9 de abril de 2009

Pasión y muerte de la ortografía

Uno de los pasos procesionales de la cofradía de la Vera Cruz de san Vicente de la Sonsierra (cuya Pasión es conocida por los espeluznantes picaos) representa la escena del apóstol Pedro negando conocer a Jesús. Las mujeres que le señalan portan sendas notas manuscritas donde pueden leerse sus palabras. Salvando las distancias, es el mismo procedimiento que más tarde emplearían los cómics al poner bocadillos en las viñetas.






El visitante curioso no se ha conformado con contemplar sólo el elemento icónico de la composición. Al fijar su atención en la parte verbal ha podido observar que también en el arte sacro de nuestros antepasados se incurría en flagrantes faltas de ortografía.



Habría que datar las piezas, no obstante. Hasta los primeros intentos de fijación ortográfica en el siglo XVIII, la norma brillaba por su ausencia y todo era vacilación y desmadre. Sin embargo conocemos pocos ejemplos anteriores de «bentura» así escrita. El término ventura no es de los que plantee dudas, pues hasta el más lego sabría relacionarlo con el verbo «venir» desde sus orígenes latinos, donde venitura o ventura es el participio de futuro de venire en su forma del neutro plural, esto es, ‘las cosas que han de venir’. En cuanto al verbo «bi», sobran los comentarios. En resumen: que la ortografía ya conoció tiempos tan calamitosos como los actuales antes de que se implantara la Logse. Y eso que los curas sabían latín.

2 comentarios:

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

En todas las épocas se cuecen habas.

desequilibros dijo...

¿Cómo era aquéllo de la "-be" alta?

¿O era la "-be" larga?

Supongo que debe ser la misma norma por la que se ponía "Quebedo".

Pero tiene mucha guasa.