15 de julio de 2008

Ortografía imaginaria


«Una de las actividades que he programado en esta unidad se refiere al estudio de la ortografía de la b y la h. Para hacerla más amena, y de paso fomentar los valores de la interculturalidad, propongo que sea realizada por los propios alumnos, en forma de debate. Ya que en la clase contamos con dos chavales ecuatorianos, sería muy interesante que ellos explicasen al resto de compañeros las diferencias de uso de la b y la h en Ecuador y en España».

(Un profesor de Lengua castellana y Literatura defendiendo una unidad didáctica de 3º de E.S.O. ante el tribunal de oposiciones).

15 de mayo de 2008

Provocar


Cuando uno empieza a leer «el primer atentado de la legislatura provoca...» espera a continuación un complemento directo de sentido negativo: tristeza, dolor, indignación, destrozos, muerte. El verbo provocar, en su acepción de ‘hacer una cosa que ocurra otra como reacción o respuesta a ella’ (María Moliner), no parece admitir de buena gana complementos del estilo de «acercamiento». ¿Será entonces que, en el subconsciente del periódico que esto redacta, el acercamiento entre Zapatero y Rajoy pertenece al ámbito de los infortunios?

13 de mayo de 2008

Gazapos y conejos

Según la información del Gobierno de Canarias, estos días se celebran en la Islas unas Jornadas sobre inmigración con varias ponencias a cargo de acreditados expertos en diversas materias. En las sesiones de hoy martes 13 de mayo interviene, como puede leerse, una letrada del *Conejo General del Poder Judicial.

Y es que hay gazapos que están hechos unos auténticos conejos.
(Gracias a T.)

Xenofobia y ortografía


*Hechando *ostias. Perfecto. La haches en su sitio, como está mandado. Un nivel ortográfico parejo al nivel cívico del autor del cartel.
(La foto, de El País).

16 de abril de 2008

*USUARIADO

Los partidarios del «lenguaje neutro» proponen, entre otras fórmulas, la sustitución de los términos masculinos o femeninos por nombres colectivos que engloban ambos sexos. Así los ciudadanos pasan a ser «la ciudadanía», los trabajadores «la plantilla» y los profesores «el profesorado». A primera vista parece un procedimiento sencillo y razonable, sin duda más adecuado que los pesados desdoblamientos «ciudadanos y ciudadanas» o los forzados recursos tipográficos al uso como la barra duplicadora de «ciudadanos/as» o el signo de la arroba en «ciudadan@s». Junto a su indiscutible efecto salomónico —decir «la audiencia» dispensa de distinguir entre «espectadores» y «espectadoras»― está la razón gramatical, que reconoce sin reservas esta clase de nombres. Pero la semántica, por el contrario, no admite de buen grado todo cambio de sustantivos individuales por colectivos: dicen cosas distintas. En cualquiera de sus variantes morfológicas de género y número, el término «ciudadano» implica una consideración del sujeto como individuo particular que se esfuma en la masa informe y anónima de «ciudadanía». «Clientela» es un término sociológico, de mercado; «los clientes» son seres de carne y hueso, tengan o no razón cuando discuten con los tenderos. Es algo en lo que parecen no haber reparado los desfacedores de tuertos sexistas, tan obsesionados con la neutralidad que incluso crean neologismos al efecto. El último que ha llegado a nuestros oídos es «usuariado» (alternativa de «usuarios»). Aunque no lo crean, puede encontrarse en una voluntariosa «Guía rápida para un lenguaje no sexista» que reside en la Internet. Sin comentarios.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 12.4.08.

14 de abril de 2008

AFICIONADO PROFESIONAL


El piloto automovilístico Fernando Alonso busca compañía. Alguien que le siga como su sombra por circuitos y boxes, que atienda sus compromisos con los fans, que se ocupe de su página web. Para seleccionar al afortunado, el banco que le pone las pegatinas ha insertado este anuncio en la prensa virtual: «Fernando Alonso busca aficionado/a profesional». En el lenguaje deportivo, las categorías de aficionado y profesional han sido tradicionalmente términos opuestos. El amateur practicaba su deporte por gusto y vocación, mientras que la actividad del profesional era retribuida. Ahora la diferencia entre lo uno y lo otro es más tenue, pero eso de «aficionado/a profesional» sigue sonando a oxímoron.

11 de abril de 2008

Diccionarios


«La única fe que no he perdido es la fe en los diccionarios».


Paul Léautaud, Journal littéraire (1893-1956). 27 de febrero de 1900.

8 de abril de 2008

Coloquialismo

La creciente manía de informar mediante giros coloquiales y expresiones metafóricas. Una tendencia muy creativa, si no fuera porque el lector busca algo lo más parecido posible a la objetividad.


7 de abril de 2008

ENCHUFAR


Una virtud hay que reconocer al lenguaje del fútbol: que no cesa de aportar materiales nuevos al idioma. Otra cosa es que lo haga con corrección, oportunidad o respeto hacia las normas. Uno de sus últimas contribuciones al enriquecimiento del español ha sido la adopción del verbo «enchufar» como término usual de su jerga. No hay declaración de jugador o entrenador ni crónica de reportero del ramo donde tarde o temprano el verbo no haga acto de presencia. ¿Y qué entienden por «enchufar» estas buenas gentes del balón? Pues varias cosas. Un futbolista «está enchufado» en el partido cuando suda la camiseta y se entrega en cuerpo y alma a la búsqueda de la victoria para sus colores. También lo está si, en un día de inspiración, marca un par de goles o detiene varios lanzamientos de la delantera rival. «Enchufar la pelota» consiste en darle un puntapié en el punto adecuado y con la fuerza suficiente para que vaya directa al fondo de la portería o para hacer un pase certero (eso que ahora llaman una «asistencia»). Pero igualmente se puede «enchufar un gol», que es lo mismo que marcarlo o meterlo. Y si los goles son varios, se dice que un equipo «ha enchufado un 3-0» al otro. En tal caso, puede que la afición «se enchufe» (es decir, se anime, se entusiasme, apoye a los jugadores). «Enchufar», en fin, se ha convertido de la noche a la mañana en un verbo comodín y omnipresente que planea por las páginas de la prensa deportiva con la fuerza arrolladora de las modas, con el poderío sonoro de los balidos del rebaño, con la imparable energía de los tópicos. Enchufar: una palabra con mucha chispa para una actividad electrizante como es el fútbol.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 5.4.08.

1 de abril de 2008

Persona


El Gobierno Vasco hace entrega hoy del premio a la Persona Vasca Cooperante 2007. Un título correcto, que estaría muy bien elegido si no hubiera incurrido en una censurable omisión. Para cumplir con todos los requisitos del lenguaje impecable tendría que denominarse Premio a la Persona Humana Vasca Cooperante. Es solo una sugerencia para próximas ediciones.

Spanish Ortography


Curiosos tiempos éstos en que al parecer resulta más fácil respetar la ortografía de las lenguas ajenas (pack) que la de las propias (indibisible).


(Encontrado por S. en un supermercado)

29 de marzo de 2008

No dejes que la gramática te estropee un buen titular


La afición a titular con hipérboles produce estos mamarrachos. Quizá sea que en el fondo de su corazón todo periodista alberga el sueño tópico de narrar la historia más grande jamás contada. Hay algo que no encaja en este mejunje de palabras: ¿puede hablarse de «el primer sonido jamás grabado»? Sobra jamás, claro. Pero sin el adverbio quedaría una noticia tan insignificante, tan poco imaginativa... No dejes que la gramática te estropee un buen titular.

27 de marzo de 2008

LA ROJA


La Roja. A la selección española de fútbol -que ya recibía el nombre de La selección, por antonomasia, como si no existieran otros deportes ni otros países- la empiezan a llamar La Roja. Bien es verdad que algunos lo hacen con unas cautelosas comillas o poniéndolo en cursiva. Lo que no parecen haber tenido en cuenta nuestros cronistas es que ese nombre ya tenía dueño en el ámbito futbolero: los chilenos lo vienen usando desde hace décadas para la selección de su país.

26 de marzo de 2008

El guionista conversador


«El placer que se siente al vaciarse de palabras lo he experimentado hasta el límite en esta conversación con Rafael Azcona. Raramente se produce el caso de un gran creador que resulte igual de imaginativo, divertido y sorprendente en sus escritos que en sus diálogos de sobremesa. Un ejemplo estelar es Rafael Azcona. Te lo encuentras cruzando un semáforo y te dice cualquier cosa improvisada que serviría para un magnífico guión, pero él la suelta como si nada, la lanza al viento y se larga».

(Manuel Vicent, en Memorias de sobremesa. Conversaciones de Ángel S. Harguindey con Rafael Azcona y Manuel Vicent. Madrid, Aguilar, 1998). En la foto, los tres conversadores.

23 de marzo de 2008

Aciago finde

No ha estado muy afortunada la edición digital de El País en sus informaciones del fin de Semana Santa. De entrada, la tarde del sábado informó de un crimen machista de esta manera:


Parece ser que el asesino, contra la orden de alejamiento que pesaba sobre él, residía en el domicilio de la víctima. Es decir, se alojaba en su casa. Pero eso no autoriza a hablar de orden de «alojamiento», que se sepa.

Esa misma tarde, la redacción de deportes se ocupaba de narrar la gesta del mariposista Rafael Muñoz en los campeonatos europeos de natación. Un pequeño lío con los numerales convirtió las centésimas en milésimas:

Y el día siguiente, domingo, de nuevo los cronómetros se le atragantaron al redactor de turno, que esta vez confundió la unidad segundo con el minuto:
Fue también el domingo cuando otro titular referido al Aberri Eguna introdujo un curioso neologismo: «elecotorales».

Lo dicho, un fin de semana redondo.

CHIQUILICUATRO

Si hiciéramos entre los jóvenes una encuesta acerca del origen del término «chiquilicuatre», muy pocos serían los que pusieran en duda su creación reciente. La mayoría de televidentes de menor edad considera que es una voz inventada por los guionistas, un vocablo artificial fabricado con el exclusivo fin de poner nombre a un personaje de ficción encumbrado a fenómeno mediático. Pero «chiquilicuatre» (como su igual «chiquilicuatro», en mayor proporción) tiene una larga vida. Unos doscientos años, por lo menos. El adjetivo ya se puede ver escrito en descripciones de Galdós y de Valera, o en diálogos de sainetes populares inspirados en el habla del siglo XIX, siempre con el significado despectivo que todavía conserva: «hombre informal y de poca importancia, zascandil, mequetrefe». Es lo que también reflejan términos como «enredador», «pelafustán» o «chisgarabís», sepultados bajo el polvo del tiempo. Tanto «chiquilicuatro» como «chisgarabís» y «mequetrefe» añadían en principio una referencia de aspecto corporal («de cuerpo pequeño y de escasa estatura») hoy desaparecida o atenuada. El caso es que a la hechura paródica del personaje de marras (lo que hoy llamaríamos un «friqui», en lenguaje más reciente) el nombre de «Chiquilicuatre» le cuadra a la perfección, aunque haya mudado la ortografía de la palabra al introducirle una k de estética pongamos que desenfadada. Bienvenidos sean pues los desvaríos de la subcultura televisiva si al menos sirven para resucitar palabras muertas o avivar otras en riesgo de extinción.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 22.3.07.

18 de marzo de 2008

Embriaguez pasional


Decididamente, la Semana Santa ya no es lo que era. Es cierto que conserva muchos de sus ritos, pero se percibe una cierta transformación en el ánimo de la parroquia. Aunque la noticia es del año pasado (El Comercio, 8 de abril de 2007), las fechas invitan a traerla aquí como testimonio de esa metamorfosis: antes los fieles quedaban embargados por la emoción; ahora quedan embriagados. Claro, se empieza suprimiendo la prohibición de abrir los bares y se acaba fomentando el vicio.

17 de marzo de 2008

Seis palabras


Quizá no valemos más que eso. La revista Smith ha convocado un concurso entre los lectores que logren contar su vida en seis palabras, ni una más ni una menos. Estamos en tiempos de cosas breves donde todo tiene que ser exprés, ultrarrápido, y sobre todo corto. Frente a los inacabables relatos-río, los vertiginosos vídeos colgados de youtube. Frente a las extensas cartas manuscritas de tres folios, el apretado mensaje de teléfono escrito en abreviaturas nerviosas. Hace ya un par de décadas anunció Miguel Delibes que el futuro de la narración estaba en las distancias cortas. Desde entonces han proliferado los textos mínimos, tan cortos o más que el famoso cuento de Monterroso con sólo siete palabras. José Luís González, que se tomó la molestia de agrupar en libro una selección de ellos, fue el primero a quien oí hablar de «microrrelatos». El término hizo fortuna, y con él el género, cultivado por autores tan distinguidos como Millás o Galeano, sin olvidar más cerca de nosotros al llorado Pedro de Miguel. Hasta hay un premio para microcuentos que lleva el nombre de Faroni, un personaje de Luis Landero. Y son innumerables las páginas de la internet donde pueden leerse relatos sucintos; yo me quedaría con la de «Cuentos en cien palabras» de Jordi Cebrián. El microrrelato no consiste en un simple ejercicio de ingenio comprimido. Es una forma de declarar la guerra a los plomizos novelones de mil páginas y de escasa sustancia que imperan en la región más comercial del mercado literario. O de plantar cara a esos escribicionistas de ‘blogs’ ―nueva versión de aquellos ‘cacalibri’ de los que hablaba Lichtenberg— que nos cuentan largo y tendido cada uno de los pormenores de sus apasionantes vidas anodinas. Ya dijo Borges, refiriéndose a los libros de memorias, que algunos no constan más que de cambios de domicilio. Uno de los concursantes en el certamen de Smith se ha retratado así: «Nacido en California; después nada pasó». Tal vez sea cierto y la mayor parte de nuestras biografías a lo sumo den para un relato de seis palabras, que es la medida aproximada de los epitafios.

Publicado en Diario de Navarra, 15.3.08.

12 de marzo de 2008

Camionaria


Creo que es Bioy Casares quien en alguna parte recoge pintorescos letreros de camión, de esos que se coloca(ba)n en los parasoles delanteros de las cabinas. Algunos son una completa declaración de principios. Hoy me he cruzado en la carretera con uno de ellos, más llamativo por el alarde tipográfico que por el mensaje, y me he acordado de esta foto que hace poco colgó Rafael Reig en su bitácora. Pudiera tratarse de un nombre de marca, aunque no alcanzo a imaginar la clase de mercancía adecuada para esa etiqueta. O una manifestación desbordada de amor paterno hacia esos Juan y José que podrían ser los hijos del pequeño empresario, su orgullo del alma, el objeto de sus desvelos. Quién sabe. Pero circular detrás de un vehículo como este por una calle estrecha y en hora punta tiene que amedrentar bastante. Y es que hay palabras que a viva voz pasan inadvertidas, pero escritas y además en mayúsculas producen un notable impacto.

11 de marzo de 2008

Adjetivos


«Me pregunto de qué color es la lluvia. No he encontrado ni en la Biblia ni en la literatura griega ningún adjetivo. Los autores se abstuvieron. Haremos lo mismo en nombre del aticismo. Cuando no se encuentra el adjetivo, es decisivo dejarlo».

10 de marzo de 2008

Fedspeak


«Sé que usted cree que entiende lo que piensa que dije, pero no estoy seguro de que se dé cuenta de que lo que escuchó no es lo que quise decir».

(Alan Greenspan, en sus buenos tiempos como Director de la Reserva Federal de los Estados Unidos)

4 de marzo de 2008

TIEMPO DE MURMURACIONES


Una bonita expresión. En el lenguaje de las sotanas, se llama tiempo de murmuraciones al que transcurre entre las primeras deliberaciones para la elección de un cargo eclesiástico y la votación final. Ahora los obispos están encerrados a solas con sus murmuraciones antes de decidirse por Blázquez o Rouco. Murmuraciones: susurros, intrigas, comidillas, rumores, pactos ocultos... Dicho así, parece como si el ceremonial de la Iglesia tolerara un último round donde está permitido el juego sucio, los golpes bajos, las malediencias para rebañar esos votos indecisos que tan bien vendrían para... Se supone que el periodo de murmuraciones es el correlato de lo que en la vida civil llamamos jornada de reflexión. El clero murmura, la ciudadanía reflexiona. Es curioso.

1 de marzo de 2008

ACTOR DE REPARTO


Al recibir su bien ganado premio, Javier Bardem ha evocado estos días la figura del viejo cómico menesteroso, estigmatizado por la sociedad a la que proporcionaba regocijo, condenado desde estrados y púlpitos por su vida supuestamente licenciosa y a quien estaba prohibido enterrar en sagrado. Quizá como defensa frente a todo eso los actores cultivaron un especial orgullo, un marcado sentido del honor que les lleva a caminar con la cabeza alta y a exigir un trato distinguido en las palabras usadas para designar su tarea. Porque no es lo mismo ser «protagonista» o «comparsa», «figurante» o «primera dama», «cabeza de cartel» o simple «alzapuertas». Lo que antes se llamaba «actor secundario» ha pasado a coexistir con «actor de reparto», cada vez más empleado. Un eufemismo, evidentemente. Se supone que «secundario» hace descender de categoría, denota cierta falta de consideración por la labor de quien actúa, lo coloca detrás de las verdaderas estrellas. En cambio «actor de reparto» borra las escalas y las diferencias puesto que el reparto lo integran todos cuantos intervienen en una película o función teatral. El inglés los llama «supporting actors», esto es, actores de refuerzo o de apoyo, sin que eso conlleve ninguna pérdida de estima. El óscar de Bardem («the best supporting actor») está siendo traducido como «mejor actor de reparto» en vez del tradicional «actor secundario». Pero nada cambia en realidad, ya que la próxima edición del DRAE dejará las cosas como estaban al incluir esta definición para «actor de reparto»: «el que desempeña papeles secundarios».


Publicado en 'Juego de palabras' del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 1.3.07.

26 de febrero de 2008

POR EL FORRO

Son dos las locuciones del español coloquial que contienen la palabra «forro». La una, «ni por el forro», es lo mismo que «en absoluto», «en modo alguno», «de ninguna manera», e indica principalmente alguna forma de limitación o de dificultad extrema para llegar a algo: «Ese no se saca el carné ni por el forro»; «¿Crees que es capaz de leer un libro? Ni por el forro». La otra acompaña al verbo «pasar» en forma pronominal. Pasarse algo por el forro significa dar a una cosa poca importancia, despreciarla, no tenerla en consideración («Tus consejos me los paso por el forro», «El alcalde se pasa la ley por el forro»). En este segundo caso, el forro no es el recubrimiento interior de algunas prendas de vestir, sino la capa exterior que protege un determinado órgano corporal. O sea, el escroto. Para evitar la expresión completa y más descarnada de «pasarse por el forro de los cojones» el castellano omite el complemento pero manteniendo la descripción del acto figurado mediante el que se muestra desprecio hacia aquello que hacemos pasar por nuestras partes pudendas. En el mismo sentido actúa la expresión «pasarse por el arco del triunfo», de un refinamiento eufemístico quizá más rebuscado. Esta mezcla de expresividad y recato es lo que quizá justifique el cruce, un tanto surrealista, que conduce a «pasarse por el forro del triunfo», como decía hace poco un tertuliano radiofónico refiriéndose a la actitud de la ministra de Fomento respecto a una moción del Senado. Claro que también hay entrenadores de fútbol que aseguran estar «hasta el forro de las narices» de los árbitros. Muy grande tiene que ser su enfado para llegar a tanto.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 9.2.08.

José María Romera
9 febrero 2008

Berceo


Berceo, ¿escritor de las primeras palabras en castellano? Lo raro es que esto lo digan en un periódico de su propia tierra. Harto de vino hay que estar para saltarse un siglo en la historia del español.

12 de febrero de 2008

La RAE y los SMS

Acaba de anunciar la Real Academia Española su intención de elaborar una tabla de abreviaturas para los mensajes enviados mediante los teléfonos móviles. Como «la RAE tiene conciencia de que la lengua es del pueblo y es callejera [sic]», en palabras del director de la Institución, los sabios del idioma han decidido dar carta de naturaleza a la ininteligible jerigonza de los SMS (‘Short Message Service’ o servicio de mensajes cortos). ¿Qué objetivo puede perseguir semejante ocurrencia? La escritura de los mensajes en pantalla es una cosa espontánea y privada sin más normas que las de la urgencia y la economía. Los muchachos emplean sus abreviaturas —cada cual la suya—, sus ‘emoticones’, sus signos particulares al buen tuntún, inspirados únicamente por el deseo de escribir rápido y de aprovechar al máximo el número de caracteres que les permiten las tarifas del proveedor y las características de cada aparato. Sus códigos se mueven entre la anarquía y la norma tácita instaurada por la costumbre, y así consiguen cierta eficacia. No hay necesidad alguna de intervenir sobre ellos, salvo para advertir que no deben emplearse en otras situaciones o ámbitos de la comunicación. Hay que ser ilusos para imaginar a los usuarios de SMS consultando la tabla académica. Si la Academia lleva adelante su propósito de fijar una lista de abreviaturas para esta clase de mensajes, sólo logrará un efecto perverso: hacer creer a los jóvenes que sus xq, mñn, ktal, kdms? y salu2 tienen licencia de uso en exámenes, cartas o documentos escritos. ¿Cómo se escribirá la abreviatura de «insensatez» en SMS?


Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 2.2.08.

Peligro


Y su primera víctima fue una vocal.


(Gracias a P.)

6 de febrero de 2008

Ortografías de logotipo


Iurbentia es un nombre de marca. Pertenece a una firma inmobiliaria que patrocina al club de baloncesto Bilbao Basket. Como todos los nombres propios, el de Iurbentia ha de escribirse con mayúscula inicial y así lo hacen muchos periódicos. Sin embargo otros lo estampan con minúscula (iurbentia), en un caso sin precedentes en la ortografía periodística. No es una confusión ni se debe a ningún descuido. Se trata de un uso consciente, al parecer inspirado en el logotipo de la marca. Ni que decir tiene que no es argumento convincente. Hay muchas firmas comerciales que en su imagen de marca juegan con tipografías caprichosas, pero que en la escritura respetan la norma ortográfica. Sin ir más lejos, la propia firma Iurbentia muestra en su imagen gráfica una letra n invertida horizontalmente (letra que, sin embargo, ningún periódico se ha atrevido a reproducir así). Habría que ver cómo se las arreglan los directivos y empleados de la casa para poner el nombre de Iurbentia en sus cartas.

El baloncesto es deporte de jugadores altos y merece unas letras de buena estatura. ACB, MMT, TAU, AXA, DKV son siglas de notable tamaño con las que están familiarizados todos los seguidores del deporte de la canasta. ¿Por qué entonces ese antojo de una letra canija que ofende a la ortografía y empequeñece a los gigantes de un equipo que ―dicho sea de paso― está haciendo una magnífica temporada?

30 de enero de 2008

MADRID, ESCALA RÉAUMUR


Eso es empezar una novela con buen pie. Espantando al lector que desconozca las equivalencias entre escalas termométricas. Pero, más aún, haciendo crujir la sintaxis con una construcción que leída literalmente obliga a pensar no en la temperatura ambiente, sino en un «Madrid escala Réaumur» distinto del Madrid Celsius y del Madrid Fahrenheit. En efecto, hasta ahora nadie lo había contado así.

«Ocho grados Réaumur» son más o menos diez grados centígrados. Para un 2 de mayo a las siete de la mañana, normal tirando a fresquito. El día perfecto para levantarse en armas.

Niños líneas


A veces los censores de la lengua nos olvidamos de mirar las vigas en los ojos propios. Le ha pasado ahora a Arcadi Espada, afilado observador de los vicios periodísticos, pero en cualquier momento nos puede suceder a cualquiera. ¿Qué son estos «niños líneas» de los que habla su nota de bitácora del 29 de enero, donde precisamente reflexiona sobre asuntos de comprensión y expresión lingüística? Por más vueltas que uno le dé, no encuentra la razón de la presumible errata. No hay manera de saber qué diabólico adjetivo pudo metamorfosearse en el rarísimo «líneas». Pero algo extraño ha tenido que ocurrir, y el borrón persiste ahí como un desafío a la imaginación del lector, como un dedo acusador de las prisas redactoras, como una reivindicación nostálgica de la desaparecida figura del corrector en los periódicos, como una de esas obstinadas erratas que se niegan a abandonar el barco. ¿Niños líneas?

La marca


Según cuentan los propagadores de leyendas urbanas, el nombre de la marca Zara fue producto de la casualidad. Lo que Amancio Ortega quería registrar en la oficina de patentes era otro término de fonética semejante, también con las letras z y r, pero se encontró con que ya estaba ocupado. Así que fue buscando posibles combinaciones de vocales hasta dar con zara, una palabra aún sin dueño quizá debido a su simpleza. O porque ya se llamaban así unas pastillas de regaliz envasadas en cajitas que competían en vano con las viejas juanolas de tan grato recuerdo. Pero Ortega se arriesgó. Al fin y al cabo, dado que sus ropas estaban pensadas para gente joven, tal vez la asociación mental con las golosinas diera sus frutos. Y vaya si los dio. El emporio Inditex ha alcanzado tal volumen que no sólo nadie discute ya el acierto en la elección de aquel nombre comercial, sino que a partir de él se ha creado una especie de etimología retroactiva que conduce hasta ‘Zar’, que es lo mismo que emperador. Pues bien, el imperio del nuevo zar no se contenta con ejercer su poderío en los escaparates de medio mundo y sobre los anhelos consumistas de media Humanidad. Pretende ahora dominar también en el incontrolable universo de las palabras. En una localidad turca que lleva el nombre de Zara desde ocho siglos atrás hay varios comercios y pequeñas empresas cuyos rótulos lucen ese topónimo usado como marca comercial. Hace pocos días se ha sabido que la Zara hegemónica, la gallega, ha emprendido acciones ante los tribunales para impedir que los vecinos y originarios de la Zara turca hagan uso mercantil de su propio nombre. En cualquier rincón del mundo abundan las empresas, industrias y tiendas de todo tipo que se identifican con el nombre del pueblo donde están emplazadas. A sus dueños se les podrá acusar de chovinismo o de falta de imaginación, pero en modo alguno de apropiación verbal indebida. Si sometiésemos a las dos Zaras al dictamen de la cultura en su sentido tradicional, probablemente el pequeño pueblo de Anatolia se impondría sobre el logotipo, más transnacional que gallego, de la marca textil. En su defensa acudirían los valores del patrimonio histórico, de la transmisión por herencia, del derecho consuetudinario y de la pura y simple cronología. Pero la cultura de nuestro tiempo se rige por otros principios. La propiedad intelectual no corresponde al primer inventor, sino al más grande. El plagiario no es el que viene detrás, sino el pequeño, el subalterno. Y así se da la paradoja de que ochocientos años de memoria deben humillarse ante veinte años de lucrativa prosperidad. Donde hablan los zares han de callar los súbditos. Y todavía algunos se preguntan quiénes mandan aquí.

Publicado en El Correo, 26.1.08, y en El Norte de Castilla, 27.1.08.

29 de enero de 2008

DAR [BUENA] CUENTA

Otra nueva manía de algunos profesionales de la comunicación hablada, tanto en la radio como en la televisión: recurrir a la locución «dar buena cuenta [de algo]» para decir lo mismo que «informar» pero más enfáticamente. «Dentro de unos segundos les daremos buena cuenta del viaje de Sarkozy»; «ya dimos buena cuenta de esta noticia la semana pasada». Un error. Una cosa es «dar cuenta» de algo (explicarlo, notificar de ello) y otra bastante diferente «dar buena [o mala] cuenta» de algo o de alguien. Cuando decimos «dio buena cuenta de una enorme paella» estamos indicando que el sujeto se la zampó, porque eso es lo que significa «dar buena cuenta» con complemento directo de comida o de bebida. Si el complemento es una persona o grupo humano, la locución significa «matar», «destruir», «derrotar»: «El Athletic dio buena cuenta del Osasuna», «el asesino salió de casa dispuesto a dar buena cuenta de su víctima». De manera que, cuando un periodista asegura haber dado «buena cuenta» de un hecho, lo que transmite sin saberlo no es que haya informado con más rigor y precisión de lo habitual, sino que se ha cargado la noticia, que la ha despachado con voracidad y sin miramientos. La fórmula «dar buena [o mala] cuenta» admite la supresión del adjetivo: «El Athletic dio cuenta del Osasuna», pero no así al revés. Bien es cierto que determinados comunicadores y ciertos espacios de la parrilla audiovisual tratan la información de manera tan alevosa que en su caso sí podría decirse que acostumbran a «dar buena cuenta» de lo que cae en sus manos.

Publicado en 'Juego de palabras' del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 12.1.08.

23 de enero de 2008

Concordancias


El distributivo «cada» sirve aparte de otras cosas para indicar proporciones. En oraciones como «uno de cada cinco autónomos extranjeros es rumano» o «seis de cada cien jugadores apuestan por superstición», la fórmula numeral + de cada + numeral delimita el alcance de determinados hechos o fenómenos. Se trata de un procedimiento muy usado en los medios de comunicación para transmitir de forma sencilla el resultado de estudios sociológicos, de encuestas o de estimaciones estadísticas que expresadas en otros términos no llegarían al receptor común. Gramaticalmente, el primero de los dos numerales actúa como sujeto de la oración y por lo tanto debe guardar concordancia de número con el verbo. Sin embargo, no siempre la regla es respetada. He aquí unos titulares de noticias recientes: «Ocho de cada diez estudiantes aprobó Selectividad»; «Nueve de cada diez madrileños respalda la candidatura de Madrid 16»; «Siete de cada diez ocupados tiene jefe»; «Sólo cuatro de cada diez habitantes de Zamora tiene móvil»; «Seis de cada diez atropellados en Pamplona cruzaba por un paso de cebra». En todos los casos, como puede verse, el sujeto en plural no se corresponde con el verbo (que debiera ser «aprobaron», «respaldan», «tienen» y «cruzaban», en plural). Esta anomalía, en evidente incremento, se produce especialmente cuando la medida de referencia es la decena, y no tanto en las otras dos construcciones similares más usadas («cada cinco» o «cada cien»), aunque sí son frecuentes las confusiones de número gramatical en la expresión de los porcentajes. Evítese.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 5.1.08.

22 de enero de 2008

Infinitivos


Todos hemos asistido alguna vez a reuniones o conferencias donde el ponente termina su disertación recurriendo a expresiones del tipo «Por último, aclarar que...» o «Como conclusión, decirles que...». Crece sin tasa este empleo del infinitivo como verbo principal colocado al principio de una frase con la que generalmente se remata una intervención oral. Es sabido que las formas no personales del verbo (infinitivo, gerundio y participio) sólo pueden emplearse en las subordinaciones, nunca para la oración principal. Pero el virus se ha extendido y ya no es extraño encontrarlo también en los exordios («Antes de nada, agradecer su presencia en este acto») o en otras partes del discurso. Sucede especialmente con los verbos de comunicación o «de decir»: expresar, decir, manifestar, afirmar, informar... Se trata de una incorrección gramatical provocada casi siempre por la omisión de otro verbo previo que exprese en primera persona la intención del hablante («quiero aclarar...», «debo decirles...», «deseo agradecer...»), pero el error puede ser evitado de otra manera aún más sencilla, mediante el empleo del mismo verbo en forma conjugada («aclaro que...», «les digo que...», «agradezco»). Sin embargo, el neoespañol tiende a la rareza y la complicación en vez de buscar la sencillez y la naturalidad. El «infinitivo fático» -así lo denominan algunos gramáticos- es uno más de sus ridículos caprichos; otra de las continuas sacudidas a las que el idioma se ve sometido a manos de quienes prefieren usarlo como ornamento que como herramienta de comunicación eficaz.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 29.12.07.

16 de enero de 2008

Un apoyo muy particular


No resisto la tentación de tomar de la bitácora de José Fernando Melero esta fotografía que no necesita pie alguno en el que apollarse porque ella sola lo dice todo.

15 de enero de 2008

Las palabras del himno


Es sano a veces no dejarse llevar por las opiniones de la mayoría, y más higiénico aún es manifestarlo:

LA LETRA

Himnos, escudos y banderas componen una tríada peligrosa. Al amparo de estos tres símbolos la Humanidad ha perpetrado demasiadas fechorías, y hoy es el día en que aún la tela de una bandera puede encubrir el peor de los crímenes. Pero ya que están ahí, manejemos los símbolos lo más sensatamente posible antes de que ellos nos manejen a nosotros. De manera que no está mal poner letra oficial a un himno nacional que no la tiene, y así evitar tentaciones futuras. Acaba de hacerse pública la letra escogida para la Marcha Real por la SGAE y el COE. No es un prodigio de lirismo, cierto. Pero tampoco me parece que haya que descalificarlo a botepronto como han hecho algunos padres y madres de la Patria. El problema seguramente está en que hace unos meses, al iniciar el procedimiento de selección, se crearon demasiadas expectativas. Muchos pensaron que de aquí podía salir una pieza sublime a la altura del mejor Píndaro o por lo menos de un Rubén del siglo XXI. No tuvieron en cuenta que los himnos nacionales de la mayoría de países son un manojo de tópicos aderezados con brochazos de euforia patriotera e incursiones en la blandenguería sentimental más socorrida. Eso, cuando no reproducen directamente arengas bélicas repletas de llamadas a la violencia. Uno se daría por satisfecho con que el himno de su país no incurriera en esta clase de excesos. Y si por algo destaca la letra hecha pública ahora es por su simpleza. Apela a los lugares comunes de rigor, desde los inevitables vivas hasta los consabidos motivos paisajísticos, pero se contiene mucho en los epítetos, escoge bastante bien las apelaciones a valores abstractos, pasa como de puntillas por esos asuntos territoriales que tanto malhumor causan a nuestros compatriotas y, en fin, no dice nada que pueda molestar especialmente ni a nativos ni a foráneos. Un himno de perfil bajo, vulgar si se quiere, pero por eso mismo ajustado. Y lo mejor de todo: no lo ha escrito un ministro ni un espadón ni un poeta de Corte, sino un ciudadano en paro. Ahora, a ver si se lo aprenden los futbolistas porque sólo entonces tendrá la bendición definitiva.

(Publicado en Diario de Navarra, 12.1.o8)

14 de enero de 2008

Ángel fieramente cercano


Hubo un tiempo en que a los profesores de literatura nos dejaban enseñar literatura, así que todavía podíamos permitirnos uno de los mayores lujos del oficio: leer a nuestros alumnos los poemas de Ángel González. Había uno que gustaba especialmente a casi todos los estudiantes; era el que empieza con estos versos: «Si yo fuera Dios / y tuviese el secreto / haría / un ser exacto a ti...». Se trataba de Me basta así, una hermosa declaración de amor, bastante a la medida de los adolescentes que a partir de ese reclamo empezaban a interesarse por aquel hombre barbudo, con gafas gruesas, ovetense aunque con acento nada asturiano que había vivido muchos años entre España y Albuquerque, Nuevo México. Sin discusión, uno de los grandes poetas de la segunda mitad del siglo XX. Un hijo de la guerra que arrastraba consigo la rabia de aquella catástrofe pero transformada en energía poética. Porque ya desde Áspero mundo su manera de entender la rebeldía y el compromiso mediante la palabra se había alejado decididamente del panfleto.


La suya era una escritura tejida de «la enloquecida fuerza del desaliento» por un lado pero de una sutil e inteligente ironía por otro. Pese a los diversos cambios que experimentó su poesía a lo largo de los años, hay en toda ella un tono inconfundible, un toque especial que a quien esto escribe siempre le ha parecido consecuencia de su profunda humanidad. Como Machado, huyó siempre de la épica y de la retórica grandilocuente, esos lastres que han malbaratado a tantos buenos poetas. Aun en sus libros más comprometidos como Tratado de urbanismo supo transformar la conciencia histórica en sentimiento, un sentimiento que se resumía en «este miedo difuso, / esta ira repentina, / estas imprevisibles / y verdaderas ganas de llorar». O en un humor sarcástico que no impedía la expresión tierna, afectuosa y directa. No es que Ángel González fuera un poeta sencillo. Lo que ocurre es que era un hombre cercano, y además dotado de un don singular para transmitir esa cercanía a sus poemas por más que escribir un poema —sentenció una vez― sea tan inútil como «marcar la piel del agua».

Ángel González ha dejado en esta orilla ochenta y dos años muy bien empleados, entre versos y entre amigos, entre lecciones y farras. Desaparece uno de los últimos representantes de la fecunda generación de los 50, esa quinta —Barral, Goytisolo, Gil de Biedma, Claudio Rodríguez― que se nos ha ido muriendo poco a poco con las copas puestas y al grito de «que nos quiten lo bebido». El vitalismo amargo y a la vez jovial de Ángel González tal vez no deje una escuela poética tras de sí porque hay voces difíciles de imitar, pero continuará vigente como todas las voces verdaderas que nos siguen sirviendo para entender el mundo o por lo menos para hacerle frente. Incluso cuando apenas «quede quizá el recurso de andar solo, / de vaciar el alma de ternura / y llenarla de hastío e indiferencia / en este tiempo hostil, propicio al odio».


Publicado en Diario de Navarra, 13 enero 2008.

3 de enero de 2008

Derecho a tener derechos


Dicho así, entra la duda de si hemos avanzado o hemos retrocedido con respecto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

2 de enero de 2008

*TODIMPIO


Estragos de los excesos navideños en una sociedad gastronómica. También la lengua escrita se resiente del vapuleo festivo.

30 de diciembre de 2007

CUNERO


Con las primeras designaciones de candidatos para las listas electorales llega el eco sonoro y antiguo de la voz «cunero». Los intereses de los partidos en liza conducen a menudo a proponer como candidatos por una determinada circunscripción a individuos que no han nacido en esa región o provincia ni residen en ella. Son los conocidos en la jerga política como «cuneros». La palabra no es hija de la Transición democrática, como creen algunos. Viene de tiempos de la Restauración, cuando el poder caciquil alentaba las preferencias por lo local frente a lo foráneo, aunque el mérito pudiera estar más cerca de lo segundo que de lo primero. Se trataba de defender a capa y espada los intereses propios desacreditando a los advenedizos que, por mucha valía y capacidad que trajeran, no eran «de los nuestros». Se les llamó entonces cuneros porque así eran conocidos los niños de hospicio, los recogidos en las «casas cuna» u orfelinatos. Pero también los caciques recurrían a los cuneros en caso de necesidad, como refuerzos con los que imponer su poder sobre las bases locales. De manera que la palabra quedó en una ambigua zona de nadie, a medio camino entre el desprecio y la alabanza, entre el rechazo y el prestigio. Cuando las listas de un distrito son encabezadas por un cunero de relieve, los votantes se sienten en cierto modo halagados porque eso les otorga un signo de distinción. Y, al revés, los militantes locales del partido miran al cunero como a un «paracaidista» lanzado desde las alturas sin ninguna consideración para con los propios. Cosas de la política.


Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 22.12.07


24 de diciembre de 2007

18 de diciembre de 2007

CUADERNA VÍA


El texto pertenece a un examen de lengua y literatura de primero de bachillerato, donde el estudiante trata de responder a la pregunta «¿Qué es el Mester de Clerecía?». Salvado el escollo de Gonzalo de Berceo mediante el hábil recurso de las iniciales, un nuevo obstáculo se interpone en su camino al aprobado. ¿Cómo diablos se llamaban las estrofas aquellas compuestas por cuatro alejandrinos monorrimos? Lo tiene en la punta del bolígrafo, pero se resiste a salir. Al cabo de un rato se hace por fin presente: «Cuadros vitales». Eso es. Los clérigos escribían sus relatos en cuadros vitales. Qué nervios.

17 de diciembre de 2007

HORAS LOCALES



El ideal de precisión informativa en las noticias pasa por especificar lo más detalladamente posible las circunstancias del hecho narrado. Entre ellas, el cuándo. Una noticia bien relatada debe contener la mención de la hora en que ha tenido lugar el acontecimiento. Pero la información se ha mundializado de tal forma que muchas veces no basta con eso; es necesario aclarar si la hora corresponde al lugar del hecho o al lugar del lector. Lo más frecuente es lo primero, y para eso la prensa recurre a la vieja fórmula de «hora local». Se construye en aposición, separada de la hora correspondiente mediante una coma: «La entrevista entre los dos mandatarios terminó a las 8, hora local». Últimamente, sin embargo, se está generalizando un uso anómalo de la expresión. Consiste en enlazarla con el numeral y hacerla concordar con él, de forma que pasa a presentarse en plural. He aquí algunos titulares correspondientes a esta misma semana: «El juicio de Fujimori comenzó a las 10:04 horas locales». «La explosión se produjo a las 17 horas locales». «Los partidos se disputarán a las 17:00 horas locales». «La nueva presidenta Cristina Fernández de Kirchner empezó su jornada a las 14:00 horas locales». La costumbre ha calado por igual en la prensa española y en la latinoamericana, y es probable que acabe sentando norma. Sería un grave error gramatical (el número y la palabra «hora» no pertenecen al mismo sintagma y por tanto no guardan concordancia entre sí) y también semántico (aquí «hora» equivale a «huso horario», no a «unidad de tiempo»). El tiempo dirá.




Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 15.12.07.

13 de diciembre de 2007

PUBLIO


Ovidio tampoco habría pasado el cruel filtro de estos correctores electrónicos que tantas cosas, ay, desconocen. La desgracia persigue a Publio Cordón, convertido en una especie de fantasma del que a este paso ya no va a quedar ni el nombre de pila.

9 de diciembre de 2007

FELIZ APARCAMIENTO


Decimos «Feliz aniversario», «Feliz fin de semana» o «Felices Pascuas» como expresión de deseo, sincero o simplemente cortés. El adjetivo «feliz» transmite al destinatario la voluntad de que un determinado acontecimiento discurra para él de forma grata, de que le depare alguna clase de alegría, placer o satisfacción. Se acercan fechas en que todos lo pronunciaremos sin tasa. Desearemos felicidad a propios y extraños empleando siempre el mismo sintagma, donde «feliz» irá acompañado de diversos sustantivos. Felices navidades, felices pascuas, feliz año, feliz Nochebuena. Lo que no parece tan razonable es desear a alguien «feliz aparcamiento», como puede leerse en la ventanita luminosa del expendedor de tiques a la entrada de un aparcamiento subterráneo donostiarra. Seguro que también lo pone en otros de otras ciudades, porque estas cosas suelen venir de serie. ¿Se puede alcanzar la felicidad estacionando un vehículo de motor? La pregunta desborda el ámbito de lo semántico para penetrar en el de lo metafísico. Pero lo más probable es que se trate de otro exceso de ese lenguaje de la falsa cortesía con el que los mercaderes y los proveedores de servicios se dirigen a sus usuarios y clientes. Uno recibe el mensaje, coge su tarjeta, da unas cuantas vueltas en busca de un espacio donde aparcar y deja finalmente el automóvil ahí quieto, pensando que tal vez sea al coche y no a él a quien desean un feliz descanso. Al pagar en caja, el conductor se pregunta si no deberían haber escrito también «feliz cobro» (o «feliz saqueo», tal vez) más que nada por coherencia lingüística.

Publicado en 'Juego de Palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 8.12.07.

5 de diciembre de 2007

Sin artículos

Aprendimos de pequeños que los nombres propios de persona no deben llevar artículo: Antonio, no «el Antonio»; Mercedes, no «la Mercedes». El empleo del artículo constituye un vulgarismo que empequeñece, subestima y ofende al mencionado. Tal vez por eso en el habla actual va dejando de acompañar a determinados sustantivos comunes. Ya es normal oír expresiones como «Voy a resolver unos asuntos en Diputación» o «Fuentes de Gobierno informan de la apertura de negociaciones». Aquí la Diputación y el Gobierno parecen no sólo quedar personificados, sino adquirir cierto rango de nobleza precisamente por la omisión del necesario determinante artículo. Bien, al fin y al cabo se trata de instituciones a las que los ciudadanos profesan alguna forma de respeto, como si se tratase de personas distinguidas. Hay, por así decirlo, un factor psicológico que explica el error. Donde resulta menos comprensible es en otras situaciones corrientes en las que el nombre despojado de artículo designa un lugar, espacio o dependencia común y corriente. Ocurre mucho en el lenguaje de la burocracia administrativa («Persónese en Secretaría», «Hemos recibido un informe de Inspección», en vez de «la Secretaría» o «la Inspección»), que probablemente ha inspirado a los hablantes en otros ámbitos donde la supresión del artículo ya es vicio habitual. «Abonen sus compras en caja», advierte el rótulo de un comercio. «Te necesitamos en plató dentro de una hora», dice la voz de un anuncio. «Acceso a comedor», se lee en un bar-restaurante. «Pidan información en mostrador», en una tienda. ¿Será que el artículo está llamado a desaparecer?

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 24.11.07.

20 de noviembre de 2007

PAVO


Un pavo no es sólo el ave galliforme de negruzco plumaje y extraña cabeza que nos visita en las navidades. El término «pavo» ha ido adquiriendo a lo largo del tiempo otros significados, y entre ellos el de «moneda de cinco pesetas». Hasta no producirse la europeización monetaria, en el argot común un pavo equivalía a «un duro» desde la lejana época en que ambas cosas sólo estaban al alcance de los más privilegiados. Ahora la Dirección General de Tráfico ha dado un nuevo impulso a la palabra merced a una campaña publicitaria que la emplea como leit-motiv. En síntesis todo se reduce a lo siguiente: los jóvenes menores de 25 años que aspiren a obtener el permiso de conducir podrán disponer de un crédito que sólo les obligue a pagar un pavo al día. Pero aquí el pavo se ha encarecido; en vez de un duro, vale un euro. El nuevo referente semántico del vocablo (pavo=euro) no es invención de las autoridades, pues ya está relativamente consolidado en el habla de la calle. Lo que llama la atención es esa creciente tendencia al coleguismo idiomático que manifiestan los gobernantes cada vez que se dirigen a la gente joven. Les ofrecían viviendas a las que llamaban «quelis» y ahora carnés de conducir por un «pavo» diario. Quizá nadie ha tenido en cuenta que también «pavo» es sinónimo de soso o parado, y que en la jerga marginal significa «incauto, víctima de un robo o una estafa» (véase el Diccionario del argot de Víctor León). A la vista de los anuncios televisivos de la DGT, se diría que sus jóvenes destinatarios quedan incluidos en esta última acepción. Son los inconvenientes de la polisemia.

Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 17.11.07.

Ya es una batalla perdida, y aquí está la prueba. Ocupando todo el titular en el periódico de mayor tirada de España. Tarde o temprano tenía que suceder que ese maldito punto y final ganara la partida al pobre pero correcto punto final.

14 de noviembre de 2007

Eufemismos en pareja



Las dos caras de ese proceloso asunto que es la vida conyugal reflejadas en sendos eufemismos: uno para el encuentro y otro para la despedida, uno para el amor y otro para el desamor, uno para el «¿estudias o trabajas?» y otro para el «ahí te quedas», uno para la petición de mano y otro para el puntapié:

«Entonces supe que lo que debía hacer era invitarle a un proyecto vital compartido»

«La Zarzuela anuncia el cese temporal de la convivencia matrimonial»

Las cosas del querer son a veces complicadas, pero anda que las palabras...

6 de noviembre de 2007

'MIGRATA'

Una pintada en las cercanías de la localidad navarra de Peralta (llamada así desde época romana por la ‘piedra alta’ que se levanta sobre la espalda del pueblo) retoca el topónimo y lo convierte en Perualta. La u epentética no es producto de la confusión. Se trata de un deliberado engaño verbal que alude a la abundante presencia de población inmigrante en el lugar. Peruanos, ecuatorianos, marroquíes, rumanos, tanto da; la xenofobia no suele ir muy ligada al dominio de la geografía. Abundan estos juegos de creación léxica empleados por el aborigen para señalar al llegado, para mirarle por encima del hombro, para expresarle su desprecio. Para los andinos de pequeña estatura se ha ideado «payoponi», un compuesto de dos lexemas: el uno racista («payo»), el otro zoológico («poney»). Apenas instaladas en España las primeras cohortes de latinoamericanos ya se les había adjudicado el oprobioso apocopado de «sudacas». Ahora empieza a oírse «migrata», una especie de derivado genérico del término «inmigrante» primero reducido a su raíz más elemental y luego completado por el sufijo –ata (que, como en «negrata», arrastra una visible carga de desprecio). La boca que insulta considera «migratas» sin distinción a todos los venidos de fuera para buscar trabajo, para salir adelante, para sobrevivir. Son «migratas» porque molestan, como un incómodo dolor de cabeza pero sin ñ. Son «migratas» porque llamándoles así parece más fácil justificar el oprobio y la condena que recaen sobre ellos. Qué lástima, tanto desperdicio de agudeza verbal puesta al servicio de la intolerancia.

(Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 3.11.07)