28 de febrero de 2007

Diseño, 2 - Ortografía, 0


- ¿Festiväl?

- Bueno, licencias de diseñador gráfico. Al fin y al cabo se trata de una diéresis, un signo de segunda división, algo sin importancia.

- Ya, pero, ¿y esa d., que ni siquiera tiene la coartada de la abreviatura?

- Cómo se ponen ustedes los puristas. Es el cartel de un festival de cine, no un examen de ortografía.

- No sé, no acabo de verlo...

- Lo que pasa es que usted es un rancio. ¿Pero no se ha enterado de quién es el diseñador? Nada menos que David Delfín.

- Haberlo dicho antes, hombre.

26 de febrero de 2007

PENA

El hecho de que los animalitos inspiren una profunda lástima a cualquier persona de bien no significa que los jueces estén facultados para condenar a nadie a sentir pena durante un periodo determinado. Otra cosa es que la dueña de los perros haya sido condenada no a 30 días de pena, sino a una pena de 30 días. Hay una diferencia.

(20minutos.es, 26.2.07)

PUNTO PELOTA


El «punto final» (no «punto y final», como se empeñan en decir los aquejados de conjuntivitis verbal) siempre ha servido como fórmula para las afirmaciones concluyentes, para cerrar discusiones o para quedarse con la última palabra: expresa el término o fin de algo. La tradición folclórica ofrece una variante del «punto final» que sirve en los casos en que alguien ironiza sobre la autoridad de lo dicho por otro: «Lo dijo Blas, punto redondo». En los textos clásicos leemos también «punto en boca», que viene a ser lo mismo pero con matiz imperativo: una orden para imponer el silencio allá donde ya no es necesario o conveniente alargar la conversación, o también la determinación voluntaria de callar por prudencia, respeto o miedo. Matices aparte, el «punto» indica el fin del discurso o de la oración, la señal de que no hay más que hablar, la decisión irrevocable de dar un tema por zanjado o de desentenderse de él. Por eso muchos hablantes emplean como remate de sus frases el sencillo «y punto»: «He dicho que no iré a la inauguración, y punto»: «sometieron el asunto a votación, quedó rechazado y punto». La novedad reciente es el añadido en aposición «pelota» que da lugar al «punto pelota» tan oído por doquier. Aunque con decir «y punto» basta y sobra, el giro debe de parecer demasiado lacónico, insuficiente para dar el énfasis preciso a la frase, desprovisto de la firmeza que sí le otorga esa «pelota» de incierto origen. Todo hace suponer que se refiere a la redondez del punto, y con ella a su valor metafórico de algo acabado, indiscutible, definitivo, y punto pelota.


(Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 21.2.07)

21 de febrero de 2007

PERFIL BAJO


«De perfil bajo» aplicado a personas viene a ser un eufemismo para referirse al mediocre, sin cualidades destacadas, que pasa inadvertido. «Uno del montón», diríamos. Se usa ya tanto que ha pasado a servir para muchas otras cosas que no siempre logramos entender. Al oír ayer que el PP anunció una representación «de perfil bajo» de su partido en la próxima manifestación convocada por la AVT, uno quedaba sumido en un mar de dudas. Por suerte el humor de Gallego y Rey ha venido a aclarar a qué se referían los ‘populares’.

(La viñeta, en El Mundo, 21.2.07)

20 de febrero de 2007

Insultar en siglas

NAF. Así llamó Manel Comas, entrenador del Caja San Fernando de baloncesto, a su pívot Demetrius Alexander. Eran las siglas de «negro, atlético, fraudulento», según aclaró el propio creador del nuevo término. Porque es lo que tienen las siglas: hasta que los oyentes no se familiarizan con ellas es necesario explicárselas para que las puedan identificar.

El baloncesto recurre con asiduidad a este procedimiento de creación léxica. A imitación tal vez del básquet estadounidense (la NBA), la liga española se hace llamar ACB (Asociación de clubes de baloncesto). También tres letras tienen otras siglas: el MVP (Most Valuable Player, es decir, «jugador más valioso» o «mejor jugador») y los nombres de las marcas patrocinadoras de algunos equipos: TAU, MMT, DKV. Pero ¿siglas de tres letras para injuriar? Habrá que esperar algún tiempo hasta saber si el sistema tiene futuro. Seguiremos atentos.

19 de febrero de 2007

BAÑO MARÍA


Suele decirse que las cartas de restaurantes finos cumplen una regla infalible: cuanto más largo es el nombre del plato, más elevado es su precio. El esnobismo gastronómico moderno ha ido más lejos, y no sólo sazona los menús con palabras innecesarias, sino que no para de echar neologismos a los pucheros. Por eso resulta asombroso ver que, entre tanta palabrería de nuevo cuño, aún perduran giros de apariencia castiza, propios de la cocina casera de nuestras abuelas, como es el caso de «el baño maría». Cocinar al baño maría es calentar algo en un recipiente que a su vez está introducido en otro más grande donde se pone a hervir un líquido, generalmente agua. El origen del epónimo («el baño de María») se pierde en la noche de los tiempos. Hay quienes identifican esa María con una supuesta hermana del bíblico Moisés, aficionada a los cocimientos, elixires y mejunjes, mientras que para otros se trata de otra María -«María la Judía»-, una alquimista legendaria de la que hablan los historiadores que se han ocupado de la materia. Lo que parece seguro es que el sintagma «balneum mariae», ya usado en latín tardío y del que proviene el castellano «baño maría», pasó de la alquimia a la cocina y no a la inversa. De hecho, aún hoy se emplea en la industria y en farmacia para referirse a la transmisión de calor en determinadas operaciones químicas. Tal vez eso explique su excepcional pervivencia en el léxico de esos cocineros -¿o habrá que decir «restauradores»?- que han convertido los fogones en laboratorios y las palabras de comer en una jerga enigmática.

Publicado en ‘Juego de palabras’ del suplemento cultural ‘Territorios’ de El Correo, 14.2.07.

15 de febrero de 2007

CORTAR EL BACALAO


De quien sobresale o impone su voluntad a los demás en un sitio o una actividad decimos que «corta el bacalao». Es una forma de reconocer su autoridad, su puesto privilegiado o sus dotes de mando. El que corta –o también «parte»- el bacalao no siempre es el situado en la escala de poder más alta, sino quien domina los resortes de un mecanismo social cualquiera y gracias a ello se convierte en elemento indispensable a donde acudir para alcanzar un favor o un enchufe. El que corta el bacalao es aquel a quien, con denominación más moderna, se conoce como «influyente» (abusivo empleo, por cierto, el de este adjetivo en nuestros tiempos), porque ya se sabe que «el que parte y reparte, se lleva la mejor parte». Pero ¿qué demonios tendrá que ver el suculento pez teleósteo con el mundo de las influencias? ¿Estaremos ante una de esas surrealistas y caprichosas fórmulas del habla coloquial carentes de explicación lógica, o hay algún fundamento en el modismo? Algunos lo relacionan con el papel del padre de familia de antaño, que en la mesa tenía la prerrogativa de repartir los alimentos y por tanto la de cortar el los trozos de bacalao correspondientes a cada comensal. Pero más fiable resulta otra versión que nos remite a ciertas prácticas menestrales. Para cortar el bacalao en los colmados y tiendas de ultramarinos se empleaba una cuchilla o tajadera de hoja afilada cuya manipulación sólo era autorizada a los empleados más diestros. Es decir, los de confianza, los influyentes, o, por decirlo en plata, los amos del cotarro.



(Publicado en 'Juego de palabras' del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 7.2.07).

12 de febrero de 2007

¿Deshecho?



Fea costumbre ésta de desechar el nombre desecho.

11 de febrero de 2007

Interrogante


Esta sí que es una buena pregunta: ¿Cómo puede haber respuestas sin contestar?
(Gracias a T., que lo leyó en Perú)

7 de febrero de 2007

SOLIDARIDAD


Solidaridad es «adhesión circunstancial a la causa de otros». No supone necesariamente una cualidad, puesto que tan solidario se puede ser con una causa destructiva, fanática o criminal como con otra noble, generosa y desinteresada. Si el portavoz de ERC en el Congreso se ha manifestado «solidario» con el etarra De Juana Chaos, ha hecho algo más que adoptar una postura humanitaria respecto de alguien que mantiene (voluntariamente) una huelga de hambre. Lo que ha declarado el portavoz del grupo catalán es que se identifica con la causa –es decir, con el objetivo y la intención- de un terrorista. Seguramente el señor Joan Tardà quiso decir otra cosa, pero dijo lo que dijo.

5 de febrero de 2007

*ZURCIR LA BADANA


Aunque poco usada, la locución «zurrar la badana» sigue manteniéndose viva. Tiene cierto encanto fonético, una singular expresividad que la hace agradable pese a su significado. Porque zurrar la badana es golpear a alguien concienzudamente, darle una buena paliza. Y «que les zurzan» equivale a «que se fastidien». Es evidente que la autora del texto quiso decir esto último. Pero se le cruzaron las frases y le salió una extraña combinación de fórmulas coloquiales. «Que les zurzan la badana», no deja de tener su gracia.


( La Voz de Galicia, 5.2.07)

4 de febrero de 2007

*COMBENIO


Esta es sólo una muestra de la sarta de disparates que Pez-diablo ha encontrado en un solo libro. Consuela descubrir que la decadencia del castellano escrito no empezó con la Logse, sino que viene de tiempo atrás. Y eso que entonces aún existían los correctores de pruebas.

3 de febrero de 2007

INSTITUCIONES


Últimamente los clubes de fútbol acostumbran a adjudicarse el título de «instituciones». Un presidente critica a sus jugadores más zánganos y levantiscos porque «están manchando el buen nombre de la institución». Al entrenador de otro equipo le preocupa que «los aficionados no apoyen a la institución». Puesto por escrito suele ser «la Institución», con mayúscula. O sea, como el Congreso de los Diputados, la Universidad Complutense o la Casa Real. Se trata, claro está, de un eufemismo. El universo del fútbol es insaciable. No contento con apropiarse de las emociones populares, con dominar las parrillas de televisión, con hacer de sus estrellas unos ídolos más venerados que el santoral al completo, pretende también hacerse dueño del idioma. Hasta hace poco las relaciones entre el lenguaje y el deporte del balompié se limitaban a unas cuantas aportaciones metafóricas de éste al registro coloquial, desde «estar en fuera de juego» hasta «casarse de penalti», desde «meter un gol» a alguien hasta «echar balones fuera». Ahora el fútbol trata de ennoblecerse llamando «instituciones» a los que antes eran sociedades, clubes, equipos o, más recientemente, «entidades». Pero una institución es un «organismo que desempeña una función de interés público, especialmente benéfico o docente». Aunque una malhadada ley de 1997 concediera a determinados encuentros deportivos el rango de «acontecimiento de interés general», de ahí no se deriva necesariamente que los clubes sean organizaciones fundamentales del Estado o cumplan funciones de interés público. O tal vez sí. Cualquiera sabe.


(Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 31.1.07)

2 de febrero de 2007

*BARITA


Las varitas mágicas llevan v, no se escriben con b. Y también llevan v las varitas de fresno con las que los maestros atizaban a los estudiantes cuando no se aprendían bien la lección de ortografía.


(Gracias a A.)

PERDIDA


«Una [llamada] perdida». Cosas que pasan cuando se abusa de la elipsis. Estupenda viñeta de Mauro Entrialgo.

31 de enero de 2007

CONFRONTACIÓN


Todo el mundo habla hoy de «confrontación» dándole a la palabra un sentido negativo que no tiene. No es sinónimo de oposición sistemática, ni de enfrentamiento, ni de riña. Ah, aquellos tiempos en que «confrontar» era «congeniar un persona con otra, tener entre sí cierta simpatía» (Diccionario de Autoridades, 1726).

30 de enero de 2007

*CONYUGUE


Por desgracia, *cónyugue es un error bastante común aunque inexplicable a estas alturas. Lo que ya no abunda es la doble falta de ortografía en la misma palabra: la u y la pérdida de la tilde. Y aquí, además, con el agravante de reincidencia en la misma noticia. Es decir,
que no se trata
de una simple errata.

Alguien dio un toque al periódico y al rato enmendaron
la metedura de pata.

Pero entretanto Aberron capturó la pieza en su redacción original y tuvo el detalle de hacérmela llegar. Copio y pego.

29 de enero de 2007

BOOM, *BUM

(Portada de La Voz de Galicia, 29.1.07)

Aunque se trate de un anglicismo, parece conveniente mantener la grafía boom ('auge') para no confundirla con los incómodos significados del inglés bum (1 y 2). Bien es verdad que el boom inmobiliario y urbanístico hace que mucha gente vaya de culo o que tenga que vivir como vagabundos. O que literalmente haga bum y explote.

Desahogos de cuneta


El surrealismo también reside al borde de la carretera. La imagen muestra algo parecido a un pez grande que se come al chico, un primer insulto en perfecta ortografía, y finalmente el amago de un conjuro feroz y castizo que se sale del cartel llevándose consigo un montón de preguntas. Mecabuen, dice. ¿Contra quiénes irá dirigida esta singular pieza artística? ¿Quién será el pez grande? ¿Quién el chico?


(Carretera N-111 de Soria a Logroño, desvío a Nalda)

28 de enero de 2007

LAPSUS *LINGUE


Si el presidente del Gobierno comete de vez en cuando algún lapsus linguae, es normal que también los cometan –lapsus cálami, y por partida doble- quienes informan del hecho. Cuestión de contagio.

27 de enero de 2007

Ni los más viejos del lugar


Con las primeras nieves salen de los armarios
- las bufandas
- las botas de monte
- las cadenas del coche
- y algún sintagma como «los más viejos del lugar», que parece que sólo se emplea como unidad de medida para calcular el espesor de las nevadas:



Aunque todo se moderniza. Pedro Piqueras, presentador de las Noticias de Tele5, ha hecho uso del giro con una variante socialmente más correcta: «una nevada que no recuerdan ni los más ancianos del lugar».


25 de enero de 2007

MONOLITO


Monolitos de piedra. Caramba.

Zapatero asegura



Zapatero asegura que «quizás» estamos ante la «fase final» del terrorismo de ETA. Extraño titular, pues entre el verbo asegurar y el adverbio quizás hay una cierta incompatibilidad semántica. Pero eso no parece importar demasiado al redactor ni al presidente, una de cuyas habilidades comunicativas consiste en transmitir intuiciones, corazonadas, pálpitos. El conductor del país sigue su hoja de ruta confiando en que el destino le conduzca a buen puerto, como en la «Oración del conductor» del poeta Carlos Murciano:



24 de enero de 2007

BURKINI


No deja de ser irónico que tomando como punto de partida la palabra «bikini» se haya creado otro nombre para designar una rara prenda de baño que cubre el cuerpo de la mujer del tobillo a la cabeza, cabello incluido. Su creadora, la australiana Aeda Zanetti, la ha llamado «burkini» (cruce de «burka» y «bikini»), pues está pensado para las mujeres musulmanas que acostumbran a ir por la calle sepultadas bajo ese siniestro vestido que llaman burka. No es la primera vez que «bikini» sirve para la creación de «palabras portmanteau» referidas a trajes de baño. Al tratarse de una prenda de dos piezas, muchos creyeron que la primera sílaba de «bikini» era un prefijo («bi», es decir: dos o doble) y de ahí sacaron «monokini» (bañador de una sola pieza) y hasta «trikini», éste supuestamente formado por tres elementos: los dos propios del bikini más otro que unía ambos por la parte delantera del cuerpo. Pero el vocablo «bikini» tuvo un origen bien distinto. Era el nombre del atolón del Océano Pacífico donde los Estados Unidos hicieron las primeras pruebas nucleares en los años 40. Alguien pensó tal vez que a un bañador entonces tan «explosivo» le venía bien un topónimo asociado con las bombas. Hasta tal punto hizo fortuna aquel bañador escueto, que no sólo se convirtió en la prenda más común en las playas, sino en un símbolo de libertad y de emancipación femenina. El burka impuesto a las mujeres por el ‘hiyab’ islámico es, por el contrario, un signo de siniestra opresión. Así que asociar el bikini con el burka constituye una especie de contradicción léxica y conceptual.

(Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 24.1.07)

22 de enero de 2007

PSICÓPATA


Los siempre delicados nombres de algunas profesiones...

(Encontrado en flickr por S.)

'GOOGLEAR'


Lejos estaba de imaginar el matemático Edward Kasner que pasaría a la historia no por las cifras, sino por las letras. No por los números, sino por haber inventado una palabra para poner nombre a un número: el 10 elevado a la centésima potencia o, lo que es lo mismo, el 1 seguido de 100 ceros. Lo llamó, allá por 1930, «gogol» (en inglés «googol»), inspirándose en un vocablo del habla infantil pronunciado por un sobrino suyo de corta edad. Pero la palabra iba a llegar mucho más lejos años después, cuando transformada en «google» pasó a convertirse en nombre de marca. La adoptaron los creadores del principal motor de búsqueda de la internet, por asociación entre el número y el gigantesco volumen de datos que maneja Google, el buscador más usado por los internautas. Es precisamente esta hegemonía la que ha dado lugar a otro neologismo: el verbo «googlear» (y sus variantes «guglear» y «goglear»). Por «googlear» se entiende la acción de buscar informaciones a través de Google, pero también se emplea, en sentido más amplio, cuando las pesquisas se hacen mediante otros buscadores. Es, por tanto, un caso más de término basado en un nombre comercial que acaba siendo aplicado a todos los productos –en este caso acciones- del mismo género aunque sean de distinta firma o marca. ¿Tiene sentido preguntarse sobre la oportunidad del vocablo? Habrá quien justifique su existencia, no sin argumentos convincentes. Pero, si los buscadores de la red no hacen otra cosa que buscar, ¿qué necesidad hay de otros verbos? «Buscar en Google» o «buscar» a secas sería suficiente.

(Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 17.1.07)

20 de enero de 2007

Si ellas lo dicen

«No vamos a utilizar todo ese vocabulario y frases hechas que utiliza la clase política» (Ainhoa Aznárez, miembro de Ahotsak y concejal del Partido Socialista en el Ayuntamiento de Pamplona. Declaraciones al Diario de Navarra, 20.1.07)


Se agradece la voluntad de expresarse con otro lenguaje. Tal vez eso es lo que ha impulsado a Ahotsak a emplear en su comunicado del 10 de enero enunciados y giros como los siguientes:

• seguir adelante con el trabajo iniciado y con los compromisos adquiridos
• la violencia estructural que se ejerce
• mostramos nuestra solidaridad
• consecuencia de un conflicto
• construir un proceso de paz
• una realidad de no violencia
• el Diálogo [sic] debe ser la base
• construir consensos políticos
• garantice el ejercicio de derechos y libertades


Así será, si ellas lo dicen. Ciertamente son expresiones originales, llenas de frescura, en los antípodas de la jerga usada por la «clase política».

PALABROFLEXIA


Los estados de violencia no sólo causan daños en las personas. Las bombas no sólo destruyen vidas y bienes. En todas las situaciones de sinrazón y barbarie hay otra víctima que pasa inadvertida: el lenguaje. Una sociedad sana es aquella en la que las palabras significan lo mismo para todo el mundo porque no han sido manoseadas, adulteradas, traídas y llevadas a trompicones por la sinrazón retórica de los usuarios. Es cierto que la política moderna ya nos tiene acostumbrados a las jergas y a las neolenguas en las que cada cual toma de los vocablos el significado que más le conviene. En eso consiste la polisemia, al fin y al cabo. Y para eso están los diccionarios y el fino oído de cada receptor. Dentro de unos límites razonables, el hablante común aprende a desenvolverse entre tanta bulla y sabe que palabras como «ciudadanía», «derechos» o «autoridad» denotan realidades ligeramente diferentes según quien las pronuncie. Pero cuando el ruido de las detonaciones sacude también al lenguaje, no se trata de un simple problema de interpretación. Es un delito de saqueo. La siniestra abertzale y la banda terrorista ya han dado todas las vueltas de turca imaginables a una expresión tan clara en apariencia como «alto el fuego», hasta tratar de hacernos creer que son sus propietarios. Se supone que eso les autoriza a trasladarla al absurdo adjudicándole el significado contrario: el alto el fuego sigue vigente, según ellos, después de haber matado y destruido. Humpty Dumpty no se habría atrevido a tanto. A partir de ahí ya no hay límites. Es posible llamar a cualquier cosa de cualquier modo. Un crimen puede ser un «accidente» y un documento legal en un «papelito». Basta con que alguien decida hacer una lista de palabras proscritas para que éstas ya queden inservibles. Pero por eso mismo, por no caer en las mismas vilezas que los terroristas y sus comparsas, sería bueno que nadie osara adueñarse de ningún término. ¿Por qué entonces palabras como «paz», «diálogo» o «libertad» han caído tan bajo que son subastadas en el mercado de los intereses partidistas y puestas a la altura de una pancarta? No creo que nadie pueda arrogarse la propiedad del término «diálogo», que si a alguien pertenece tendría que ser al viejo Platón. Si tuviera dudas sobre el significado de «paz», lo buscaría en Gandhi y no en unos politicuchos del tres al cuarto que han decidido condenarla al silencio. Tampoco me explico que después de Éluard y de Moustaki haya quien se atreva a apropiarse de «libertad». El peor efecto colateral de las bombas, después de las vidas humanas, son las palabras que dejan sepultadas entre escombros y las que, botín de guerra, acaban expoliadas por los amigos de la palabroflexia.


Publicado en El Correo, 13.1.07, y en El Norte de Castilla, 14.1.07.
(Imagen: William Hogarth, La visita del charlatán, 1743)

Vuelta a las andadas

«Volver a las andadas» es reincidir en un mal hábito que ya se había abandonado. Pero éste no quedó aplazado por nocivo, sino porque otros asuntos más vitales reclamaban la atención del caminante, que ahora vuelve a emprender el camino. Gracias a los que se han interesado, perdón por la pausa y adelante con los faroles.

7 de enero de 2007

DÍADA


Una díada es una pareja de cosas vinculadas entre sí. No existe la *díada de Reyes, salvo en el juego del mus: pero entonces es mejor decir «pares». Y tampoco sirve la excusa del falso amigo catalán, porque en la lengua de Verdaguer «diada» (día señalado en que se celebra una fiesta popular o solemne) se escribe sin tilde.

(La noticia, publicada en El País del 7 de enero de 2007, informa de la concesión del premio Nadal el día de Reyes a F. Benítez Reyes por una novela donde se narra el robo de las reliquias de los Reyes). Eso sería una tríada.

4 de enero de 2007

AGUINALDO


Uno de los vocablos más navideños de nuestro léxico es «aguinaldo»: regalo que se da en la Navidad o a final del año en diversas formas, desde la colación de Nochebuena hasta una retribución extraordinaria o una cesta de turrones. Aunque casi ha desaparecido del uso común, la pervivencia de la palabra queda asegurada al menos por cierto tiempo gracias a la letra de algunos villancicos. Poco se sabe del origen de «aguinaldo», si bien el término ya está documentado en textos del siglo XV y entra en la literatura a través de algunos romances tardíos («Día era de los Reyes, / día era señalado, / cuando dueñas y doncellas / al rey piden aguinaldo», reza el de Doña Jimena, incluido en el Cancionero de Amberes de 1550). Covarrubias creyó que las raíces de «aguinaldo» estaban en el árabe «guineldun» (regalar) o en la supuesta voz griega «gininaldo» (agasajar a alguien en su nacimiento). Pero es más probable la procedencia latina, a partir de la locución adverbial «hoc in anno» (en este año). Durante varios siglos «aguinaldo» convivió con «aguilando», que todavía se puede oír en algunas regiones españolas y que probablemente fue la voz primera, deformada después por metátesis en «aguinaldo». En el español de América se mantiene más viva que en España, pero no tanto es su acepción de ‘regalo’ como en el sentido de ‘retribución económica’. De hecho, el concepto de aguinaldo está incluido en muchos convenios laborales, en equivalencia a lo que a este lado del Atlántico se conoce como «paga extraordinaria».

(Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 3.1.07)

3 de enero de 2007

EFECTIVOS


El nombre plural «efectivos» significa ‘totalidad de las fuerzas militares o similares que se encuentran bajo un solo mando’. Cuando leemos, pues, que «efectivos de la Cruz Roja prestan ayuda humanitaria en conflictos bélicos» deberíamos entender que esos efectivos no son sólo las personas, sino los vehículos, los aparatos y los recursos movilizados en cada caso. Sin embargo el uso del vocablo ha ido convirtiendo en normal lo incorrecto. De hecho, el término ya no conoce otro empleo que el erróneo: como sinónimo de ‘policías’, ‘soldados’, ‘combatientes’, ‘voluntarios’, etc. Los lingüistas han advertido hasta la saciedad no sólo de que se trata de un anglicismo innecesario, sino también de que no puede ser usado como sustantivo contable y de que sólo admite la forma en plural. No es posible decir que «un efectivo de la Guardia Civil de paisano detuvo al atracador». No está bien escribir que «una veintena de efectivos trabajarán en el cuartel» ni que «trescientos efectivos de la policía reforzarán la seguridad del aeropuerto». Pero la práctica ya se ha impuesto sobre la norma sin vuelta de hoja, y lo que hasta hace poco nos hería los oídos empieza a parecernos la cosa más natural del mundo. Aunque los libros de estilo sigan recomendando evitarlo, cualquier lector de periódicos u oyente de emisoras sabe que el nombre «efectivo» designa hoy a las personas que desempeñan su actividad en determinados ámbitos, empleos o cuerpos. En materia de idioma, contra los hechos consumados no tiene sentido movilizar inútilmente los «efectivos» de la Academia.

(Publicado en 'Juego de Palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 27 12.06)

Poner de su parte


Poner quinientos kilos de explosivo es, en efecto, mucho poner. Semejante cantidad le daría toda la razón a este sujeto si no fuera porque el significado real de la locución poner de su parte es otro: 'Colaborar algo, poner interés, poner los medios que están de su parte para alcanzar un fin'.

26 de diciembre de 2006

FLECOS


En toda negociación suele haber una letra pequeña, unos detalles menores, unos asuntos laterales que se dejan para última hora y que a veces, alcanzado el acuerdo en lo principal, alargan más de lo debido la aprobación o la firma del contrato. Son lo que se ha dado en llamar los «flecos». Fleco es el adorno formado por unos hilos anudados artísticamente en el borde de ciertas telas o de algunas prendas, pero también el deshilachado producido por el desgaste en una ropa, una alfombra, un trapo cualquiera. Es esta última acepción de la palabra la que da sentido a su uso metafórico como «acuerdos pendientes»: unas incómodas pejigueras que hay que eliminar para dejar la obra bien acabada. Donde el empleo de «flecos» pierde algo de su coherencia es al aplicarle determinados verbos. Que «queden flecos» no sólo se entiende bien, sino que resulta lógico y correcto. Ahora bien, cuando los asuntos son resueltos definitivamente, ¿por qué es costumbre ya tópica decir que se «han cerrado» los flecos? Los flecos pueden «cortarse», «atarse» o «anudarse»: cualquiera de estos verbos redondearía bien la metáfora. Pero nunca se pueden «cerrar», porque no son cajas ni puertas. Si nos mantenemos en el plano léxico de los «acuerdos» o de los «asuntos» pendientes, a su solución final le encaja perfectamente el verbo «cerrar». Pero si preferimos quedarnos en el plano de lo figurado y hablar de «flecos», no hay cierres que valgan. Y lo mismo podría decirse de «aclarar los flecos», «resolver los flecos» y otras fórmulas similares. Cuestión de congruencia metafórica.

(Publicado en Juego de Palabras, del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 21.12.06)

25 de diciembre de 2006

Feliz Navidad Sostenible


Feliz Navidad sostenible.
Es decir, que el árbol se les mantenga en pie. Bien sostenido, al menos hasta pasado el día de Reyes. De Reyes sostenibles, naturalmente.

19 de diciembre de 2006

VAMPIROS


Lo han contado en la radio. Ocurre que a los jugadores del Villarreal les han visitado los médicos federativos para someterlos a un control antidopaje. Y el periodista de la SER que daba la noticia se ha referido a los galenos como «vampiros». La expresión ya es de uso común. Se les empezó a llamar así cuando, en el Tour de Francia, entraban por sorpresa en las habitaciones de los ciclistas al punto de la mañana. El símil de los vampiros estaba doblemente justificado: les extraían sangre y lo hacían sin muchas contemplaciones. Pero tengo entendido que en el fútbol los controles son mucho menos traumáticos. Un frasquito de pis y asunto concluido. Hay motivos para dudar del acierto metafórico de «vampiros» cuando no hay sangre por medio, sino sólo orina. Al lado de los análisis a los que se somete a los ciclistas, éstos de los futbolistas son unos controles de chicha y nabo —dicho sea sin dobles sentidos—.

*HAVANICO


En lugar de escoger «éventail», con la palabra francesa, esta diseñadora de abanicos ha sucumbido al exotismo de lo español panderetero poniendo a su marca un nombre en castellano. «L’éventail est mort; El Havanico est né», afirma en la Présentation de su tenderete. Pero el nombre de marca ha nacido con dos licencias ortográficas que no parecen debidas a la voluntad de estilo: El Havanico. Con un par. De errores, el par: la hache inicial y la uve intermedia. Uno había visto *avanicos y *habanicos, pero nunca esto.

18 de diciembre de 2006

*APALIZAR


El verbo apalizar lleva años tratando de hacerse sitio en nuestro léxico. Aparte de su empleo hiperbólico en el lenguaje deportivo (con el significado de 'vencer abultadamente'), tiende a usarse en un sentido más literal ('dar una paliza', 'golpear con insistencia y saña'). Es así como lo aplica el periódico en esta noticia. Será que ya no basta con términos como apalear o vapulear. La violencia, pan nuestro de cada día, amplía su radio de acción y en justa correspondencia el idioma busca nuevas palabras para describir sus variadas modalidades.

17 de diciembre de 2006

Céntimos de céntimos

Verdaderamente los avicultores tienen motivos para la queja. Si hace 12 años cobraban 0,34 euros por un pollo y ahora les pagan 0,0024 euros (a eso equivalen 0,24 céntimos) por lo mismo, los precios en origen han caído una barbaridad. Las comas y los decimales juegan a veces malas pasadas.
(La Voz de Galicia, 17.12.06)

13 de diciembre de 2006

Medios de transporte


Los medios de transporte siempre han sido una rica fuente de inspiración para el lenguaje político. Pero ahora producen símiles y metáforas sin tasa, como ha observado en su bitácora el siempre perspicaz Santiago González.

12 de diciembre de 2006

"AVE RARIS"


(Córdoba, 3 de diciembre de 2006)

No pudo ser. Rafael Lozano El Balita cayó ante Brahim Asloum en la disputa del título mundial del peso minimosca. La sentida crónica del periodista narra los pormenores de la pelea a la vez que traza el perfil humano del púgil andaluz, a quien califica de «ave raris» en el mundo del boxeo.

Al cronista le puede el paisanaje. Es comprensible. Lo que no está bien es que aproveche que el Guadalquivir pasa por Córdoba para rendir homenaje subliminal a aquel otro prócer cordobés de infausto recuerdo, difusor de la consigna «Menos latín y más deporte».

Puestos a hacer país, podría haber tomado ejemplo de Séneca, todo un peso pesado tan cordobés o más que todos ellos, quien nunca habría escrito «ave raris» sino «rara avis».

11 de diciembre de 2006

Ex Pinochet


El periódico escribe ex dictador, pero mandatario (sin ex). Quizá quiere decir que había dejado de dictar pero aún seguía mandando.

4 de diciembre de 2006

Tramperos de Connecticut


Lo tiene claro el hispanohablante que vaya al paro en Connecticut. He aquí una guía tan detallada como idiomáticamente diabólica para acabar, aparte de parado, desquiciado. Pero la portada del documento ya lo advierte de antemano: «Usted es responsable de entender la información en este folleto».

¿Se referirían a esto Monzón y el Reverendo cuando cantaban a los tramperos de Connecticut?

PATENTE DE *CORZO


De ser ciertas las acusaciones, debe de haber bastantes corzos en Chimbote. Pero el cura Bambarén sería en todo caso el corso.

Insaciables


(Encontrado en Malaprensa).

Córdoba, lejana y sola


Para conseguir la capitalidad cultural europea a diez años vista hay que empezar con pasos cortos pero firmes. Eso ha hecho Rosa Aguilar, alcaldesa cordobesa, quien ha colgado en la página de su Ayuntamiento este cuidado escrito de invitación para cuantos quieran adherirse ―Join Now― a la noble causa. A Góngora no le habría agradado mucho, pero en descargo de la alcaldesa ―o de su amanuense― hay que decir que diez años dan tiempo suficiente para mejorar el uso de las preposiciones, aprender qué es la consecutio temporum gramatical y despojar la prosa de tópicos molestos al oído. Ánimo.

2 de diciembre de 2006

TENDENCIAS


El observador atento se habrá percatado de la tendencia que empieza a adquirir el sustantivo «tendencia» en determinados ámbitos. Se ha convertido ya en un sinónimo de «moda». Si nos hablan de las «tendencias en el vestir» no se refieren a los diferentes estilos y gustos de ropa, antiguos o actuales, juveniles o clásicos, sino exclusivamente a lo que imponen las grandes firmas y las pasarelas de cada temporada.

Sin embargo «tender» es inclinarse o propender en una dirección. Hay tendencias rabiosamente vanguardistas igual que las hay retardatarias; por eso, «tendencia» carece de significado por sí misma y precisa de un complemento indicativo del punto hacia donde se mira («ese músico tiene tendencia al folclore celta») o de un adjetivo que precise esa orientación («tendencias asesinas», «tendencia conservadora»).

Este nuevo empleo de «tendencia» a secas como equivalente de «moda», de «lo que se lleva» (o, por ser más precisos, de «lo que se va a llevar») ha cuajado no sólo en ámbitos del consumo y de la publicidad, sino en la misma prensa: muchos periódicos incluyen ya secciones con el título de «Tendencias» dirigidas sólo a los jóvenes, a quienes informan de lo más «cool» del momento. Aunque en cualquier campo del gusto o de la opinión las tendencias puedan ser innumerables, la tendencia por antonomasia empieza a ser sólo la que apunta a lo moderno. Entretanto, «moda» va quedando desplazada como palabra subalterna («tendencias de moda») cuando no anticuada. A este paso, el uso tendencioso de «tendencia» acabará por hacerla desaparecer.

(Publicado en 'Juego de palabras', del suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 29.11.06).

1 de diciembre de 2006

*MISERABILIDAD


(Portada del Diario de Sevilla, 30.11.06)

Miserabilidad no existe, aunque lo diga un presidente autonómico. Bastaría decir miseria.