11 de febrero de 2009

ECOCIDIO


Lo que no han podido los argumentos humanitarios lo pueden conseguir las consignas de moda. Lo decía esta semana Francisco Santos, vicepresidente de Colombia, uno de los hombres más comprometidos en la lucha contra el narcotráfico en su país. Durante décadas la gente de bien colombiana ha tratado de acabar con la plaga de la violencia asociada a las mafias de la cocaína y a cuantos, de ese lado y también del contrario, se beneficiaban del negocio de la muerte. Todo inútilmente. Sin embargo parece que las cosas están cambiando y que no sólo los colombianos de a pie sino muchos de los poderosos que han sacado provecho del narcotráfico se muestran sensibles a la causa antidroga. No lo hacen apenados por las víctimas ni deseosos de acabar con la sangre y la violencia. Lo que les ha hecho cambiar de actitud es el discurso ecologista del gobierno, que una campaña tras otra insiste en asociar la producción de cocaína con la destrucción del medio ambiente. De una parte los cultivos ilegales de coca han provocado la deforestación de buena parte del país. De otra, los vertidos de residuos químicos originados provenientes de los centros de producción de droga están envenenando un gran número de ríos. Y la gente se conmueve al oír esto mucho más que cuando antes un sicario mataba a su vecino o una bomba de gran potencia hacía saltar por los aires a un juez no corrupto y a todos sus ayudantes. Aunque el neologismo no es de invención colombiana, son los colombianos quienes están sacando el mejor partido al término «ecocidio». Santos, quien además de un maestro de las palabras es un hombre pragmático, lo ha confesado sin empacho: el cambio climático genera más sensibilidad que los muertos, así que entramos por la puerta que se nos abre. Aquí entre nosotros, la última víctima de los etarras cayó asesinada en nombre de una supuesta defensa de la naturaleza. No coló, claro, pero la justificación dada por los criminales sabía a dónde apuntar. No hay más que ver la legión de marcas comerciales de toda clase cuyas proclamas publicitarias apelan al verde, al aire, al agua o a las energías limpias, conscientes de que entre un ecocidio y un homicidio las mayores antipatías irán contra el primero. Es bueno tenerlo en cuenta. En primer lugar, para alegrarnos de que por fin el planeta tenga sus defensores. Pero también para estar prevenidos, no vaya a ser que la vida de un ser humano valga menos que la de un cocotero. Y eso ya sabemos a dónde conduce.
Publicado en El Correo, 31.1.09

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé si será cierto o falso, pero esto se dice de "ecocidio" en un periódico argentino de anteayer:

"El origen del neologismo ecocidio viene de los tiempos de Vietnam. Describe el impacto nefasto sobre el ambiente de los agentes biológicos y químicos utilizados en esa guerra. Así, el uso de desfoliantes como el "agente naranja", producido por la empresa Monsanto, destruyó bosques tropicales y contaminó los cursos de agua, causando daños irreversibles. Idéntica agresión sufrió el ecosistema vietnamita a causa del uso de otra arma química como el napalm. Pero hay otra guerra sórdida, esta vez contra la propia naturaleza, emprendida por algunos modelos de producción".

http://www.eldiadegualeguaychu.com.ar/portal/index.php/Opinion/index.php?option=com_content&task=view&id=40997&Itemid=245

maggie mae dijo...

Bueno, en primer lugar soy colombiana y la palabra ecocidio aquí no se ha oído tanto como dices. Francisco Santos, que es un imbécil de tiempo completo, no habla aquí, habla por fuera, en otros países como si fuera un embajador.
En segundo, no sólo los laboratorios de droga producen daños en el ambiente, lo hacen aún más las fumigaciones con glifosato que dañan todos los cultivos, no solo los de coca y amapola, sino los cultivos de los que la gente vive y come (yuca, papa, plátano, etc) y, en ocasiones, deja la tierra inservible para cualquier otro tipo de cultivo.
En tercer, en Colombia la opinión pública poco importa, es como una veleta cambia de acuerdo con lo que digan los medios de comunicación y para ser sincera los medios de comunicación rara vez mencionan los problemas ecológicos o ambientales que conlleva la producción de droga.
En cuarto, puede ser cierto que nos acostumbramos tanto a que maten gente (por sicarios, atentados de la guerrilla o de los paramilitares) que no nos conmueve poco, o tal vez nos parece normal o pensamos que si está muerto se lo haya merecido. Pero de ahí a que nos conmueva más el daño al medio ambiente que la muerte de un político (por poner un ejemplo) hay un trecho muy largo.
Perdón por la extensión, pero quería dejar claro esos punticos.