta vez confundió la unidad segundo con el minuto:
Fue también el domingo cuando otro titular referido al Aberri Eguna introdujo un curioso neologismo: «elecotorales».

Lo dicho, un fin de semana redondo.

CHIQUILICUATRO

Si hiciéramos entre los jóvenes una encuesta acerca del origen del término «chiquilicuatre», muy pocos serían los que pusieran en duda su creación reciente. La mayoría de televidentes de menor edad considera que es una voz inventada por los guionistas, un vocablo artificial fabricado con el exclusivo fin de poner nombre a un personaje de ficción encumbrado a fenómeno mediático. Pero «chiquilicuatre» (como su igual «chiquilicuatro», en mayor proporción) tiene una larga vida. Unos doscientos años, por lo menos. El adjetivo ya se puede ver escrito en descripciones de Galdós y de Valera, o en diálogos de sainetes populares inspirados en el habla del siglo XIX, siempre con el significado despectivo que todavía conserva: «hombre informal y de poca importancia, zascandil, mequetrefe». Es lo que también reflejan términos como «enredador», «pelafustán» o «chisgarabís», sepultados bajo el polvo del tiempo. Tanto «chiquilicuatro» como «chisgarabís» y «mequetrefe» añadían en principio una referencia de aspecto corporal («de cuerpo pequeño y de escasa estatura») hoy desaparecida o atenuada. El caso es que a la hechura paródica del personaje de marras (lo que hoy llamaríamos un «friqui», en lenguaje más reciente) el nombre de «Chiquilicuatre» le cuadra a la perfección, aunque haya mudado la ortografía de la palabra al introducirle una k de estética pongamos que desenfadada. Bienvenidos sean pues los desvaríos de la subcultura televisiva si al menos sirven para resucitar palabras muertas o avivar otras en riesgo de extinción.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 22.3.07.

18 de marzo de 2008

Embriaguez pasional


Decididamente, la Semana Santa ya no es lo que era. Es cierto que conserva muchos de sus ritos, pero se percibe una cierta transformación en el ánimo de la parroquia. Aunque la noticia es del año pasado (El Comercio, 8 de abril de 2007), las fechas invitan a traerla aquí como testimonio de esa metamorfosis: antes los fieles quedaban embargados por la emoción; ahora quedan embriagados. Claro, se empieza suprimiendo la prohibición de abrir los bares y se acaba fomentando el vicio.

17 de marzo de 2008

Seis palabras


Quizá no valemos más que eso. La revista Smith ha convocado un concurso entre los lectores que logren contar su vida en seis palabras, ni una más ni una menos. Estamos en tiempos de cosas breves donde todo tiene que ser exprés, ultrarrápido, y sobre todo corto. Frente a los inacabables relatos-río, los vertiginosos vídeos colgados de youtube. Frente a las extensas cartas manuscritas de tres folios, el apretado mensaje de teléfono escrito en abreviaturas nerviosas. Hace ya un par de décadas anunció Miguel Delibes que el futuro de la narración estaba en las distancias cortas. Desde entonces han proliferado los textos mínimos, tan cortos o más que el famoso cuento de Monterroso con sólo siete palabras. José Luís González, que se tomó la molestia de agrupar en libro una selección de ellos, fue el primero a quien oí hablar de «microrrelatos». El término hizo fortuna, y con él el género, cultivado por autores tan distinguidos como Millás o Galeano, sin olvidar más cerca de nosotros al llorado Pedro de Miguel. Hasta hay un premio para microcuentos que lleva el nombre de Faroni, un personaje de Luis Landero. Y son innumerables las páginas de la internet donde pueden leerse relatos sucintos; yo me quedaría con la de «Cuentos en cien palabras» de Jordi Cebrián. El microrrelato no consiste en un simple ejercicio de ingenio comprimido. Es una forma de declarar la guerra a los plomizos novelones de mil páginas y de escasa sustancia que imperan en la región más comercial del mercado literario. O de plantar cara a esos escribicionistas de ‘blogs’ ―nueva versión de aquellos ‘cacalibri’ de los que hablaba Lichtenberg— que nos cuentan largo y tendido cada uno de los pormenores de sus apasionantes vidas anodinas. Ya dijo Borges, refiriéndose a los libros de memorias, que algunos no constan más que de cambios de domicilio. Uno de los concursantes en el certamen de Smith se ha retratado así: «Nacido en California; después nada pasó». Tal vez sea cierto y la mayor parte de nuestras biografías a lo sumo den para un relato de seis palabras, que es la medida aproximada de los epitafios.

Publicado en Diario de Navarra, 15.3.08.

12 de marzo de 2008

Camionaria


Creo que es Bioy Casares quien en alguna parte recoge pintorescos letreros de camión, de esos que se coloca(ba)n en los parasoles delanteros de las cabinas. Algunos son una completa declaración de principios. Hoy me he cruzado en la carretera con uno de ellos, más llamativo por el alarde tipográfico que por el mensaje, y me he acordado de esta foto que hace poco colgó Rafael Reig en su bitácora. Pudiera tratarse de un nombre de marca, aunque no alcanzo a imaginar la clase de mercancía adecuada para esa etiqueta. O una manifestación desbordada de amor paterno hacia esos Juan y José que podrían ser los hijos del pequeño empresario, su orgullo del alma, el objeto de sus desvelos. Quién sabe. Pero circular detrás de un vehículo como este por una calle estrecha y en hora punta tiene que amedrentar bastante. Y es que hay palabras que a viva voz pasan inadvertidas, pero escritas y además en mayúsculas producen un notable impacto.

11 de marzo de 2008

Adjetivos


«Me pregunto de qué color es la lluvia. No he encontrado ni en la Biblia ni en la literatura griega ningún adjetivo. Los autores se abstuvieron. Haremos lo mismo en nombre del aticismo. Cuando no se encuentra el adjetivo, es decisivo dejarlo».

10 de marzo de 2008

Fedspeak


«Sé que usted cree que entiende lo que piensa que dije, pero no estoy seguro de que se dé cuenta de que lo que escuchó no es lo que quise decir».

(Alan Greenspan, en sus buenos tiempos como Director de la Reserva Federal de los Estados Unidos)

4 de marzo de 2008

TIEMPO DE MURMURACIONES


Una bonita expresión. En el lenguaje de las sotanas, se llama tiempo de murmuraciones al que transcurre entre las primeras deliberaciones para la elección de un cargo eclesiástico y la votación final. Ahora los obispos están encerrados a solas con sus murmuraciones antes de decidirse por Blázquez o Rouco. Murmuraciones: susurros, intrigas, comidillas, rumores, pactos ocultos... Dicho así, parece como si el ceremonial de la Iglesia tolerara un último round donde está permitido el juego sucio, los golpes bajos, las malediencias para rebañar esos votos indecisos que tan bien vendrían para... Se supone que el periodo de murmuraciones es el correlato de lo que en la vida civil llamamos jornada de reflexión. El clero murmura, la ciudadanía reflexiona. Es curioso.

1 de marzo de 2008

ACTOR DE REPARTO


Al recibir su bien ganado premio, Javier Bardem ha evocado estos días la figura del viejo cómico menesteroso, estigmatizado por la sociedad a la que proporcionaba regocijo, condenado desde estrados y púlpitos por su vida supuestamente licenciosa y a quien estaba prohibido enterrar en sagrado. Quizá como defensa frente a todo eso los actores cultivaron un especial orgullo, un marcado sentido del honor que les lleva a caminar con la cabeza alta y a exigir un trato distinguido en las palabras usadas para designar su tarea. Porque no es lo mismo ser «protagonista» o «comparsa», «figurante» o «primera dama», «cabeza de cartel» o simple «alzapuertas». Lo que antes se llamaba «actor secundario» ha pasado a coexistir con «actor de reparto», cada vez más empleado. Un eufemismo, evidentemente. Se supone que «secundario» hace descender de categoría, denota cierta falta de consideración por la labor de quien actúa, lo coloca detrás de las verdaderas estrellas. En cambio «actor de reparto» borra las escalas y las diferencias puesto que el reparto lo integran todos cuantos intervienen en una película o función teatral. El inglés los llama «supporting actors», esto es, actores de refuerzo o de apoyo, sin que eso conlleve ninguna pérdida de estima. El óscar de Bardem («the best supporting actor») está siendo traducido como «mejor actor de reparto» en vez del tradicional «actor secundario». Pero nada cambia en realidad, ya que la próxima edición del DRAE dejará las cosas como estaban al incluir esta definición para «actor de reparto»: «el que desempeña papeles secundarios».


Publicado en 'Juego de palabras' del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 1.3.07.

26 de febrero de 2008

POR EL FORRO

Son dos las locuciones del español coloquial que contienen la palabra «forro». La una, «ni por el forro», es lo mismo que «en absoluto», «en modo alguno», «de ninguna manera», e indica principalmente alguna forma de limitación o de dificultad extrema para llegar a algo: «Ese no se saca el carné ni por el forro»; «¿Crees que es capaz de leer un libro? Ni por el forro». La otra acompaña al verbo «pasar» en forma pronominal. Pasarse algo por el forro significa dar a una cosa poca importancia, despreciarla, no tenerla en consideración («Tus consejos me los paso por el forro», «El alcalde se pasa la ley por el forro»). En este segundo caso, el forro no es el recubrimiento interior de algunas prendas de vestir, sino la capa exterior que protege un determinado órgano corporal. O sea, el escroto. Para evitar la expresión completa y más descarnada de «pasarse por el forro de los cojones» el castellano omite el complemento pero manteniendo la descripción del acto figurado mediante el que se muestra desprecio hacia aquello que hacemos pasar por nuestras partes pudendas. En el mismo sentido actúa la expresión «pasarse por el arco del triunfo», de un refinamiento eufemístico quizá más rebuscado. Esta mezcla de expresividad y recato es lo que quizá justifique el cruce, un tanto surrealista, que conduce a «pasarse por el forro del triunfo», como decía hace poco un tertuliano radiofónico refiriéndose a la actitud de la ministra de Fomento respecto a una moción del Senado. Claro que también hay entrenadores de fútbol que aseguran estar «hasta el forro de las narices» de los árbitros. Muy grande tiene que ser su enfado para llegar a tanto.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 9.2.08.

José María Romera
9 febrero 2008

Berceo


Berceo, ¿escritor de las primeras palabras en castellano? Lo raro es que esto lo digan en un periódico de su propia tierra. Harto de vino hay que estar para saltarse un siglo en la historia del español.

12 de febrero de 2008

La RAE y los SMS

Acaba de anunciar la Real Academia Española su intención de elaborar una tabla de abreviaturas para los mensajes enviados mediante los teléfonos móviles. Como «la RAE tiene conciencia de que la lengua es del pueblo y es callejera [sic]», en palabras del director de la Institución, los sabios del idioma han decidido dar carta de naturaleza a la ininteligible jerigonza de los SMS (‘Short Message Service’ o servicio de mensajes cortos). ¿Qué objetivo puede perseguir semejante ocurrencia? La escritura de los mensajes en pantalla es una cosa espontánea y privada sin más normas que las de la urgencia y la economía. Los muchachos emplean sus abreviaturas —cada cual la suya—, sus ‘emoticones’, sus signos particulares al buen tuntún, inspirados únicamente por el deseo de escribir rápido y de aprovechar al máximo el número de caracteres que les permiten las tarifas del proveedor y las características de cada aparato. Sus códigos se mueven entre la anarquía y la norma tácita instaurada por la costumbre, y así consiguen cierta eficacia. No hay necesidad alguna de intervenir sobre ellos, salvo para advertir que no deben emplearse en otras situaciones o ámbitos de la comunicación. Hay que ser ilusos para imaginar a los usuarios de SMS consultando la tabla académica. Si la Academia lleva adelante su propósito de fijar una lista de abreviaturas para esta clase de mensajes, sólo logrará un efecto perverso: hacer creer a los jóvenes que sus xq, mñn, ktal, kdms? y salu2 tienen licencia de uso en exámenes, cartas o documentos escritos. ¿Cómo se escribirá la abreviatura de «insensatez» en SMS?


Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 2.2.08.

Peligro


Y su primera víctima fue una vocal.


(Gracias a P.)

6 de febrero de 2008

Ortografías de logotipo


Iurbentia es un nombre de marca. Pertenece a una firma inmobiliaria que patrocina al club de baloncesto Bilbao Basket. Como todos los nombres propios, el de Iurbentia ha de escribirse con mayúscula inicial y así lo hacen muchos periódicos. Sin embargo otros lo estampan con minúscula (iurbentia), en un caso sin precedentes en la ortografía periodística. No es una confusión ni se debe a ningún descuido. Se trata de un uso consciente, al parecer inspirado en el logotipo de la marca. Ni que decir tiene que no es argumento convincente. Hay muchas firmas comerciales que en su imagen de marca juegan con tipografías caprichosas, pero que en la escritura respetan la norma ortográfica. Sin ir más lejos, la propia firma Iurbentia muestra en su imagen gráfica una letra n invertida horizontalmente (letra que, sin embargo, ningún periódico se ha atrevido a reproducir así). Habría que ver cómo se las arreglan los directivos y empleados de la casa para poner el nombre de Iurbentia en sus cartas.

El baloncesto es deporte de jugadores altos y merece unas letras de buena estatura. ACB, MMT, TAU, AXA, DKV son siglas de notable tamaño con las que están familiarizados todos los seguidores del deporte de la canasta. ¿Por qué entonces ese antojo de una letra canija que ofende a la ortografía y empequeñece a los gigantes de un equipo que ―dicho sea de paso― está haciendo una magnífica temporada?